Hört der Regen auf Strasse zu füllen

Archivo para octubre, 2011

El verbo que critica

Porque todavía sigue habiendo valientes

La primera vez que la oí, recuerdo, fue los días posteriores al golpe de Estado de 2002. Lo puedo recordar fácilmente porque el encono de su crítica, la rapidez de sus palabras, el tono alto para hablar, e inclusive, a veces, el poco tiempo que le da a comentar a sus colegas e invitados son características difíciles de olvidar en un comunicador.

¿De quién más estaríamos hablando si no fuera de Marta Colomina? Esta semana se dio a conocer que Unión Radio la despidió porque la emisora está haciendo algunas reformas y ella no tiene cabida en la nueva programación que intenta llevar a cabo la radio. Ya su voz y sus duras críticas al régimen de turno no se oirán en las mañanas y las dudas con respecto al porqué de su salida al aire aparecen por doquier.

No parece raro que ahora, justo en el momento cuando el gobierno vuelve al acecho en contra de los medios opositores y golpea otra vez a Globovisión, sea Marta Colomina una víctima más de las atrocidades chavistas. Ella es una de las voces referentes de la oposición venezolana y ya cuando su despido es un hecho parece que sólo era cuestión de tiempo para que las presiones del régimen dieran sus frutos y las convicciones de esta periodista comprometida con su país y sus ideales fueran un peso y un riesgo muy grande para que Unión Radio la siguiera poniendo al aire.

No me cabe duda que en un país donde al gobierno no le interesa la crítica y sólo le importa que le aplaudan como focas sus medidas, ellos hayan estado involucrados en esta decisión de Unión Radio. Nadie me saca de la cabeza que lacayos y esquiroles chavistas colaboraron para  que la periodista fuera silenciada y se le haya dado salida de la emisora radial.

No sería el primer caso, ya RCTV fue cerrado porque sus posturas políticas no iban de la mano con lo que quería escuchar el presidente Chávez de su gobierno y los chavistas se inventaron un ardid para cerrarlo. Televén tampoco se queda atrás y bastante poco que le interesa la lucha en contra de poder y hacer periodismo del bueno: el que critica. Ahora se dedican a transmitir Quién quiere ser millonario y a pasar programitas de entretenimiento. Apenas y en las mañanas es que se animan a pasar un programa de debate político; de resto, muy bien saben que si quieren seguir al aire, la crítica al gobierno no puede estar en la parrilla televisiva.

Venevisión también se hace de la vista gorda, desde que hace un tiempo Chávez lo amenazara, y su compromiso político y con la verdad es inexistente; se abrieron de piernas al chavismo por evitarse problemas con el régimen; todo esto a consecuencia del amedrentamiento proveniente de Miraflores. Ahora le tocó el turno a Unión Radio y a la luchadora opositora Marta Colomina.

Si bien debo decir como estudiante de Comunicación Social que a veces las maneras de Colomina de hacer periodismo eran un poco chocantes, excesivamente duras en lo que se refiere a sus críticas, y que muchas veces el sesgo se apoderaba de su retórica, también debemos destacar  sus convicciones democráticas, su periodismo crítico, combativo, luchador y punzante. Estas características son dignas de admirar para todos aquellos-como yo- que amamos el periodismo y lo vemos como una ventana hacia la verdad y en contra de la hegemonía del poder y no como una herramienta propagandística e ideologizadora plegada a las doctrinas de un régimen.

Está de más decir que la salida al aire de la periodista Marta Colomina es otra prueba innegable e irrefutable que la libertad de expresión es un escollo para Chávez y sus afanes claros de manejar la comunicación en este país y prostituir a los medios a sus caprichos y delirios políticos, etiqueta de todos los gobiernos dictatoriales como Cuba, Corea del norte o China, donde tener opinión es un delito de muerte.

Cuando el periodismo no le lleva la contraria al gobierno, no crea debate, no le respira en la nuca a las medidas gubernamentales y no ve más allá de lo que nos quieren decir aquellos que están en el poder ¿Para qué sirve entonces? ¿Para qué entonces, los periodistas estudiamos sociología, psicología, política, historia…si no es para dar nuestra opinión y crear debate? Aplaudir y entregarse a la verdad del gobierno no es periodismo, es hacer propaganda. Ha allí la diferencia con los canales del Estado y los poquitos que siguen siendo valienten y no le dan su brazo a torcer a Chávez.

Ya sabemos muchos que ahora Colomina ha entrado en la onda de las redes sociales, y el Twitter es su nueva arma de crítica para desnudar las atrocidades chavistas. Ayer sábado salió publicada una entrevista en donde dijo que espera morirse viendo a El Ávila y viviendo en un país democrática y que su lucha en contra del régimen seguiría por todos los medios en donde se le sean posibles expresarse. Que Dios le dé vida para ello.

