Hört der Regen auf Strasse zu füllen

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El incitador a la muerte

Creo que soy víctima de un espía. Siempre he sido un hombre bastante pesimista con respecto a la acogida que podría tener mi blog en todos mis amigos. Lastimosamente, no me faltó razón; son muy pocos los que me leen, y peor aún, los que comparten mi opinión. Pero como soy un demócrata a raja tabla acepto con resignación la negativa de mis allegados a leer mis artículos y mis opiniones.

Pensé que estos escritos plagados de crítica social, de odio al comunismo y al socialismo pasarían desapercibidos para los chavistas (o los come flores, como los cataloga uno de los profesores con el que he tenido el honor de ver clase), pero no fue así. Hace ya unos cuantos meses he tenido la sensación de estar en la Alemania Nazi y ser un judío perseguido por la SS o la Gestapo.

Como es lógico, el periodo Nazi, por suerte, desapareció hace ya más de cincuenta años y no es Hitler o el Tercer Reich el que me busca para darme caza y acallar mi verbo rebelde, sino que creo que hay un infiltrado chavista en mi urbanización y soy yo la víctima de su espionaje.

Ya sé qué pensarán que todo lo que estoy diciendo es algo inverosímil y que he visto muchos documentales de la Segunda Guerra Mundial o de la Rusia de Stalin, pero les aseguro que estoy en mis cabales. Acepto que hace poco terminé de leer un libro de Jhon Katzenbach llamado La Sombra, que trata sobre un asesino Nazi que va por el mundo matando judíos que sobrevivieron al Holocausto; pero ni los documentales ni el libro de este buen escritor han nublado en ningún momento mi buen juicio.

Ahora bien, ustedes se preguntarán por qué creo que estoy siendo vigilado; pues bien, he aquí la respuesta:Hace ya unos tres o cuatro años que se mudó una familia muy cerca de mi casa. Eran unos vecinos que pasaban desapercibidos y casi ni se hacían notar (Conducta sospechosa). Como siempre he dejado claro mi postura política a todos mis allegados- y en algunos casos he vociferado desde el patio de mi casa obscenidades y críticas al régimen antidemocrático de turno- tengo la sospecha de que mi vecino se ha hecho fácilmente con la información referente a mi ideología política y se la hizo saber a los chavistas de más alto rango.

Como buen lacayo, me imagino que le habrán dado órdenes para que me siguiera espiando y averiguara lo más posible sobre mi persona, y si era posible, hacerme cambiar de postura o, en el peor de los casos, torturarme de la peor manera posible. Como nunca he tenido mayor contacto con dicho vecino, me imagino que se le habrá hecho imposible averiguar mayor cosa de mí, y peor para él, no había logrado hallar la manera apropiada de torturarme y acabar con mis neuronas.

Al comienzo improvisó. Como siempre me burló públicamente de la música que escuchan los “Tukis”, pienso que este joven espía me habrá escuchado decirlo alguna vez, y hace poco menos de un año comenzó a poner a todo volumen, desde su casa, su Salsa Tuki y rastrera- sí, ésa que se baila en una baldosa. Por supuesto que no me gustó, pero al fin y al cabo no tengo nada en contra de la Salsa- pero de la de verdad- y se me hizo medianamente viable soportar ese sonido proveniente del hogar de mi posible espía.

Para contrarrestar esta Salsa palurda, descargué unos cuantos cedes de Jazz, el último disco de Tote King y unos cuantos cantantes de siempre. Ellos lograron, por medio de su música, hacer viable mi existencia. Pues eso duró poco, y en ese momento no tenía ni la más remota idea de que era solo el comienzo de una tortura que ni los agentes de la Seguridad Nacional habrían sido capaces de llevar a cabo.

Desde que cree este Blog e hice más público que nunca mi crítica a este gobierno y al bufón de circo medieval que tenemos como Presidente de la República, las cosas empezaron a empeorar. Haciendo uso de las redes sociales comencé a hacer, poco a poco, que mi blog fuese decentemente conocido y que fuera leído con regularidad por un puñado de amigos fieles.

