Hört der Regen auf Strasse zu füllen

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Lo pasado siempre fue mejor

El tiempo pasa y pasa y pasa y sigue en su tozudez de dejar guardado en la memoria de las personas su efímera presencia. Pero a veces ni eso nos deja; la memoria es una masa tan moldeable que frecuentemente, y hasta sin darnos cuenta, nuestros deseos se inmiscuyen en ella y deja de ser un recuerdo veraz para convertirse en una mazmorra de caprichos y realidades, que con el pasar de los días nos hace ver que es cada vez más complicado dilucidar lo que de verdad pasó en ese supuesto momento del pasado.

Pero hay otras veces en que esto no sucede tan “inconscientemente” y nos imaginamos ese hecho idílico que nunca sucedió, pero que adrede lo involucramos con la realidad para fantasear esa verdad que no se llegó a concretar, pero de la que tanto necesitamos creer. Aquella felonía para con la realidad es un ardid del cual muchos se valen para hacer menos miserables sus vidas, y darse ese placer de soñar con lo que pudo ser pero que no fue jamás.

En mi caso, por suerte, creo que no son muchos los recuerdos que se han visto “invadidos” por aquellos sueños quiméricos que todos poseemos, y que quizás en algún momento quisimos que fueran realidad, incluso tratando de engañarnos a nosotros mismos. Por ello, creo tener la facultad de recordar la mayoría de los episodios de mi vida sin ser un facineroso con mis realidades pasadas.

Estoy a las puertas de mi cumpleaños, y hace ya bastante tiempo que esa fecha no es un simple motivo de algarabía para mí-como cuando uno es niño- sino que se ha convertido en una fecha para reflexionar y pensar.

Quizás el paso ineluctable del tiempo siempre nos deja una enseñanza mucho más importante que una simple torta, unos cuantos regalos o una borrachera memorable: La vida se te está escurriendo de las manos y no hay forma de evitar que eso suceda.

Debido a esto fue que me puse a recordar muchas cosas que creí olvidadas. Se me vino a la mente esos momentos maravillosos en que sólo tenías que pedir algo para que te lo dieran; recordé cuando lo único importante en tu vida era correr detrás de un balón o quedarte hasta las cinco de la mañana pegado a tu televisor jugando al Play Station; recordé lo fácil que era que te comieras los dulces de la despensa y que tus padres te perdonaran sin mayores represalias, recordé aquellos días en que te podías pasar un día entero viendo la Uefa Champions League y la Copa Libertadores sin la preocupación de que tenías que leer mil y una guías para el parcial próximo, recuerdo aquellos momentos en que la felicidad era simplemente meterse a la piscina el día entero y salir a la noche con tu piel hecha una uva pasa, recuerdo cuando ser feliz no era sinónimo de dinero sino de meter la mano en una bolsa de Doritos o de Cheetos y comer todos los que pudieras.

También recuerdo que tu preocupación más grande era salir bien en el colegio y esperar con ansias el próximo FIFA para instalarlo en la computadora y amanecer jugando hasta que los ojos se te cerraran solos; la política no era importante porque el presidente no era un militar golpista, un inepto, un corrupto y de capacidades administrativas más que discutibles; tu mayor frustración era que tu equipo de fútbol no ganara un partido o que no te hubiesen regalado lo que querías en navidad; uno de tus mayores anhelos era llenar por completo el álbum de Panini del próximo mundial y evitar que te robaran las barajitas cuando las estabas cambiando; el amor era felicidad- como diría el vocalista de El Canto del Loco- y perdonar era algo banal y fácil; el dinero llegaba solo a tus bolsillos, y a veces ni te dabas cuenta de dónde provenía; la salud no era un problema y te sentías tan invencible que pensaban que la muerte era un simple rollo hollywoodense; creías que tus papás iban a estar allí para siempre y que desaparecieran era algo tan remoto que ni valía la pena pensar en eso; tus peleas con tus padres era porque no te habían comprado las baterías para el carro a control remoto o porque no te regalaron una Nucita, y tus rabias más grandes eran cuando te obligaban a comer algo que no te gustaba.

Así la vida era mucho más fácil, y aunque apenas voy a cumplir veinte años, siento que el tiempo me respira en la nuca y que no dejará de hacerlo jamás. Todavía soy joven, lo sé, pero también sé que ya no tengo ni diez, ni doce ni quince años y que este transitar por la vida es tan pantanoso, traicionero, canallesco y sorpresivo que la intriga sobre si llegaré a buen puerto sigue latente en mi cabeza y mi corazón día tras día.

El ciclo de la vida es así- por desgracia-, hay que crecer y envejecer para darle paso a las nuevas cosas y a las nuevas generaciones para que ellas se hagan cargo y se aferren a esa vida que a nosotros se nos escapa un poquito en cada segundo.

La pregunta que próximamente se me hará es cuántos años tengo y sé que tendré que responder que tengo veinte, aunque la verdad es que espero tener por lo menos setenta más; y si les soy sincero, creo que estoy comenzando a extrañar irremediablemente mi niñez.

Pronto nos veremos…

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