De admirar es su convicción, su amor a la democracia, sus afanes de verdad y su búsqueda abnegada a los destrozos gubernamentales, independientemente de las diferencias que pueda haber con ella y sus maneras.  A la distancia la seguimos y seguiremos todos aquellos que queremos seguir escuchando la otra cara de la noticia y respetamos su trayectoria.

Apoyamos su lucha porque al final de cuenta es la misma que la de muchos venezolanos: La democracia.

Sigue habiendo un camino mejor y éste no lo es, no me cabe la menor duda.

Pronto nos veremos…

Porque hay un camino

Los que creemos en el cambio

Lo fuimos a ver unos compañeros y yo un miércoles festivo. Él se presentaría  en Los Dos Caminos, en Parque Miranda, y daría una alocución para todos los allí presentes. Cuando me monté en el Metro,  logré ver a varios de sus más fervientes seguidores con camisas apoyando su candidatura y hablando de política. Despotricaban del régimen actual y en sus ojos se veía la ilusión y los anhelos de cambio.

Cuando llegamos a Los Dos Caminos, todos se bajaron del vagón y mi compañera y yo los seguimos para ver de qué más hablaban; me imagino que este rol de espías lo podemos catalogar como “interés periodístico”. Mientras esperábamos a las afueras de la estación la llegada de otra de mis compañeras de clase, la algarabía y las tertulias políticas entre esos fervientes seguidores del candidato se intensificaron,  y algunos minutos después se fueron en grupos de 40 o 50 al lugar donde sería la presentación.

A algunas calles de ese lugar, el oficialismo también había organizado un mitin por razones que yo desconozco; creo que era para darle apoyo al presidente en su candidatura de reelección o algo así. En este país donde el líder del régimen organiza manifestaciones y acapara la radio y la televisión cada vez que quiere,  uno llega al punto, por desgracia, de no prestarle un ápice de atención a todo lo que la maquinaria gobiernera propaga sin cesar día tras día.

Debido a esto, varios fueron los ciudadanos que pasaron por allí con sus camisas del Che Guevara y sus camisetas rojas con sus estampados del PSUV  y las miradas fulminantes de odio entre los dos bandos no se hicieron esperar. La polaridad en este país se respira en cada esquina, en cada calle y en cada ciudadano. Por suerte, la sensatez reinó y no se produjo ninguna escaramuza.

Nuestra amiga llegó unos minutos después y decidimos caminar hasta Parque Miranda. Cuando llegamos allí, el lugar estaba abarrotado hasta más no poder y la dura tarea de hacernos de un lugar para ver el discurso fue ardua y carente de buenos frutos. Pasada una media hora logramos hacernos en un lugar más o menos apropiado y esperamos con ansia la salida del hombre que con su verbo nos regala esperanza.

La espera se hizo larga y molesta y no dudé en pensar que habíamos cometido un error al haber llegado tan sobre la hora a la presentación. La nota curiosa y alegre en esa espera infinita la puso Kiko Bautista, el cual vimos cuando estaba entrando al estadio y nos pasó por un lado. Yo le grité Kiko, salúdanos vale que nosotros te vemos por la televisión y él, con la alegría y la amabilidad que expresa por los medios, nos saludó con la mano y nos gritó Épaleeeee muchachos, como si lo conociéramos de toda la vida.

Pasada una hora larga, de repente, se escuchó un silencio cómplice y luego los gritos de alegría y esperanza rebotaron por las paredes del recinto: Él había llegado. Salió por una puerta y las cámaras, los micrófonos, los abrazos y las gentes se amontonaron sobre él. Sonrió, como todo político al fin, y le extendió la mano y abrazó a todos los que pudo. Llegó a los empujones a la tarima y allí el poder de su palabra se hizo sentir.

Comenzó su discurso hablando sobre La Vinotinto y de la alegría que sentía el pueblo venezolano por haber derrotado a Argentina. Luego comenzó a hablar de los servicios públicos y le prometió al pueblo venezolano que en su posible gestión el agua y la electricidad serían un derecho inquebrantable y un servicio eficiente y serio.

Aunque me pareció válida la promesa y la importancia que se le tiene que dar a los servicios públicos en el país, me pareció realmente lamentable que el deterioro de esta nación, de la mano de este gobierno, haya llegado a una situación tal que las promesas electorales tengan que estar basadas en el derecho al agua, a la luz y en un camión que recoja la basura frecuentemente ¡Hasta en cosas tan triviales ha fallado Chávez y sus compinches de fiesta!

La importancia de sembrar el petróleo y dejar de depender de él como única fuente de ingresos del país—eterna promesa de tantos candidatos- también estuvo dentro de su discurso. Comentó sobre la unión y la hermandad del pueblo y de ir en contra de la polaridad y el odio que con tanta saña e irresponsabilidad fomenta Chávez en sus mítines infinitos ¡Venezuela será de todos los venezolanos!– dijo, y tengo que aceptar que yo le creí.

