Hört der Regen auf Strasse zu füllen

Archivo para febrero, 2012

Pensamientos

Uno

Todo aconteció en la oficina. Yo estaba en la computadora leyendo un cable de EFE, que luego montaría en la página web de la radio. De repente, mis compañeros dejaron sus tareas de lado y comenzaron a hablar en voz alta, como exaltados por algo o alguien.

Cuando volteo a ver qué es lo que sucede, me di de bruces con Ramón Muchacho, candidato electo de la MUD para participar en las próximas elecciones a la alcaldía de Chacao. Lo reconocí porque había visto infinidad de veces su cara en todas las vallas que se encuentran regadas por todo el municipio.

Vestía una camisa azul claro con la bandera de Venezuela bordada en la parte izquierda con las palabras “Hay un camino”. Fue gentil y dicharachero; me pareció que ya conocía a muchos de los periodistas de allí porque los trató como si fuesen amigos de toda la vida. Se paró al lado de cada uno y charló con ellos por lo menos tres minutos, mientras sonreía y escuchaba con interés lo que le proponían.

A mí me saludó al final, obviamente en su vida me había visto, por lo cual fue mucho más distante conmigo; pero me extendió su mano mientras sonreía y me decía un par de palabras a las que no le presté mucha atención. Antes de irse, volvió a esbozar una sonrisa y dijo algo así como: “Les aseguro que haré un buen trabajo en este municipio. Tenemos mucha ganas de trabajar”. Se terminó de despedir de los demás y se fue.

No lo pude evitar, aquel hombre me recordó a un compañero de la universidad que sueña con ser político. Sus actitudes son más o menos las mismas cada vez que recorremos la universidad: se para en cada sitio y saluda a cuanta gente le sea posible mientras sonríe y escucha con interés- o eso es lo que aparenta- todo lo que le comentan. Le estrecha la mano a todo el mundo y siempre tiene algo que decir, aunque sean cosas banales.

Aunque sé que sus sentimientos hacia las personas son sinceros y diáfanos- no tengo por qué dudar de ello- siento que detrás de cada expresión de afecto y cada conversación hay un “Vota por mí en las próximas elecciones universitarias”. Él lo negará, incluso estará convencido de ello, pero existe esta intención furtiva detrás de todo. Lo notó, quizás él no.

La impresión que me dio fue que aquel candidato a la alcaldía es la de un hombre serio y buena gente- tampoco tengo por qué dudar de ello- pero en su hablar y actuar noté que siempre existió una sombra, algo que me dice que dentro de todo, por lo menos un ápice de lo que expresa, es impostado, falso, falaz, mentira…

No pude dejar de reflejar a mi amigo en él y llegué a la penosa conclusión que mi compañero- consciente o inconscientemente- se está entrenando en el arte innoble de la hipocresía, de la apariencia, de la de escuchar y no oír nada, en la de hablar y decir poco… Está bien, los políticos tienen que ser así, pero cuando ves que una persona cercana se especializa cada día más en esos ardides y artimañas, necesarias para alcanzar el reconocimiento político, no puedes dejar de sentir un poco de desazón.

Dos

Cuando se trabaja en un medio de comunicación es cuando realmente te das cuenta de la clase de inmundicia que somos todos los seres humanos. Fernando Vallejo, escritor colombiano de renombre, mantiene la postura de que traer al mundo a un ser humano es la cosa más irracional que puede hacer una persona ¿Para qué traer a un niño a que vea y se desarrolle en toda estaba miseria que es el ser humano?- escuché una vez que se preguntaba mientras le hacían una entrevista por radio en RCN.

Lo digo porque ahora que leo las noticias de EFE todos los días, me doy cuenta de las cosas realmente lamentables que acontecen en el planeta. Todos sabemos que hay hambre en África, que los iraníes quieren lanzar bombas atómicas y quieren joder a media humanidad, que los Estados Unidos son unos facinerosos y se creen los llamados a “salvar el mundo por mandato de Dios” o que los judíos y los musulmanes se odian por razones tan variadas y complicadas, que a estas alturas ya ni sé por qué es que los unos quieren eliminar a los otros.

