Hört der Regen auf Strasse zu füllen

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Ataúdes en movimiento

Los venezolanos, en especial los que viven en Caracas y sus alrededores, viven diariamente lo más cercano que se puede estar a una tortura al estilo Pérez Jimenista o a lo preso cubano. Lo acepto, exagero un poco, pero todo indica que hay que exagerar en este país para que la gente caiga en cuenta del verdadero acontecer al que nos enfrentamos día tras día y dejen de estar sometidos a esa apatía social y política que nos está haciendo tanto daño.

Este viernes fui a la universidad con carro así que me salvé de la odisea que tuvieron que vivir todos los caraqueños el día de ayer con el famoso Metro de Caracas. Algo escuché decirle a una compañera de clase, de que había problemas en el servicio subterráneo, pero como es común que siempre tenga problemas, no le presté mucha atención a lo que me contaba.

Cuando compré hoy el periódico me enteró que metieron a 33 personas en la cárcel porque protestaron en la estación Propatria y ocasionaron “Severos retrasos” en la línea uno. Leyendo el artículo, descubrí que todas esas personas que protestaban- unas trescientas que esperaban pacientemente en el andén- llevaban allí más de media hora a la espera de que algún vagón llegara y los trasladase a su lugar de destino. Cuando por fin llega el metro, el operador dice por los parlantes que ese vagón no está prestando servicio comercial debido a que sería trasladado al taller por fallas mecánicas.

Los usuarios, en su desespero, decidieron no abandonar el tren y comenzaron a corear consignas en contra del servicio paupérrimo que presta el Metro de Caracas. Hartos del retraso, de los vagones sin aire acondicionado, de las colas inverosímiles y del sorprendente aumento de los delitos dentro de las estaciones, decidieron quedarse allí, protestando, peleando por sus derechos, exigiendo soluciones, buscando un mejor servicio público; en fin, se quedaron allí por sus derechos y haciendo uso de lo más hermoso que tiene una democracia: La libertad de expresión.

Nada los acobardó, ni siquiera las armas de los policías, y se quedaron allí hasta que “Las autoridades” amenazaron y comenzaron a llevarse a los usuarios presos por “secuestro a los trenes” y sabrá Dios que estupidez más.

Me indignó leer la noticia, y me entristecí aún más cuando observé que los diputados chavista dijeron que toda esa protesta fue “premeditada y organizada” por los partidos políticos de oposición. ¡Si señor! Aunque usted no lo crea esa fue la excusa que dieron los abyectos al gobierno para justificar la protesta ciudadana, que valientemente hicieron muchos caraqueños el día de ayer hartos de que se burlen de ellos y les digan que aquí todo está bien.

A pesar de mi indignación, cuando vi las fotos que distintos medios tomaron ayer a la protesta, sentí orgullo. Sentí orgullo porque al verles las caras airadas y furibundas a los protestantes vi a una Venezuela activa, a una Venezuela que siente, que sufre, que llora y que se preocupa. Cuando vi las imágenes, vi a un pueblo despierto que grita y que no deja que se le pisotee.

Me imagino que nuestro presidente y sus lacayos verán que el país está perfecto, pero ¿Cómo no verlo así? Tenemos que ponernos en sus zapatos. Ellos están en Miraflores, con aire acondicionado, en una buena silla, con una excelente asistenta y una mujer de uniforme que les lleva lo que quieren cada vez que lo desean. ¿Se entiende ahora por qué se ve todo tan bien desde Miraflores?

A veces las cosas las cosas terminan así, unos viajan en avión a no sé qué parte de Europa y África a firmar no sé qué tratados, y otros nos quedamos aquí, aguantando empujones en el transporte público, rezando para que no nos saquen la cartera del bolsillo y a la espera de que en el próximo vagón que nos montemos haya aire acondicionado y no se vaya la luz, porque nos quedaremos atrapados a la mitad de un túnel , en un calor infernal y preguntándonos si esto es un medio de transporte o simplemente un ataúd que se mueve.

Al paso que vamos, no sabremos diferenciarlos.

Pronto nos veremos…