Hört der Regen auf Strasse zu füllen

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La fama, el tiempo y sus consecuencias

Es increíble el inminente paso del tiempo. Hace unos meses todos nos enloquecíamos por el inicio del Mundial, y ahora vemos tan de cerca la próxima Copa América que ya parece distante aquel momento cuando los españoles levantaron el trofeo y se consagraron los campeones del mundo.

El tiempo es así, pasa con rapidez por la vida de todos y eventualmente no nos permite recordar cosas maravillosas; pero, caprichosamente, su transitar a veces no nos hace olvidar aquellos momentos que no vemos con alegría. Por suerte, el tiempo no ha borrado de mi memoria- y espero que no borré jamás- aquel 27 de marzo cuando cumplí doce años y mi papá me regaló mi primera e inolvidable camisa del Inter de Milán; desde aquel lejano día, mi padre me unió sentimentalmente al club que me ha brindado tantas alegrías inolvidables, y al cual que me sentiré eternamente agradecido.

Esta anécdota de mi vida me hace recordar de alguna manera lo que es la situación actual de nuestra selección nacional: La Vinotinto. Hace pocos días nos enfrentamos a nuestro similar de México. El partido fue bastante disputado y los mexicanos no lograron hacerse con la victoria en su casa. La prensa mexicana veía el partido como un encuentro de poca importancia y no le dan mérito al desarrollo que ha tenido nuestro fútbol en los últimos años; pero eso es saco de otro costal, aquí lo importante es otra cosa. Con dos golazos de gran factura, Arango le aguó la fiesta a los aztecas y nuestra Vinotinto rasguñó el empate en un partido donde el segundo tiempo fue un monólogo mexicano.

Nuestro jugador más conocido a nivel internacional se despachó con dos goles que no dejan de asombrarme, y gracias a ello, se llevó los honores del partido. Seguramente, la hinchada se quedó tranquila y disfrutó del fútbol de nuestro mejor jugador; todos, excepto yo. Hace ya bastante tiempo estoy poniendo en tela de juicio la real importancia que tiene Arango en la Selección Nacional. No discuto su calidad, pero sí pongo bajo sospecha su verdadero compromiso con el país.

Las eliminatorias pasadas, Arango contó con el apoyo del país y del cuerpo técnico; salvo su gran partido contra Colombia, su gol contra chile- fue lo único que hizo en ese partido-, y una que otra pincelada de buen fútbol, en el resto de la eliminatoria, su rendimiento fue bastante pobre; tanto así, que muchos hinchas y periodistas levantaron la voz exigiéndole explicaciones al jugador del porqué de su mal rendimiento en la Selección Nacional y de su gran momento en Europa.

Yo tengo una teoría bastante simple y muy corriente. Yo creo que a mi amigo Arango le está sucediendo lo que le pasa a muchos jugadores: sabe que el dinero lo tiene en Europa-en su club- y no puede venir a poner pierna dura en la Selección porque sabe que a nivel económico no es mucho lo que el seleccionado le puede ofrecer; si nos vamos a términos futboleros, Arango sufre de algo llamado “Un jugador pecho frío” o en términos argentinos “Vende humo”.

Sé que al hacer esta crítica a un jugador de la envergadura de Arango- quizás el mejor jugador de nuestro fútbol en toda la historia- las tablas se me pueden venir encima, pero mi reflexión la hago de la manera más responsable del mundo.

Está claro que no es lo mismo jugar en la selección que en un club. En un equipo se entrena todo los días con los mismos jugadores y hay un trabajo continuo y a largo plazo; la selección es otra cosa. Pero insisto, cuando un jugador se enfunda la camisa de la selección de su país, la entrega, la garra y la lucha en la cancha se nota, independientemente de su funcionamiento futbolístico. Y esa garra y esa lucha ya no se la veo a un Arango apagado y apático al juego de nuestra selección. Ese temperamento y esa personalidad desaparecieron en la última eliminatoria, y mucho me temo que no volverá.

Así como el tiempo pasa e igual sigo recordando aquella hermosa camisa que mi padre me regalo siete años atrás, también pienso que este país sigue recordando a ese Arango de la eliminatoria de 2002 y 2006, y se niega a observar a este jugador desconocido que camina la cancha sin presencia, que a veces nos regala golazos maravillosos como los que vimos contra México hace algunos días, pero poco más.

No sé si ustedes se conforman con este Arango de golazos eventuales y de poca entrega, pero al mirar su rendimiento en la Bundesliga, no me cabe la menor duda que este jugador puede dar más por nuestra selección, pero no lo hace; está dando la impresión de “Estarse quedando con el vuelto”- como se diría en la jerga futbolera- y eso, particularmente, no me gusta. Los favoritismos en la cancha crean rencillas en el grupo y pueden ocasionar problemas futuros entre jugadores y Cuerpo Técnico.

La Copa América se avecina sin pausas y el reto mundialista no está muy lejos. Los venezolanos soñamos y nos esperanzamos con nuestra selección, y esperamos buenos papeles en cada una de las competiciones; sólo advierto que no se les haga extraño que aquel Arango que les regaló dos obras de artes en la cancha de la Ciudad de Juárez, se evaporé en los próximos compromisos de la Selección Nacional, y cuando hayan transcurrido los noventa minutos de cada encuentro, se hagan las mismas preguntas que siempre me hago yo ¿Y Arango? ¿Jugó?

Pronto veremos…