Estaba tan concentrado en todo lo que Capriles decía que se me había olvidado que estaba acompañado por mis compañeros. Cuando le puse mi mano en el hombro a una de mis amigas y le pregunté qué tal le estaba pareciendo el discurso, ella me miró con lágrimas en sus ojos y me dijo: Ésta es la Venezuela que yo quiero, no la que vivimos ahorita. Me dio sentimiento verla así, tan nostálgica, y luego agregó: Capriles Radonski ya tiene mi voto, a lo que yo le respondí: Y también el mío.

Poco después, mientras yo intentaba con mi cámara grabar el discurso, el candidato a las primarias lanzó una frase devastadora que provocaría miles de aplausos: ¡Porque esto no se trata de la derecha o de la izquierda, se trata de que es la hora de Venezuela! Y el ruido se hizo ensordecedor.

El discurso terminaría poco después,  y mientras Capriles trataba de caminar entre abrazos y cámaras de televisión, el ¡Se ve se siente, Capriles Presidente!  Lo acompañó hasta que desapareció tras la misma puerta donde entró. Yo me quedé anonadado y le pregunté a mi amiga que por qué el discurso había durado tan poco, pero luego recordé que llevo trece años escuchando las monsergas infinitas de Chávez y cuando presencio un discurso serio de una persona directa la cosa me parece extraña y de otro mundo.

Fue una experiencia política muy linda y emocionante,  tanto para mis compañeros como para mí; alejada de todo el populismo, la demagogia, el odio que profesa Chávez a diario y el sentido de superioridad sobre las instituciones que ejerce su verbo. Aunque mi voto ya era para Capriles antes de ir a su lanzamiento como candidato presidencial, ahora más que nunca estoy convencido de que sí que hay un camino y que el hombre que nos puede ayudar a forjarlo puede ser él.

Me despedí de mis amigos en la estación de Metro y la alegría y la esperanza era el común denominador en todos nosotros; ojalá que también lo sea, de aquí a un año, en la mayoría del pueblo venezolano.

PD: Intenté escribir este artículo hace un par de días, pero-como cosa rara en este país- se fue la luz en mi urbanización y tuve que posponer su escrito.

¡Porque sí hay otro camino!

Pronto nos veremos…

Nuestras ilusiones son Vinotinto

De la Cenicienta sólo queda el recuerdo

Gritos desaforados, gargantas rotas y abrazos colectivos fue lo que se vivió este martes cuando Amorebieta anticipó por el aire el centro de Juan Arango y mandó a guardar el balón allí donde las ilusiones se convierten en realidad y los gritos de gol retumban por todo nuestro ser. Mis amigos me escribían y las redes sociales se inundaban de comentarios apoyando a nuestra selección nacional; me decían que el sueño no era una quimera y que éste era el momento que tanto tiempo había esperado el fútbol nacional. No me cabe duda, lo fue.

Venezuela jugó un partido impoluto contra los albicelestes. Vizcarrondo y Amorebieta son una pareja de centrales solventes y confiables. Rosales y Cichero son unos monstruos y corren y marcan por las bandas como si sus vidas dependieran de ello. Tomás Rincón es un volante de contención implacable en la marca- para mí, el mejor jugador de nuestra selección- y Lucena cumple y transpira la camiseta como pocos.

Arango intermitente pero aparece cuando se le necesita y el “Maestrico” González deja todo en la cancha cuando de la Vinotinto se trata. Fedor, bastante luchador y Rondón buscó con insistencia el gol pero picó de egoísta y dilapidó un par de oportunidades que pudieron haber significado un resultado un poco más abultado.

Este partido en Puerto La cruz es la respuesta a muchos años de humillaciones, frustraciones y sinsabores, y también la consecuencia de más de una década de trabajo, que comenzó cuando el profe Luis Omar Pastoriza se hizo cargo de nuestra selección nacional por allá a finales de los noventa y puso un poco de orden dentro del equipo. Él dejó la semilla plantada y Richard Páez fue el elegido para seguir con el proceso que se inició con el argentino.

Llegaría luego César Farías, y a pesar de las grandes críticas que se ciernen sobre él- yo soy uno de sus más fervientes críticos-, el hombre ha tenido la capacidad de callarnos la boca cuando más se le ha puesto en entredicho y ha conseguido los resultados que años atrás eran sólo un sueño. A pesar de toda la emoción que sentimos por este gran triunfo sobre Argentina, ya con la cabeza fría, tenemos que comenzar a pensar las cosas con un poco más de calma.

Si bien, le ganamos a una de las selecciones con más trayecto e historia futbolística, debemos tener en cuenta que Argentina es una selección que viene comenzando un proceso con Sabela y que tiene muy poco rodaje. Desde Pekerman no se ve a una selección argentina que juegue a algo parecido a un fútbol medianamente coherente y eso hay que tenerlo en cuenta. Batista fue un gran error y ni hablar del impresentable de Maradona que mucho que habló y bastante poco que hizo. Sabela llegó a apagar un incendio en una selección que hace mucho que juega a nada, y hasta ahora no lo ha logrado.