Eso lo sabemos, pero cuando tienes que publicar tres o cuatro noticias en donde relatan los atentados diarios que ocurren en el mundo, las muertes por no sé cuántas enfermedades, que las organizaciones se reúnen y se reúnen para hablar de Somalia pero nadie hace nada o que el presidente de Guinea Ecuatorial aplicó una ley donde todos los presidentes de ese país luego de salir del poder no pueden ser juzgados por ninguna cosa que hayan realizado en su gobierno,  te terminas de dar cuenta que, si bien este mundo estaba ya bastante jodido antes de entrar a la oficina, cuando estás en ella sientes que en cualquier momento una bomba nuclear explotará y que todo lo que conoces dejará de existir, incluyéndote.

Al final de cuentas, cuando salgo a la calle al final de la jornada, todo sigue estando más o menos igual a hace unas horas; pero por alguna extraña razón, mientras camino por las calles, siento que algo ha cambiado, que algo se ha roto ineluctablemente… y ese algo me hace sentir miserable.

Tres

Volví a leer a Vargas Llosa, luego de que en estos meses me haya dedicado a leer literatura un poco más ligera, menos importante, para ser más sincero. Siempre he creído que hacerles caso a los literatos es un absurdo en muchos sentidos, ellos desprecian la literatura Betsellers, acusándola de no aportar nada nuevo al mundo de las letras. Yo no les presto mucha atención, hay que leer lo que a uno le plazca, lo que te divierta y entretenga; incluso si te gusta leer a Paulo Coelho… pues bienvenido sea.

El hecho fue que volví al mundo de Vargas Llosa, a ese que me aferro y que, para mí, no tiene punto de comparación, sin menospreciar a los demás grandes de la literatura. La verdad es que el verbo del peruano no deja nada de desperdicio. Sus libros son una aventura de incuantificable placer para el lector y sus páginas chorrean talento, clase y genialidad.

Hay un canal por la televisión que pasa una propaganda que dice algo así como “Las mil y un películas que tienes que ver antes de morir” y luego pasan el nombre de la cinta y el día y la hora en que la van a transmitir. Yo no enseño nada ni tampoco intento ser crítico de literatura ni mucho menos, pero nadie en este mundo se debe morir sin si quiera haber leído una de las novelas del Premio Nobel de Literatura peruano.

¡Larga vida a Vargas Llosa y al intelecto de este monstruo de la literatura contemporánea!

Cuatro

Chávez se fue a La Habana, al parecer su cáncer volvió y se fue este viernes a “La isla de la felicidad” a operarse para saber la magnitud de la nueva lesión. El chavismo se tambalea, no se imaginan su “revolución” sin el líder mesiánico que los guía.

Nosotros los de la oposición, pero mucho más los chavistas, sabemos que sin Chávez no hay nada, que las “ideas” políticas de la tolda roja se basan en el liderazgo carismático, y que si al presidente le llega a suceder algo o le dan un diagnóstico no favorable la cosa de cara a las elecciones será más que desfavorable… me atrevería a decir que sería la implosión de este “proceso” y su fin, ese que tantos esperamos.

El hecho es que el PSUV no fue, es ni será un partido político. Eso es un conglomerado de gente que sigue los designios de Chávez, pero poco más. No se ha comportado como un partido político nunca y si Chávez no está, menos lo hará después.

No nos queda de otra, tendremos que esperar las noticias provenientes de la “Isla prisión”, que ojalá lleguen pronto y sin adornos por parte de Chávez. Mientras tanto, esperemos su mejora y pronta recuperación, que en las democracias las luchas no se dan en los quirófanos sino en las urnas.

Que Dios los bendiga.

