Hört der Regen auf Strasse zu füllen

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¡Triunfó la democracia!

No sé exactamente cuál sea la razón. Quizás sea por la lejanía geográfica, por las diferencias religiosas o por los prejuicios sociales que se han podido generar a lo largo del tiempo. Independientemente de cuál sea la causa, todo el mundo debe celebrar la victoria que el pueblo egipcio ha conseguido hace pocos días logrando que el tirano de Mubarak renunciara a la presidencia, y que se haya conseguido abrirles las puertas al consenso y a la democracia en este país africano.

Siempre hemos visto a los musulmanes como personas de otro mundo, con una religión tan extravagante, y en muchos casos machista y retrógrada, que hemos llegado a pensar muchas veces que esa manera de ver la vida, por medio de su religión, se reflejaba en sus gobiernos: que la dictadura tenía cabida en esa sociedad; pero este comienzo de año nos ha abierto los ojos y nos hace ver que nada de eso es cierto, que no es posible bajo ningún punto de vista que cualquier humano pueda aceptar pasivamente la imposición de un régimen autoritario.

En Egipto tuvo que pasar treinta años para que el sistema implosionara y el despotismo se viniera abajo; fue mucho tiempo, pero lo importante es que sucedió y que ahora este país puede soñar con instituciones serias, con partidos políticos y con la cosa más hermosa que posee cualquier país libre: La libertad de expresión. Los egipcios nos han demostrado nuevamente que es antropológicamente inviable que cualquier ser humano pueda vivir indefinidamente en un sistema que usurpa sus libertades, sus sueños, sus anhelos y que le impone una forma y un estilo de vida.

Mubarak lo intentó y su reinado de terror tuvo éxito durante treinta años; pero como la historia es sabia sucedió lo que siempre sucede, tarde o temprano: Los autócratas caen. Sucedió en la Unión Soviética, en la Alemania comunista, en gran medida en China y tarde o temprano pasará en la longeva dictadura caribeña de Cuba.

El pueblo egipcio me recuerda un poco a los desdichados habitantes de la ya por suerte extinta Unión Soviética. Mientras sus pobladores se morían de hambre, el gobierno comunista le pedía paciencia al pueblo mientras ellos se preocupaban por lanzar antes que los norteamericanos al primer el hombre al espacio; como se nota que tenían bastante claro las prioridades de la nación los soviéticos ¿no?.

Así sucedió en Egipto, mientras su pueblo le pedía a Mubarak derechos y reivindicaciones totalmente legítimas, él se escudaba diciendo que él era un presidente electo democráticamente y que tenía el aval de todo el pueblo egipcio. Mientras su gente le exigía mejoras políticas, él se preocupaba por seguir detentando el poder. Este hombre tenía también muy clara las prioridades de su país ¿no?.

La pregunta que nos hacemos todos es la siguiente: ¿Cómo Mubarak no iba a ganar las elecciones presidenciales si cuando los egipcios iban a votar había en la papeleta un solo candidato? Entonces al rato se daban los resultados y ¡Oh sorpresa! Volvía a ganar Mubarak ¡Vaya cinismo!

Quizás la parte triste de toda esta historia heroica, rebosante de valor, y me atrevería decir hasta idílica, es la actitud vergonzosa, humillante y poco humana que tomó nuestro mandatario ante los sucesos que se desarrollaban no sólo en Egipto sino en ya varios países africanos. Todos los venezolanos creímos que Chávez, un supuesto defensor de la voluntad del pueblo, saldría en los medios de comunicación dando su visto bueno a la revolución popular en contra del tirano. Pero en cambio, nos ofreció algo terrorífico: Silencio. En los primeros días de protesta nuestro presidente no decía nada, y ante la postura que tomaban los diferentes países a lo largo del mundo, no le quedó de otra que pronunciar unas frases tímidas, casi susurradas a favor de “La voluntad del pueblo africano”, situación que acorrala un poco más la supuesta convicción democrática de la que hace gala en sus discursos nuestro mandatario.

Ojalá que este efecto dominó que ha comenzado a nacer en África llegué a buen puerto, y que no sean sólo unos pocos países de este continente los que tengan el placer de vivir en libertad. Dios quiera que todos los pueblos del mundo puedan seguir el ejemplo egipcio y se rompan las cadenas, de una vez por todas, de la represión, de la humillación y del autoritarismo en el mundo.

Mis más sentidos halagos a todo el pueblo egipcio por dar este paso histórico, y hago un llamado al pueblo venezolano para no atontarnos y estar consientes que aquí en nuestro país también hay muchas causas por las que seguir luchando.