He allí el porqué de tomarse con alegría pero con mesura esta victoria. Con resultados así, el patriotismo sale a flote y a veces no nos damos cuenta que el camino es largo y espinoso y que falta mucho para que podamos sentir en realidad que la clasificación al mundial está cerca. Se dio un gran paso, pero lo difícil aún está por venir.

A pesar de toda la euforia y del uno a cero conseguido sobre los albicelestes, debemos tener en cuenta que se perdieron tres puntos valiosísimos en Quito por el invento de Farías. El experimento le salió a medias al seleccionador nacional y debemos aceptar que muchos picaron de confiados al creer que el “aborto” que se logró en La Paz la eliminatoria pasada era posible nuevamente, esta vez con los ecuatorianos. Nos equivocamos.

Los de la mitad del mundo salieron a comerse la cancha y Antonio Valencia hizo lo que quiso por la banda derecha, y Granados demostró que todavía le falta mucho para estar en la selección. Se perdió dos a cero en un partido que pudo haber sido para goleada. Creo que Farías se equivocó con este planteo, y aunque el resultado con Argentina fue favorable, debemos tener en cuenta que la Vinotinto no pelea un cupo con Argentina- los gauchos, aunque comenzaron mal, tienen jugadores de sobra para recuperarse- sino que lo lucha con Colombia, con Perú, con Ecuador y con Chile; esos son los partidos que hay que salir a matar o a morir y Venezuela dejó ir tres puntos con un rival directo.Estoy seguro que pesaran mucho cuando las últimas jornadas se acerquen y quizás la suma no dé lo necesario para el tan ansiado puesto al mundial.

En la rueda de prensa un periodista le preguntó a Farías si este “invento” de jugar las eliminatorias con dos equipos se podría repetir en los siguientes partidos; el seleccionador nacional se mostró dubitativo y no descartó la posibilidad. Todos sabemos que este premundial es largo y que cada partido es una historia distinta, pero creo que Farías debe jugársela con los jugadores titulares en todos los partidos venideros. El resultado obtenido en La Paz contra Bolivia la eliminatoria pasada fue simplemente una casualidad- otros le llaman suerte o mala puntería- y no lo podemos poner de ejemplo cuando apenas se llegó una vez, en la jugada del gol, y Rafa Romo sacó varias pelotas de gol. Venezuela ha mejorado mucho, pero de ahí a decir que nos podemos dar el lujo de jugar con dos selecciones… ¡Vamos! seamos serios y realistas.

Así y todo, las sonrisas no se borran de nuestros rostros y las ilusiones crecen cada día más respaldadas por unos jugadores comprometidos y que dejan todo en la cancha. La cenicienta ya no existe y el décimo lugar está reservado para otras selecciones, pero no para la nuestra. Ahora nos miran con respecto y se preguntan cómo en tan poco tiempo hemos mejorado tanto. El fútbol es indescifrable, pero es justo muchas veces con quien se lo merece.

Por último, esta semana comenzó la temporada de béisbol de nuestro país. Debo decir, aunque les duela a muchos, que bastante poquito que se hablaba de béisbol por los pasillos de mi universidad y por las calles de mi urbanización; todo era la Vinotinto y la alegría del fútbol se respiraba por doquier.

¡Temblad Béisbol! Que el venezolano le comienza a agarrar el gustico al balompié y cuando uno toma vino del bueno ya el barato no le da tanto placer.

A celebrar Venezuela, que aunque el camino es largo y hay muchas cosas que cambiar y mejorar, el fútbol es una alegría y partidos como el de Argentina hay que disfrutarlos y recordarlos por siempre.

La meta está en el mundial de Brasil 2014 y esta vez, más que nunca, le respiramos en la nuca.

Pronto nos veremos…

Pensamientos en cápsulas

La demagogia y el populismo logran votos, pero no resultados.

Uno

El camión de la basura hace más de tres semanas que no pasa por mi urbanización. Las quejas se escuchan también en otros barrios de mi municipio y la alcaldía se hace de la vista gorda. Señor alcalde, Édicson Sarmiento, miembro del Psuv ¿La basura está sólo en las urbanizaciones o también en su gestión?

Dos

Me he enterado esta semana, por mi madre, que el ministro de transporte y comunicaciones, Francisco Garcés, forma parte de mi familia. Es hijo de un primo de mi madre y, por desgracia, compartimos apellido. Cuanta lástima me da saber que ese inepto y yo tenemos familiares en común. Siempre hay una oveja negra en las familias, o al menos en la mayoría de ellas. La mía no es la excepción.

Tres

Chávez se encadena con bombos y platillos, como cosa rara, y al ver su alocución observo al mandatario parado enfrente de las cámaras jugando softbol y enseñándoles a sus ministros cómo se lanza la pelota y cómo hay que recibirla. Al ver el circo montado por nuestro presidente ante los canales nacionales y del mundo, lo único que puedo decir es: ¡Esta vaina tiene que ser una joda! Pero no, no lo es. Bienvenidos al circo barato y lamentable de la política chavista.