Pronto nos veremos…

Anuncios

La algarabía del optimismo

La Unidad está para quedarse

Fui a votar el domingo pasado pensando que no irían a las urnas más de 2 millones de personas, y eso siendo optimistas. Los analistas políticos decían que entre el 10% y el 15% del electorado sería el que sufragaría y que la demás población en edad para hacerlo se quedaría en sus casas viendo la televisión o tomándose unas cervezas con sus vecinos. Cosa normal, en toda elección primaria la abstención es grande y el revuelo que esta genera es más bien poca.

Mis profesores azuzaron a cuanto estudiante veían por ahí a que votaran, mis amigos hacían campaña por las redes sociales, y los pocos medios de comunicación, que aún no se han plagado a los designios del pseudodemócrata en el poder, incentivaron a todos a que fueran a las urnas. Hicimos lo que estaba al alcance de la mano de todos nosotros, pero los pronósticos, si bien no eran desfavorables, tampoco nos hicieron creer que en algún momento la cifra sería mayor a lo previsto.

No tuve apuros para ir a votar. Me levante al mediodía y con toda la parsimonia del mundo prendí el carro y fui a mi centro de votación. Al llegar, un sol apabullante me recibió y el sudor inundó mi rostro, tal como lo había hecho  con todos los presentes que llegaron a la cola antes que yo. Las gentes se apretujaban debajo de sus paraguas y movían de un lado a otro sus abanicos, esperando apaciguar el calor, pero sus esfuerzos fueron más o menos en vano y el sol siguió allí, incólume en su resplandor.

Había unas trescientas personas en la cola; me sorprendí, pensé que el asunto sería rápido y la vuelta a casa sería casi inmediata, pero estaba equivocado. Pensé en irme y volver al final de la tarde, unos cuantos minutos antes de que cerraran la mesa para así evitar el calor que acosaba sin contemplaciones y la infinita cola. Pero vi entre las personas a una apreciada profesora del bachillerato y me acerqué a saludarla. Tras unos cuantos segundos intercambiando saludos y poniéndonos al día con respecto a los aconteceres que han acaecido en nuestras vidas en los últimos tiempos, decidí quedarme allí y aprovechar su privilegiada posición y así evitar la fila.

Comentamos frivolidades y charlamos sobre aquellos ya no tan cercanos años en que mis amigos y yo caminábamos por  los pasillos del colegio, que más bien nos enseñó bastante poco, y los cambios que ha habido en él desde que me gradué. Me dijo que todo estaba más o menos igual y que la vida allí transcurría tal cual como yo la viví, con excepción de uno que otro sobresalto normal.

A pesar de la cercanía de mi profesora para entrar al centro de votación, la cola se movía más bien poco y terminé sufriendo las inclemencias del calor por dos horas, que solo se hicieron un poco más amenas gracias al jugo de mandarina que un buhonero vendía al lado de la fila, a mis ocurrencias y a las anécdotas que aquella profesora gentil me comentaba mientras esbozaba una sonrisa.

¿Sabes votar?- me preguntó la mujer que atendía el centro de votación. Eso creo- le dije. Cuando hundí el óvalo para el candidato a la alcaldía y a la gobernación la máquina funcionó bien, pero cuando presionaba el óvalo para votar por el candidato a la presidencia la máquina, tozuda,  se negaba a marcar mi opción.

Acepto, sin ningún problema, que voté por Capriles Radonski; pero admito que me vi tentado por darle mi voto a Diego Arria, hombre inteligente y con ideas que se parecen a las mías, pero con una vida política que más bien está en declive y la urgencia de gente nueva en la política de esta nación apremia.

Al final, el óvalo con el nombre de Capriles Radonski se marcó y la máquina imprimió la papeleta. La revisé y comprobé que mis opciones estaban allí. Metí el papel en la caja con una ilusión y esperanza que solo la democracia puede generar.  Me retiré feliz a mi casa y la satisfacción del deber cumplido arropó mi sentir.

