Hört der Regen auf Strasse zu füllen

Archivo para diciembre, 2013

El candidato de la gorra vinotinto

ImageDe repente todo se quedó parado. Los carros no tenían espacio para circular y las motos eran tantas que los resquicios no eran suficientes para que todas se abrieran paso, por lo que no transcurrió más de un minuto cuando el atasco inmovilizó también a los motorizados.

Una mujer vestida de rojo de punta a punta gritaba por un megáfono que la Revolución necesitaba el voto de aquellos que aún no habían sufragado para darle la victoria definitiva al candidato del chavismo. Las motos rugían con vehemencia y expulsaban un humo de color indescifrable. Los motorizados que las manejaban utilizaban ropa roja, como la de la mujer del megáfono, con la imagen del candidato oficialista. Las gorras tampoco faltaron.

Casi todos tenían una botella de ron Cacique y hacían sonar el pito de sus motos mientras se tomaban grandes tragos desde el pico del recipiente. Algunos tenían más de una botella, por lo que los pocos que no tenían licor reclamaban con vehemencia que compartieran el líquido marrón con ellos, muchas veces entre risas histéricas y gritos en los que no se podía entender gran cosa.

Algunas mujeres acompañaban a los motorizados. Vestían con chores cortísimos y movían de un lado a otro su melena, como intentando distraerse y hacer más llevadera la espera. Los hombres las manoseaban cada tanto y les daban de beber de la botella de ron. Ellas tomaban también sin remilgos. Aquello era un carnaval.

Algunos minutos después, la mujer del megáfono gritó con locura y desenfreno que el candidato chavista estaba próximo a llegar al lugar. Los carros seguían sin moverse, las motos continuaban estancadas, pero la noticia que regó la mujer fue suficiente para que los niños se asomaran desde las ventanas y algunas personas mayores salieran a la acera.

Cuando el ruido era ensordecedor, el humo llenaba los pulmones y los gritos de la mujer del megáfono se hacían más opacos, apareció un hombre abriéndose paso entre las motos y algunos sujetos que lo perseguían para tomarle fotos: era Antonio “El Potro” Álvarez.

Con la ya acostumbrada gorra vinotinto de la selección de béisbol de Venezuela y una chaqueta con las franjas de la bandera nacional, “El Potro” Álvarez se abría camino entre el tráfico medio a empujones, con los ojos desorbitados y moviendo su gran musculatura con un leve parecido al andar de los monos.

Los niños le sonreían y lo saludaban con gran devoción: “¡Ahí está el pelotero!”, decían, mientras que la gente adulta le estrechaba la mano y él los saludaba a todos como encolerizado, con una violencia en sus movimientos que no sabía disimular.

Mientras recibía el afecto de la gente, gritaba que él iba a ser el alcalde del municipio Sucre, que su victoria sería total como la del Comandante Chávez y que los burguesitos se irían del municipio. Lo que no sabía “El Potro” Álvarez es que en ese mismo embudo de tráfico se encontraba-justo al otro lado de la calle- el candidato de la MUD Carlos Ocariz.

Cuando Álvarez lo visualizó, entró en cólera y gritó sin tapujos:

–          “Mamaguevo, esta mierda es mía. Este es tu último día en la alcaldía porque te voy a ganar, maricón de mierda”.

Ocariz le sonrió sin darle demasiada importancia al hecho y siguió saludando a la gente. “El Potro” siguió abriéndose camino entre las motos atascadas y recibió una botella de ron que uno de sus motorizados le entregó. Álvarez levantó la botella y se echó un buen trago del licor, mientras que los motorizados aplaudían a su candidato por la capacidad de su hígado para apalear la buena dosis de licor engullida.

Luego pasó por mi lado y vi como saludaba a los jóvenes que se le acercaban: su cara estaba roja- se le veía histérico y furibundo- y seguía repartiendo improperios a diestra y siniestra. Eran las 5 de la tarde, aún quedaba tiempo para ir a votar.

A las once de la noche, Carlos Ocariz, el candidato de la Unidad, fue recibido en su comando de campaña en La California por una multitud de alrededor de cien personas. Proclamó su victoria por más de 11mil votos de diferencia, mientras su gente estallaba en júbilo.

A las cinco de la tarde, ya “El Potro” Álvarez sabía que su derrota era inminente. Lo que yo vi en aquella calle atascada por el tráfico fueron patadas de ahogado de un perdedor, que se creyó ganador por tener un cheque en blanco de PDVSA y por autoproclamarse hijo de un difunto.

Pronto nos veremos…