Cuatro

Hace algunos días me fui a Caracas en carro. Tenía poca gasolina y decidí pararme en una bomba para llenar el tanque. Un sujeto sin dientes, con la camisa llena de grasa negra y un bigote inverosímil me dijo que sólo me podía ofrecer gasolina 91 porque 95 no había. Pasó lo mismo en un par de gasolineras más y entonces me pregunté: ¿Estamos en un país petrolero y no conseguimos la gasolina que queremos? Y pensar que todavía hay gente quiere votar por tuyasabesquién.

Cinco

Charlando con una compañera de clase en estos días nos pusimos hablar de política. No es nada raro teniendo en cuenta el país que vivimos y la polaridad existente. Charlamos de los sistemas políticos más idóneos para recuperar al país después de la posible salida de Chacumbele del poder el año próximo. Ella me dijo que sin lugar a dudas el neo liberalismo era la salida; además de eso, agregó una frase llena de gracia para concluir el comentario: “Yo nací y antes de llorar miré hacia la derecha”. Ahora que lo pienso bien, seguramente yo hice lo mismo.

Seis

Cuba, Nicaragura, Rusia, Irán, Arabia Saudita y Bolivia fueron los únicos países que le dieron apoyo al gobierno de Chávez en lo que se refiere a los derechos humanos en este país. 43 naciones se opusieron y expresaron su preocupación en esta materia al percibir que esos derechos no son respetados en Venezuela.  ¡Cómo el petróleo compra conciencias y fabrica amigos!

Siete

Hace unos días un amigo me llamó y me dijo que nos inscribiéramos en un par de cursos que el Celarg está dictando. Para nadie es un secreto que esa institución es del Estado, pero acepté y decidí llevar los papeles para ver si era admitido en los seminarios. Nos inscribimos en el de narrativa y esperamos los resultados.

Ocho

Mi cuento era una pequeña historia de un hombre que se enamora de una intelectual en un bar de Chacao. Dicho bar le pertenecía a un colombiano costeño llegado a Venezuela en la época de la bonanza petrolera del Primer gobierno de Pérez. Era una historia cursilona con un final bastante regular, pero no la aprecié como algo del todo desdeñable. La de mi amigo era la historia de un apasionado hombre que ama a su país y lo recorre dándose cuenta de los destrozos que ha hecho el gobierno de Chávez a lo largo de la nación. Su cuento era más bueno que el mío, y él más que yo merecía quedar en el curso.

Nueve

Su cuento criticaba suave pero punzantemente a Chávez, pero creí-ingenuamente- que por esa razón no lo dejarían de lado. Al final le mandaron un correo a todos los que quedaron en el curso y a ninguno de nosotros dos nos llegó  notificación alguna de que hubiésemos calificado. Al comienzo,  pensé que mi amigo y yo éramos muy malos escritores- lo cual no es una tesis descabellada- pero luego pensé que era obvio que en cuentos que nombran a la “Cuarta República”- ésa que le da tanta alergia a Chávez- y que critican al régimen de turno, era imposible que nos dieran una oportunidad de quedar ¡Y Pensar que luego dicen que la educación del Estado no está politizada!

Diez

Leí hoy en las noticias que nuestro seleccionador nacional, César Farías, dijo que el culpable de la derrota de la Vinotinto en Quito fue única y exclusivamente responsabilidad de él. Ahora yo me pregunto ¿Venezuela tiene jugadores para darse el lujo de jugar con dos selecciones las eliminatorias? Entonces Farías ¡Acertaste! ¿De quién más podría ser la culpa sino tuya?

Once

Ya se acabaron las vacaciones. Hace una semana que hay clases y muchas de las personas que conozco han vuelto de sus placenteras vacaciones en las diferentes partes del mundo. Leo en sus estados de Facebook y en su twitter cosas como: “De vuelta a Venezuela y a nuestra triste realidad” o “Triste :(, ya estoy otra vez en este país. A lo que yo les respondo: De vuelta a esta triste realidad que te necesita a ti para cambiar ¡Huevón! A la mayoría no les gusta mi respuesta. La verdad muchas veces tiende a doler bastante.

Pronto nos veremos…

 

 

 

Carlos Andrés Pérez: El hombre que camina

El hombre que caminó y que dio siempre la cara

“Ese hombre sí camina, va de frente y da la cara” ¿Cómo nuestros padres y abuelos podrán no recordar aquella canción memorable en las elecciones de diciembre de 1973? ¿Cómo no escuchar aquella melodía y no rememorar aquella imagen de Carlos Andrés Pérez caminando con el pueblo venezolano y saltando charcos? Difícil no recordar, para bien o para mal,  aquella época de la democracia venezolana.