Esta vez no hubo rumores, esperas y mentiras por parte de ninguna autoridad. En esta ocasión los resultados salieron a la luz a las ocho de la noche- como debería ser siempre. El recuerdo de las elecciones para la Asamblea, donde dieron los resultados en la madrugada del día siguiente “debido a la paridad” y a sabrá Dios qué más cosas inverosímiles, todavía estaban en el recuerdo del pueblo.

La algarabía inundó los hogares de aquellos que defendemos esta causa (La democracia) cuando se dieron a conocer los resultados y supimos que fuimos más de tres millones los que acudimos a las urnas y ejercimos nuestro derecho. A pesar de todo el desprestigio por parte de los lacayos de Chávez, que se cansaron de decir que irían a votar apenas  500mil personas “o como mucho un millón”, la gente no comió cuento y salió a la calle a opinar y a darle un parado al gobierno y decirle: ¡Aquí estamos!

Solo Dios sabe lo que hubiese hecho por verle la cara a Chávez cuando las autoridades dieron el número, más o menos exacto, de cuántos votos se contabilizaron ¡Fueron más de tres millones! Estoy seguro que al caudillo de Sabaneta le tambaleó la silla presidencial, y quizá por primera vez, supo que el coroto se le podía ir de las manos. Me figuro su cara, sus puños apretados y su mirada llena de ira. Sí, señor Chávez,  no fue un “milloncito” de personas ¡Fuimos tres! Y usted más que nadie sabe que eso es mucho tratándose de unas elecciones primarias.

Usted ha subestimado al pueblo, le ha dado migajas con sus misiones, que buenas ideas son, pero que usted ni sus “ayudantes” han sabido llevar a cabo con eficiencia. Las ha llenado de populismo y verborragia  necia y barata; el pueblo se cansa de hacer colas infinitas para recibir un pollo o para llevarse a sus casas un kilo de carne subsidiada en sus “mercados socialistas”. Eso es prostituir al pueblo y ya algunos se han dado cuenta.

Capriles Radonski salió victorioso; en eso las encuestas no se equivocaron. Su victoria fue aplastante, casi diría humillante para con su más cercano perseguidor, Pablo Pérez. Pero aquí no se habla de victoriosos y vencidos, no se habla de derrotados, la Unidad está para quedarse;  y aunque existen diferencias normales entre todos los candidatos (Son políticos ¿Qué esperaban?) estoy seguro que cada uno está consciente de la importancia de las próximas elecciones y de lo mal que la está pasando el país. Lo reitero: la Unidad está para quedarse, señor Chávez, aunque eso le dé dolores de cabeza. “No me iré de la Unidad nunca”- dijo Arria una vez. Y le creo, pero no solo a él, sino a todos los candidatos.

Esa misma noche, los seguidores del chavismo, en el canal del Estado, comenzaron a sacar cuentas y a demostrar “matemáticamente” que era imposible que la oposición llegara a tres millones debido al tiempo estipulado para cada mesa y la cantidad de las mismas. Se inventaron cuanto ardid y argumento falaz pudieron para echar por tierra unas votaciones, diría yo una realidad, que ellos mismos aseguraron que no se iban a llevar a cabo “porque el candidato ya estaba elegido por el imperio y la burguesía venezolana”. Pues señores, se equivocaron, el candidato lo eligió el pueblo y no hay nada más legítimo y soberano que la voluntad popular.

También se atrevieron a poner en entredicho la transparencia del CNE, ese órgano electoral que tanto ellos han defendido cada vez que los resultados han sido a su favor. La acusaron de ser parte del “fraude burgués”  y de responder a los designios de la MUD y del imperio. Lo que ellos no saben, o se hacen los desentendidos, es que al juzgar al CNE y a su transparencia juzgan también la legitimidad de las victorias del chavismo; echan por tierra esa mayoría avasallante que tanto se adjudican. Pocos son los opositores que se niegan a aceptar aquellos triunfos de Chávez, son los mismos miembros del PSUV los que se han echado la soga al cuello.