Como las redes sociales son siempre un arma de doble filo, seguramente a mi vecino no se le habrá hecho muy difícil conseguir el link y leer de primera mano la interpretación y las conclusiones que expreso en cada uno de mis artículos con respecto a nuestra sociedad. Sin darme cuenta, le facilité información veraz con la que me podría hacer daño, y de hecho, lo hizo y lo está haciendo.

Como soy un esperanzado en la racionalidad humana- ¡Vaya utopía a la que me he esperanzado!- desde mi blog he criticado duramente a eso que supuestamente es música y que se escucha sin cesar por todas las calles y casas de nuestro país: El Reggaetón. Aunque mi profesor de Sociología me haya dicho que este engendro “musical” es cultura, pues les dejo bastante claro que este bodrio que la mayoría de ustedes escucha no es cultura para mí, no lo aceptaría ni siquiera si el mejor sociólogo del mundo viene hasta mi universidad y me lo comprueba con las mil y unas teorías.

Teniendo material veraz en sus manos, este vecino-espía, de un tiempo para acá, ha comenzado a contaminar el ambiente con la más variada cantidad de cantantes de este “género” y me ha puesto a prueba con hasta más de seis o siete horas de esta basura musical diariamente. Por suerte, en estos meses de sufrimiento ha habido días de descanso donde logro reagrupar y hacer funcional nuevamente las neuronas perjudicadas por ese estruendo que algunos valientes- yo diría imbéciles- catalogan como “música”.

Así es, este posible espía chavista ha conseguido la forma de torturarme, sin clemencia alguna, durante varios meses; pero no fue hasta hace una semana que declaré mi cerebro en estado vegetativo o en coma. Aprovechando las vacaciones navideñas, mi gran vecino ha hecho gala, mejor que nunca, de su capacidad insuperable para joderme la vida y destruir mis neuronas sin compasión.

Como protagonista de algún capítulo de los Expedientes secretos X me he sentido una víctima en una prueba de radiación secreta financiada por la CIA y el gobierno norteamericano. Ha sido una semana entera en la que he sido martirizado diariamente con eso que llaman Reggaetón y siento que estoy perdiendo la guerra contra mi vecino, que estoy casi seguro, es un infiltrado radical del PSUV.

La buena noticia es ésta: Mis opiniones pro capitalistas, neo liberales y defensoras a ultranza de la propiedad privada, no pasan desapercibidas por el gobierno y me alegra saber que mis escritos les jode la paciencia y que me consideren tan importante como para mantenerme vigilado y torturado constantemente. Al parecer, me he equivocado un poco y mi blog no es tan misérrimo a lo que se refiere a visitas de lectores ¡Los chavistas me leen, coño!

La mala noticia es que siento cada día más cerca mi fin; no sé hasta cuándo podré seguir soportando las constantes exposiciones a ese contaminante auditivo de mi vecino. Ni la trompeta exquisita de Louis Amstrong, el piano de Theloniuos Monk o la poesía de Mario Benedetti han logrado generar alguna reacción positiva en mis neuronas. Por eso, he corrido hasta mi computadora y con las pocas que siguen funcionando he podido crear este texto donde narro mis penas y dejo para la posteridad la cruel tortura a la que fui sometido por un espía de este régimen autoritario, perverso y antidemocrático.

Vecino, sé que leerás este artículo; te invito a que dejes nuestras diferencias políticas de lado y apeles a tu lado humano y pienses si de verdad podrás vivir sabiendo que me volví loco y que me hiciste la vida miserable con tu basura de música; o peor aún, te advierto que en una de las gavetas de mi cocina descansa un paquete del famoso mata rata “Tres pasitos” y estoy pensando seriamente en hacer uso de él y acabar de una vez por todas con la vida miserable en la que me ha sumergido ese estruendo al que tú llamas música.

No sé si los chavistas podrán llevar mi muerte en su consciencia, y si es así, me voy con la alegría de saber que en mi último artículo hice lo que más me gusta hacer: echarle toda la mierda posible a este circo barato y putrefacto que se hace llamar gobierno, y que por desgracia, lleva las riendas nuestra nación.

Pronto nos veremos…

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