Ya la novela de Pérez culminó este 6 de octubre. Los familiares fueron en contra de su deseo de no ser enterrado en Venezuela mientras estuviese Chávez en el poder, y decidieron que el ex presidente no podía descansar en otro sitio que no fuera su patria. Él quería ser enterrado provisionalmente en Miami hasta que Venezuela viviera el proceso de cambio que muchos de nosotros anhelamos, y pudiera descansar en una patria totalmente libre. No fue así, fue enterrado este 6 de octubre en suelo venezolano, y a pesar de que su deseo no fue cumplido, el recibimiento que le dio gran parte del pueblo fue tan majestuoso que nadie se atreverá a decir que sus hijas se equivocaron al darle cristiana sepultura, desde un principio, en su país natal.

Mi intención con este escrito no es reivindicar a Pérez, ni hablar de las maravillas de sus gobiernos y los grandes aciertos de sus políticas; ni tampoco expresarme con nostalgia de aquel tiempo en que éramos felices y no lo sabíamos. Pérez es un hombre que forma parte de nuestra historia y como todo humano cometió grandes errores y también tuvo aciertos dignos de admirar y destacar. La idea es hacer un recuento de sus logros políticos y también de sus muchos desaciertos cuando tuvo las riendas de esta nación y tuvo en sus manos el bienestar de los venezolanos.

Pérez llegaría al poder por primera vez en el año de 1974, luego de que ganara las elecciones presidenciales a su gran rival de turno: Lorenzo Fernández.  Pérez tuvo como primer objetivo la nacionalización de la industria petrolera. Si bien, las concesiones antes hechas expresaban que Venezuela debía dejar la explotación petrolera a las empresas privadas hasta comienzos de la década de los 80, él se sentó con las compañías extranjeras y negoció la eliminación de los tratos antes acordados. Éste fue uno de sus logros: La nacionalización del petróleo.

Como siempre dependimos de terceros para la explotación petrolera, Pérez puso a funcionar las muy conocidas becas de estudio “Gran Mariscal de Ayacucho” para que muchos de los jóvenes de esa época fueran al extranjero a estudiar todas las carreras referentes a la industria petrolera y traer los conocimientos a la nación, y que la explotación del crudo dependiera en gran medida de los mismos venezolanos.

Parece contradictorio que en nuestro afán de soberanía petrolera se nos haya pasado por alto que eran muy pocos los venezolanos que sabían verdaderamente de esta industria. Quizás fue todo muy atropellado, pero la nacionalización fue posible y el capital humano venezolano llegaría a los pocos años a ocupar los puestos que antes eran de los extranjeros.

La gran crisis que se vivía en el Medio Oriente por ese entonces  hizo que los precios del petróleo se dispararan vertiginosamente y que de un día para otro pasáramos de ser un país en desarrollo a ser una nación inmensamente rica. El gobierno de Pérez fue incapaz de manejar de manera coherente y sensata esas toneladas de dólares que ingresaban al país y cuando vinimos a ver los venezolanos viajábamos todos los fines de semana a Miami y nos sentíamos millonarios porque nos llegaba dinero a los bolsillos y ni conocíamos de dónde provenía, y mucho menos las consecuencias que traería para el país nuestra irresponsabilidad al gastarlo.

Fueron años de derroche. El dinero caminaba por las calles, la corrupción se hizo inevitable y los escándalos de políticos que alteraban los números y se enriquecían con el dinero de la nación comenzaron a surgir a borbotones. Pérez  no fue capaz de controlar tanta fuga de dinero, y al pueblo tampoco le costó demasiado malgastar todo el resto que andaba en la calle, y su gobierno se ensució con esos grandes escándalos de enriquecimiento ilícito. Me atrevería a decir que fue el gran primer golpe que sufrió la confianza del pueblo hacia los políticos.

Realizó algunas buenas obras públicas con todo ese dinero que entraba gracias a los altos precios petroleros, pero ya la imagen de ética política y de resultados tangibles que fueron posibles en los tres anteriores gobiernos no fueron visibles en el de Carlos Andrés. Los escándalos de corrupción y su ineptitud para tratar de controlar el dinero que entraba a la nación mancillaron su gobierno. Su desempeño en la presidencia fue bastante regular y marcaría un punto de inflexión política para nuestra nación.

Cuando vuelve a tomar las riendas del poder en las elecciones de 1988, el panorama del país era otro. Atrás había quedado el derroche, los altos precios del petróleo y nuestros fines de semana comprando ropa en Miami. La crisis en el Medio Oriente ya no estaba y los precios del petróleo se desplomaron. Ya los ingresos eran insuficientes para mantener aquel estado de bienestar que agonizaba  y “Papá Estado” no tenía liquidez y estaba bastante endeudado.

Cuando Pérez vuelve a tomar la presidencia se encuentra con que Lusinchi se ha gastado gran parte de las reservas del Banco Central y que allí sólo hay unos 300 millones de dólares, dinero que alcanzaba para un poco más de 2 meses de importaciones. Los ingresos petroleros eran bajos y la catástrofe estaba a la vuelta de la esquina.

