Sorpresa del sur

20170705_210442Te vi antes de conocerte. Te bamboleabas por los pasillos de la universidad con soltura y cinismo, como si no hubiese suficiente suelo en este mundo para tus pies irrefrenables, para tus piernas saltarinas.

Tenías el caribe tatuado en la piel, pero sobretodo en el alma y en la sonrisa incesante que dibujaba tu rostro, muchas veces acompañado de carcajadas que resonaban a playas venezolanas, a la arena tostada al sol y recubierta de la sal de nuestro mar. Tus rulos rebeldes descartaban cualquier mínima duda. “Esta pana es venezolana y porta el guaguancó caribeño”, se decía por ahí entre murmullos, entre susurros voladores, entre aseveraciones con acento venezolano, el nuestro.

Quizá te conocí una tarde o quizá fue una mañana, mientras tú soñabas con ser la publicista crack de Caracas y yo con ser el periodista deportivo más reconocido de Venezuela. Caminos muy distintos, pero carreras iguales.  Sonreíste al estrecharme la mano. Allí quedo fijada la amistad, inexorablemente.

Luego las idas y venidas nos fueron juntando más hasta coincidir en fiestas llenas de merengue y salsa, donde tu dabas clases magistrales y se te notaba el sabor negro en la sangre en cada movimiento, en cada vuelta, en cada paso. Yo te veía de lejos y sonreía ante tanta desfachatez al bailar, ante tanta disposición para el disfrute.

Yo me sentía humillado, ya tú sabes que yo no nací para bailar, negra. Quizá coincidimos en algún reggaetón puyuo de los de antes, en alguna hora loca que exigía pocas aptitudes para moverse o en alguna ocasión donde el licor me hizo sentirme invencible, inmortal,  y me alejaba de la vergüenza de saberme con dos pies izquierdos. Quién sabe. Eso fue hace una eternidad.

Luego  la universidad se acabó, en medio de ese país convulso que nos echaba a patadas, de ese socialismo que nos cortaba las piernas. Tú decidiste irte a Uruguay a ser feliz a toda costa; Venezuela ya era demasiado pequeña para ti, demasiado ínfima, demasiado violenta. Yo decidí irme a Alemania a darme un descanso del caos político, a recargar energías, a vivir algún tiempo en paz. Quien diría que ese descanso ya está por llegar a los tres años? Nadie lo hubiera dicho, mucho menos yo.

Idas y venidas han embargado estos años en que tú y yo abandonamos ese caribe que nos vio crecer y que ahora somos incapaces de reconocer. Como se reconoce una playa con botas militares? Como se reconocen las calles que ahora te odian por decreto presidencial? Como se concibe un futuro donde las instituciones las controla un muerto? Tu no lo sabes, ni yo tampoco.

Ese derecho a ser feliz me tiene hoy escribiendo esto, mientras veo de reojo que en mi apartamento de este lado del mundo hay una pared donde cuelga un ejemplo de tu felicidad, de tus ganas de sentirte libre.

Ahora hay un cuadro de tu talento colgando aquí, en Alemania, donde mi “recargar energías” se ha convertido en un manojo de sartenes, ollas y recetas aprendidas en alemán y chapurreadas en este idioma enrevesadamente hermoso.

Como siempre, cada uno a su manera, pero sin dejar de ser demasiado diferentes. La comunicación nos llama, pero le decimos que tenga paciencia porque la juventud no dura para siempre y hay todavía demasiadas alegrías por narrar y demasiadas risas que soltar en este ir y venir del carajo, como diría García Márquez.

Y ahora, como diría Benedetti: “Quien llegue quien tenga que llegar, que se vaya quien se tenga que ir, que duela lo que tenga que doler, que pase lo que tenga que pasar”.

El cuadro reposara allí, como recuerdo de los que valen la pena, de los que nunca se fueron, de los que no se rindieron, de los que fueron honestos y como una alusión constante de que no hay dictadura ni socialismo que nos robe lo vivido, que nos quite aquello que nos entrega una sonrisa pretérita conjugada en presente.

No reservamos del mundo un rincón tranquilo, no quisimos con desgana, no nos quedamos al borde del camino, no nos salvamos. Por eso eres grande, por eso este cuadro es la alegría.

Gracias por tu arte, negra, amiga del alma. De Caricuao pal mundo, papa.

Du bist immer in meinem Herz. Prost!

Pronto nos veremos…

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