Pronto nos veremos…

Democracia: Un traje a la medida

Cada vez que escucho hablar a Chávez en sus infinitas cadenas, siento un pánico indescriptible. Habla de una manera tan rencorosa hacia nuestro pasado que me da escalofríos. Ese pasado que tanto odia y del que él fue uno de los protagonistas principales cuando intentó llegar a la presidencia en 1992 dejando de lado la voluntad del pueblo e irrespetando las instituciones democráticas legítimamente constituidas.

Lo que más me preocupa es ese discurso mesiánico y salvador del que hace gala. Habla pestes de los gobiernos del pasado y del famoso “Puntofijismo” y no parece darse cuenta que gracias a ese pacto entre las élites políticas de nuestro país es que él se encuentra ahora en el poder. El Pacto de Punto Fijo fue el que logró librarnos definitivamente de las dictaduras militares que azotaron gran parte de nuestra historia del siglo XX; sin él, sabrá Dios cuántos años más de represión y humillación hubiese tenido que pasar nuestro país para poder vivir en democracia.

Esa democracia que tanto desprecia y humilla nuestro mandatario, fue la que nos sumergió en ese hermoso mundo del consenso, de la libertad de expresión, del derecho al voto y pare usted de contar. No se deje engañar por esa verborragia necia y destructiva que tanto se escucha por los medios de comunicación que se han arrodillado al régimen y que evitan el conflicto y la crítica. Tiene que tener en cuenta que los medios de comunicación no pueden ser jamás un instrumento para abalar la dominación autoritaria de un régimen en contra de sus ciudadanos. Si los medios de comunicación no hacen su papel de reguladores y de críticos a las medidas gubernamentales ¿Para qué existen entonces?

Quizás para nuestro gobierno de turno la democracia sea una masa que se puede amoldar y acoplarse a sus necesidades; pero aunque a nuestro presidente le moleste, la democracia no es un traje a la medida que se puede ensanchar o achicar dependiendo de las circunstancias, sino que es una estructura firme que protege y defiende los derechos de los ciudadanos por encima de los objetivos de cualquier particular. El día en que esa estructura sea tocada para su “reacondicionamiento o actualización” las consecuencias pueden ser nefastas y las libertades de los ciudadanos se pueden convertir en un estorbo para el déspota que detenta el poder.

¿A qué me estoy refiriendo cuando digo que es una estructura firme? Me estoy refiriendo a una sociedad donde existen partidos políticos de las más variadas ideologías, con instituciones eficientes que no sean manejadas sólo por un bando político, sino que todos los partidos tengan posibilidades a dirigir uno, me refiero a un país donde la libertad de expresión sea un derecho irrefutable y la posibilidad de expresarse de cualquier tema en cualquier parte sea un motivo de orgullo y algarabía, donde los medios de comunicación en masas no sean amedrentados y menospreciados por el Estado, un lugar donde el juego político pueda ser llevado a cabo en paz, donde el Estado no manipule y boicotee el trabajo de los sectores políticos adversos, una ciudadanía donde ser diferente no sea un signo de malestar , sino de consenso y donde opinar no sea delito sino un desahogo.

Eso, señor Chávez, es la democracia, pero la democracia de verdad. Ahora bien, si usted le llama democracia a cerrar emisoras de radios y canales de televisión, ideologizar a los ciudadanos con sus misiones “educativas”, menospreciar a los padres de la democracia de nuestro país, echarle la culpa de todos nuestros males a los partidos políticos, no aceptar los resultados electorales que no le son favorables, hacerse con más de diez canales de televisión de escala nacional para hacerle propaganda a su gobierno, usar palabras humillantes y descalificadoras para dirigirse a sus oponentes, financiar la dictadura castrista, hacer negocios con países dictatoriales o de dudoso proceder democrático, eso ya es su problema.

La democracia es y seguirá siendo una sola, por más que nuestro presidente nos intenté vender una que se imaginó mientras discutía con Fidel Castro (Vaya ejemplo para formar una democracia) o mientras se leía uno de los capítulos de El Capital. La pregunta del millón es la siguiente: Teniendo en cuenta todo lo dicho anteriormente ¿Los venezolanos podemos estar confiados en que seguimos viviendo en una democracia plena y de derechos consagrados como en la que vivíamos en la “Cuarta República”?.

Los hechos y las acciones de nuestro mandatario me hacen dudar cada vez más que en el camino que vamos dirigidos sea el del país que nos prometió en 1999. Sí seguimos así, la democracia participativa y protagónica se va a convertir en que el gobierno nos va a “participar” que ellos van a ser los “protagonistas” de la dictadura y que nosotros las sumisas víctimas de sus atropellos. Si le parece muy amarillista y exagerado mi punto de vista, revise la prensa o entre a internet y compruebe los datos de nuestro decadente PIB, nuestra creciente inflación, nuestro nulo crecimiento económico y nuestra dependencia inverosímil a la renta petrolera. Si esto no lo hace recapacitar, nuestro país está en graves aprietos.

Pronto nos veremos…