Hört der Regen auf Strasse zu füllen

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Gardel ya no se escucha

La televisión transmite uno de los partidos más emocionantes y espectaculares del fútbol mundial: River vs Boca; ESPN es el encargado de brindarnos esa alegría y regalarnos la oportunidad de que nuestros ojos se posen en aquellos uniformes llenos de historia y triunfos espectaculares que retumban en nuestra memoria y nos hacen sentir cada día más enamorados de este hermoso deporte.

El escenario es el Monumental de Ríver. Un estadio enorme que alberga a una hinchada con un corazón aún más grande que la capacidad de su recinto. El césped de aquella hermosa cancha tiene el privilegio de haber sido pisada por grandes jugadores de la historia del fútbol suramericano, y ella sabe que fue y es respetada por todos los que hozaron alguna vez festejar una victoria en su territorio; por eso no deja nunca de sentirse orgullosa del club al que representa y jamás recibe con cariño a ningún equipo que no sea al de sus amores: Ríver.

Este domingo no fue la excepción, en la tarde noche argentina salieron al terreno de juego los más grandes de la historia del fútbol del país del sur: Ríver en su clásica camisa blanca con su línea diagonal roja en el pecho y Boca con su famoso azul y oro.

El estadio a reventar y los cánticos pintorescos fueron los encargados de terminar de sazonar el clásico y de entregarnos a nuestro anhelo de goles y buen fútbol; pero nada puedo haber estado más lejos de la realidad.

En un partido aburrido, mal jugado, lleno de pelotazos, con poca precisión en los pases y yendo en contra de los cánones del fútbol, Ríver se llevaría la victoria tras un tiro de esquina y un cabezazo furibundo a contra pique en donde el balón se incrustaría con rebeldía y decisión en el palo derecho del arquero. El vuelo inútil del guardameta no serviría de nada y el monumental explotaría de alegría y los abrazos de la hinchada y los besos al escudo del equipo de sus amores no se harían esperar. Hermosa alegría que sólo algo tan lindo como el fútbol provoca y nos satisface.

Aparte de este sentimiento lindísimo que genera un gol, con pesadez digo que no paso absolutamente más nada en el resto del compromiso. Pero el fútbol es así, no siempre nos brinda buen juego, pero con toda la responsabilidad del caso digo que por entrega, garra, lucha y corazón, Ríver es un digno vencedor del Súper Clásico argentino. Cuando las cosas no están saliendo bien, la personalidad de los jugadores se hace más necesaria que nunca, y así fue como el equipo millonario se alzó con la victoria.

Dejando de lado las pasiones que generan encuentros como éste, la preocupación acerca de la calidad del fútbol argentino sigue latente. ¿Qué pasa con el fútbol gaucho que cada día es menos protagonista? ¿Qué pasa con los grandes clubes de este país que se encuentran en la baja tabla? ¿Qué se está haciendo mal? ¿Por qué los últimos fracasos mundialistas? Este último Súper Clásico resumió en la cancha todas estas interrogantes.

Antes, los argentinos jugaban al fútbol como bailaban al tango: estudiaban a su pareja, se le acercaban con dulzura, el roce de sus cuerpos era armónico y sutil, los movimientos se hacían con gracia y perfección y la voz de Gardel era la encargada de poner el ritmo a tan preparado acto. Hace ya algunos torneos que los futbolistas no tratan con igual cariño a la pelota y lo que vemos sobre el terreno de juego es un baile tosco, rústico, sin gracia y muy improvisado (Algo casi tan vulgar y deprimente como bailar al reggaetón). Todo parece indicar que la voz de Gardel se ha acallado en los terrenos de juego del país sureño y que lo que ahora reina es el maltrato en contra de lo único que nos da alegría a los que queremos este juego: la pelota.

¿Qué pasa con la belleza del fútbol argentino desde hace unos años para acá? Difícil encontrar una respuesta.

Pronto nos veremos…