Chávez salió por la televisión y acusó de Radonski de ser un “majunche” y de vestirse de progresista cuando no era más que un “cochino” y un “chigüire”. Gesticulaba sin cesar, sus manos se mantenían rígidas y su papada se movía de un lado a otro cónsona a los movimientos de su cabeza. Dijo que lo aplastaría y que obtendría nueve millones de votos en las elecciones de octubre.  Aclaró que no le importaban esas elecciones primarias de “la burguesía” y que tres millones de votos no eran nada para él. Para interesarle tan poco, se tomo bastante tiempo para desprestigiarlas y quitarle méritos. Sentí desespero en sus palabras y vi preocupación en su rostro.

A pesar de la algarabía que ahora siento por aquellos tres millones que nos llenan de esperanza y nos hacen soñar con ese cambio que tantos deseamos, n o podemos cegarnos y creer que ya todo está listo. Apenas logramos una pequeña victoria, Chávez tiene muchos seguidores todavía, pero ahora más que nunca la contienda estará pareja.

El barril de petróleo sobrepasa los cien dólares y la maquinaria del PSUV se moverá para repartir a diestra y siniestra cuanta plata sea posible para lograr aquellos votos que ya no son duros para ellos. El electorado chavista sigue siendo bastante, pero ha menguado desde la última victoria en las elecciones presidenciales contra Manuel Rosales; no me cabe duda. Las cosas se han equiparado y el populismo más puro seguirá siendo la gran carta de presentación de Chávez para lograr el electorado necesario para salir airoso.

El camino no es fácil, tenemos que convencer a la gente para que vaya a votar, por quien quiera, pero que vote. La abstención es otro de nuestros enemigos y debemos vencerlo. La lucha continúa, será fuerte y dura, el dinero está de su lado pero tenemos que hacerle entender a la gente que el presente y el futuro no se puede reducir a unas cuantas comidas subsidiadas o con unos cuantos médicos en los barrios. El país de grandes oportunidades sobrepasa infinitamente todo eso.

La democracia y nuestro futuro no tienen valor y no se manejan con las idas y venidas de la oferta y la demanda.  Estoy convencido que sí existe otro camino y que debemos forjarlo juntos con entrega y consciencia. Esto apenas comienza, pero el inicio ha sido triunfal y gratificante. Todo depende de nosotros.

Yo tengo esperanza de un porvenir mejor ¿y tú?

Pronto nos veremos…

Mis pesares

Porque nuestros pesares se pueden convertir en alegrías

Uno

Hace unos cuantos días el pre candidato presidencial, Diego Arria, estuvo en mi universidad hablando sobre el país y su manera de concebir nuestra realidad. Se presentó vestido de una manera sobria y formal, pero dejó de lado el saco y la corbata y dio una imagen juvenil que sus años no abalan, pero que su empuje y veracidad resaltan.

Unos cuantos amigos salieron disparados a los pocos minutos de la sala porque lo “radical” de su discurso no va de la mano con la idea de país que ellos piensan; la verdad es que yo disfruté mucho de su charla, y su ingenio e inteligencia rebozan con cada palabra que pronuncia ¿Será el candidato ideal? No lo sé, pero tenerlo en la Unidad ya es una ganancia.

Entre todas las cosas sensatas y coherentes que dijo, o por lo menos a mí me parecieron, expresó que él no estaba de acuerdo con eso que decía María Corina Machada y Leopoldo López de que vivimos en el mejor país del mundo. ¿Vivimos en el mejor país del mundo?- se preguntó, y luego hizo una pausa teatral. ¡Pues claro que no! ¿Cómo se puede vivir en el mejor país del mundo cuando matan a un venezolano cada treinta minutos, tenemos una de las inflaciones más altas del mundo y grupos guerrilleros entran y salen de nuestro país como si nada?- nos preguntó.

El señor Arria tiene razón, este no es- ni remotamente- el mejor país del mundo. Que me perdonen los patriotas y nacionalistas.