Sin otra opción, y en una decisión totalmente acertada, Pérez se rodeó de grandes ilustres para intentar llevar a cabo las reformas económicas pertinentes para salvar la economía de la nación. Se tomaron medidas neo liberales, ésas que ahora Chávez tanto critica y menosprecia, y el plan de la reconstrucción del país se puso en marcha.

Hay dos cosas que resaltar en este segundo periodo  inconcluso de Pérez. La primera es el famoso “Caracazo”, donde supuestamente en pueblo hambriento y lleno de miseria salió a la calle a protestar por esas medidas liberales que estaban desangrando a la nación. Sería importante hacer unas cuantas preguntas. Cuando el Caracazo se produce apenas había pasado un mes desde que el nuevo paquete económico fue puesto en marcha y las interrogantes surgen ¿En apenas un mes ya la gente se moría de hambre? ¿En apenas un mes ya el país estaba en debacle? ¿En apenas un mes ya la situación era tan mala? O por el contrario ¿Hubo algo planificado detrás de esa “explosión popular”?

Parece risible pensar que en apenas cuatro semanas ya los venezolanos estuviésemos sufriendo por esas medidas “antipueblo” que tomó Pérez. Esto es sólo especulación, pero de que hay algo raro detrás de todo esto, eso es seguro.

Lo demás ya todo lo sabemos: el golpe de Estado del Gorila de Chávez mientras Pérez le explicaba a la opinión pública en Suiza como su paquete económico “antipueblo” había provocado un incremento del  5% en el PIB y cómo la recuperación del país estaba siendo posible. Luego vendría el famoso juicio en donde se acusa a Pérez de regalarle 17 millones de dólares a la presidenta de Nicaragua y lo que fue su posterior salida del poder.

A pesar de todo lo que diga el régimen de turno sobre Pérez, en esa historia amañada que ellos le cuentan al pueblo, Carlos Andrés fue un hombre que con sus virtudes y defectos formó parte de la historia de nuestra nación y fue un ser humano tan profundamente creyente en las leyes y en la democracia, que cuando se le acuso de corrupción por esos 17 millones que le dio a la presidenta de Nicaragua, no huyó ni se escondió como Chávez cuando su golpe fracasó, sino que enfrentó su error, le dio la cara a la justicia venezolana y aceptó las consecuencias de aquel acto.

No cualquier político es capaz de semejante cosa. A pesar de la crisis política de ese momento, esa fue una victoria del estado liberal venezolano y de la independencia de los poderes públicos. Cuanta tristeza da recordar, que a pesar de los muchos desaciertos del pasado, ésta era una nación con reglas establecidas y los poderes públicos no estaban plegados a un presidente.

Sin ser el dueño de la verdad, ésta es la historia más allegada a los hechos reales que puedo construir,  y no puedo más que sentir admiración hacia un hombre que agachó la cabeza, en un país donde a nadie le gusta cargar con las culpas, y decir: Sí, lo hice, fue un error y pagaré por ello. Un ejemplo digno de convicción democrática.

Ojalá que, dondequiera que esté, Dios lo tenga en su gloria porque él estará por siempre en nuestra historia y en la memoria de muchos venezolanos.

Pronto nos veremos…

Cosas por preguntarse

Esta vez el ferrocarril fue la víctima de la desidia

Los vi una vez que venía de la universidad. Eran las seis y media de la tarde y estaba montado en el ferrocarril en la estación La Rinconada. El lugar estaba atestado de gente y en los vagones las personas se apretujaban como podían para tratar de llegar a su casa lo más pronto posible;  me atrevería a decir, sin metáfora o exageración alguna, que quizás esa reconocida frase “No cabía ni un alfiler” se podría haber aplicado ese día sin ningún problema.

Yo estaba agarrado de los pasamanos mientras intentaba en vano alejarme de los golpes y los empujones, los cuales son mucho más frecuentes en las cercanías de la puerta.  El primero de ellos era un joven de no más de 25 años: tenía el cabello cortado al ras, ojos negros, piel oscura y voz chillona. El otro era un hombre mucho más mayor, quizás 45 años: Vestía una camisa de botones color negra, un pantalón barato color azul, cara redonda y con una calvicie casi total. La tercera del grupo era una mujer, tenía el aspecto de la típica venezolana de clase baja echada para adelante: vestía con gran simpleza, cara de cansancio y cargaba tres grandes bolsas dobles donde estaban algunas verduras y algunas latas de alimento.

Como pude, saqué mi ipod e intenté buscar una canción que ahora no sabría precisar. Cuando estaba a punto de darle “play” para que sonara, el hombre mayor miró al muchacho y le dijo:

–          ¿Qué te parece eso ahora? Esos escuálidos sí se quejan. Este tren no se hubiese podido hacer sin que nuestro comandante no estuviese en Miraflores. Y pensar que antes nos teníamos que calar esas colas en la Valle-Coche y ahora nos vamos en tren; eso antes era impensado.

El muchacho asintió con la cabeza mientras lo escuchaba hablar y se acomodó los lentes, que se le resbalaban de la base de la nariz.

–          Yo lo sé, es que a mí nadie me engaña chamo. Esos opositores creen que van a venir a decirnos mentiras así como así y nosotros nos lo vamos a creer; el pueblo no es tonto. Ellos saben que este tren sin Chávez era sólo un sueño.

Mi madre siempre me ha criticado porque soy un imprudente y porque me meto en lo que no debo, quizás por eso terminé estudiando periodismo. Haciendo gala de esa “cualidad” que tanto me critica mi madre desde que tengo uso de razón, fue que no pude resistir y me metí en la conversación como si yo fuera uno más de ellos.

–          No te creas que las cosas son así. El proyecto del tren de los Valles del Tuy a Caracas era un plan que nació en la Cuarta República y que supuestamente estaba destinada a terminarse en 1997; hubo distintos problemas y la culminación se retrasó.  Chávez lo pudo terminar antes, pero no sé por qué él también tardó tanto en culminar la obra. Al final lo inauguraron en 2007, más de diez años de retraso.

No sé por qué, quizás porque estaba tan concentrada en que las verduras no se salieran de la bolsa, que la señora apenas y me miró mientras yo hablaba y cuando terminé mi comentario bajó la mirada nuevamente y siguió observando sus compras. Los otros dos hombres sí reaccionaron de manera diferente. El muchacho me miró con hostilidad y torció la boca. El señor me fumigó con la mirada y me vio con gran desprecio.

Supe en ese momento que no debí involucrarme en su conversación, pero ¿Cómo evitarlo? La polaridad en este país es tan grande que es difícil no terminar hablando de política siempre en todos lados. Luego me dejaron de ver y reanudaron su conversación. Ya el tema del ferrocarril había quedado de lado y ahora hablaban de las elecciones presidenciales del 2012.

–          Chávez es fundamental para seguir haciendo la revolución. Este país necesita de un hombre como él, que no tenga miedo de decir las cosas como son. Él con sus misiones y con este ferrocarril me ha dado mucho más de lo que me ha dado cualquier presidente de esa cuarta republica maloliente.

El señor le responde:

–          Es que los medios de comunicación sólo saben decir mentiras e infundir el pánico en la población. Chávez debería hacer algo con todos esos apátridas de los periódicos y canales escuálidos que sólo saben mentirle al pueblo.

Supe que sus miradas hostiles habían sido una prueba más que irrefutable de que no me querían en su conversación, que ellos no  deseaban que me involucrara en sus asuntos, pero aun así les dije:

–          ¿Y ustedes creen que VTV sí les dice la verdad y qué es totalmente imparcial?

Esta vez me miraron rápidamente y me ignoraron. Estaba claro, mis preguntas e interrogantes no les importaban un comino.

Decidí hacerme el distraído pero seguir escuchando la conversación. La señora, la cual en todo este tiempo pareció más interesada en las verduras y vegetales que había en sus bolsas que en lo que hablaban sus amigos, de repente rompió su silencio  voluntario y soltó una frase que a mí me pareció  lapidaria:

–          Yo no digo que Chávez sea malo o que no haya hecho nada, pero les puedo decir que yo no voy a votar por él en el 2012 porque está clarísimo que ese señor se quiere quedar en el poder para siempre. El poder corrompe a la gente, y aunque no me guste la oposición, no votaré por una persona que no quiere darle la oportunidad a otros.

La miré con admiración. Aquella mujer, que seguramente apenas y terminó su bachillerato, había llegado a una conclusión democrática tan básica, pero tan difícil de hallar para muchos,  que por un instante me pareció una ilusión que aquella guerrera de la vida hubiese dicho semejante argumento tan válido e importante. Sé que valió la pena la hostilidad de sus acompañantes porque aquella mujer me dio una esperanza más para seguir luchando por algo que corre tantos peligros en nuestro actual país: La democracia.

Ahora que hace pocos días murió un conductor del ferrocarril por una colisión con otro tren, que los trabajadores ferroviarios se han declarado en huelga hasta que no les ofrezcan la seguridad laboral pertinente y le echan la culpa al presidente del IFE porque hace más de un año le exigieron que hiciera las mejoras pertinentes al sistema y el señor se hizo de la vista gorda; me gustaría tener enfrente nuevamente a ese par de sujetos y preguntarles: ¿Qué pasó con el tren y el servicio “excelente” que tanto defendían hacía sólo unos pocos meses? ¿Quién responde por el conductor fallecido? ¿Todo es tan maravilloso como decían?

Difícilmente el azar me pueda ofrecer nuevamente la oportunidad de encontrármelos a la misma hora y en el mismo vagón nuevamente e involucrarme en sus conversaciones, pero ya este accidente marcó una pauta y ojalá que personas como ellos se hayan dado a la tarea de preguntarse a sí mismos ¿de verdad las cosas están tan bien?

Muchas cosas hay por cambiar y cuestionar.

Pronto nos veremos…