Un buen caldo de realidad cura hasta el cáncer de la apatía.

Dos

Estuve charlando con una compañera de clase mientras estábamos enfrente de un Yogen Fruz y nos comíamos un helado exquisito. Ella me miraba con sus ojos melancólicos y su cara con facciones de preocupación. Me decía que su futuro no estaba aquí, en este país, sino que debíamos tener un plan B por si acaso Chávez ganaba las elecciones en octubre.

Su voz resonaba en lamentos y su hablar pausado y pensativo me sumergió en una preocupación terrible con respecto a mi país. Yo le pregunté: ¿A dónde vamos a ir? Esta es nuestra nación y es lo único que tenemos ¿Para dónde vamos a agarrar? Tenemos que seguir luchando. Pero me escuchaba como si no lo hiciera, como si en sus manos estuviese un papel condenándola al destierro desde ahora. No fue una charla alegre, está demás decir.

Nos despedimos en la estación del Metro; ella me juró que iría a votar el 12 de febrero y el 7 de octubre, pero que ella no guardaba esperanzas de un mejor futuro. Sé que votará, la conozco; pero su mirada todavía me persigue…

Tres

Mis amigos los chavistas me acusan de estar obnubilado por la programación televisiva, radial y de los periódicos de los medios de la oposición. Son de izquierda, así que los pobres no se terminan de enterar que los medios no obnubilan ni alienan a nadie, pero bueno… eso es tema de otra conversación. El hecho es que mis amiguitos que apoyan al régimen no se enteran que yo veo, hasta donde aguanta mi paciencia- que no es mucha-  los discursos maratónicos de Chávez,  y que  de vez en cuando engancho VTV a ver qué dicen por ahí los lacayos del régimen.

Al escuchar la última cadena, una mujer cuarentona larga, de piel morena y cabello despeinado le decía al presidente que necesitaba ayuda porque tiene 6 hijos y no puede mantenerlos ya que ella no trabaja y la pensión de su marido no alcanza para mantener a toda la familia. Chávez, en sus cavilaciones profundas y acertadas, le explicó que con la nueva misión el Estado le daría algo así como 500bs por tres de sus hijos- ese es el tope-  para así ayudarla a “salir adelante” en su situación “provisional”, hasta que consiguiera un trabajo y pudiera mantener por su cuenta a su familia.

La mujer lo miró con ojos rebosantes de amor y le dio las gracias por la ayuda que le estaba brindando al pueblo de la clase baja. Justo en este instante yo me pregunté ¿Qué de “provisional” tiene la situación de esa mujer? En un país con el aparato productivo en constante “nacionalización” y destrucción a causa de las manos ignorante e inexpertas que toman las riendas de las empresas expropiadas ¿en dónde va a conseguir trabajo esa pobre mujer? ¿También se lo tendrá que dar el Estado?

Mientras más dependa esa pobre señora de Chávez, más necesitará de su ayuda para sobrevivir ¿tendrá el valor de reprocharle o criticarle? No creo que ella, ni muchas otras, se atrevan.  Como dice el dicho: “Uno no muerde la mano que te da de comer”.

Todo eso es una lógica perversa y maligna ¿Qué pasará con esa mujer si los precios del petróleo caen como por arte de magia? ¿Dónde estará el aparato productivo que le dé de comer? No creo que esa señora se entere de esto…

Pude escribir cientos y cientos de razones por las cuales salir a votar este 12 de febrero y el 7 de octubre, pero hubiese sido más de lo mismo. Con solo mirar el desazón y la desesperanza en la cara de mi amiga y los ojos de aquella pobre mujer mientras miraba a su mesías, el que la sacaría de todos sus problemas,  me bastaron para saber que el domingo tengo una cita con mi presente y mi futuro ¿Y tú? ¿También tienes tu cita? ¿Irás a votar?

“Los que no se ocupan de la política serán gobernados por aquellos que sí se ocupan”.

Pronto nos veremos…