Hört der Regen auf Strasse zu füllen

Archivo para septiembre, 2011

Un poco de fútbol: Caracas FC

El pran más buscado. Delitos: Posturas antidemocráticas y monopolio de poder.

Hacía ya bastante tiempo que no escribía un artículo de fútbol, las intenciones siempre las hubo pero las ganas nunca se terminaron de concretar. Quizás haya sido por las pocas alegrías que me brindaron mis clubes la última temporada: El Inter fue sólo una pincelada, un boceto mediocre y lamentable de aquel equipo, que de la mano de Mourinho, nos hizo campeones de todo y nos llevó a tocar el cielo con las manos. El Caracas FC, de la mano de Ceferino, peleó y luchó por el campeonato hasta donde pudo,  pero el acérrimo rival se hizo con el título y las ilusiones nos las tuvimos que reservar para esta temporada.

Si a esto le agregamos que mi querido Junior de Barranquilla hizo un papelón en la Libertadores, ya podemos ver el porqué de que mis ganas de escribir nunca se terminaran de puntualizar.   Pero la semana pasada, que fui al estadio Olímpico, presencié una epifanía futbolística que me sacó del letargo al que me había sumergido hacía ya un par de meses.

Esa vez jugó el Caracas FC contra Mineros de Guayana. Todos mientras íbamos camino al estadio creíamos que iba a ser un partido parejo y bastante disputado. Como el fútbol es caprichoso e impredecible, el partido fue sólo del Caracas y éste aplastó al equipo guayanés con un cuatro a cero bien trabajado y sin muchas  complicaciones defensivas.

Como tal, el partido da para escribir un artículo relatando sólo los aconteceres del compromiso, pero ésa no es  la intención de este escrito. De lo que verdaderamente quiero hablar es del delantero alto, fornido y pelirrojo que tiene el equipo avileño, ése que parece sacado de una película de guerras vikingas o de algún luchador sueco. De quién más se podría tratar sino de Fernando Aristiguieta.

Tengo que aceptar que aquel día me fui enamorado del segundo gol que marcó el goleador rojo. La primera anotación fue un gol de garra, de lucha y de pelea que se concretó luego que la pelota quedará sin dueño cerca del punto penal y el delantero mandara un derechazo furibundo que terminaría en las redes, anotación con la cual las ilusiones visitantes comenzaron a destruirse.

El verdadero éxtasis llegó con el segundo gol del compromiso. Una jugada que surgió de los predios locales por la banda derecha y que luego se convertiría en un pase al hueco para el delantero caraqueño. Luego de tres pases exquisitos, que se gestaron al borde del área, uno de los jugadores del Caracas filtraría la pelota allí donde las ilusiones se convierten en algarabía y Aristiguieta guapeó con el defensa y definió exquisitamente dejando la pelota dormida en el segundo palo del arco rival. Fue una jugada majestuosa, llena de calidad futbolística y un ejemplo de cómo con toques de primera se puede desconcentrar al rival y dejar a su defensa fuera de toda posibilidad de contrarrestar  el embate.

Al final, el resultado sería un contundente cuatro a cero, pero aquel segundo gol fue el que verdaderamente pagó la boleta de entrada. Después de ver ese ejemplo de jugada colectiva creo que el fútbol actual se fija tanto en estrellas y tan poco en los equipos- a excepción del Bacerlona FC, por supuesto-  que parece que hemos olvidado el verdadero significado del fútbol: lo colectivo.

Aparte del segundo gol, mi otra gran sorpresa de aquel día fue la foto que ven ustedes al comienzo del artículo. Algunos iluminados y rebeldes pintaron por diferentes partes del estadio, y sus afueras,  la cara del Presidente de la federación y le pusieron abajo la frase: “Se busca al pran de la FVF”. Cuanta alegría sentí cuando vi que los aficionados del fútbol no se callan y que, aunque nos amedrentan y nos amenazan con que el club va a jugar a puerta cerrada, siempre la gente se inventa nuevas forma para hacerse escuchar.

Recuerden ustedes que Rafael Esquivel, compinche de Chávez, lleva más de 20 años como presidente la federación y no ha habido poder humano para que el hombre suelte el cargo y le dé la oportunidad a otra persona. Como ya todos saben, eso de la alternabilidad en el poder y de brindarle el apoyo y las oportunidades a los demás para que puedan contribuir por el bien común no es algo que se le dé muy bien a los amiguitos del gobierno.

El pueblo no se calla, y aunque el “pran” de la FVF sigue con su monopolio de poder  y sigue con sus ardides para seguir enconchado en la presidencia, el descontento se siente por las calles y al final el aficionado es el único y verdadero juez. Los cánticos critican, los gritos de indignación se escuchan en las gradas, las pancartas se leen y el descontento se respira en los estadios ¡Temblad Esquivel! Que la vida, tarde o temprano, pasa factura.

Pronto nos veremos…

 

Algunas memorias

Una de las memorias

Uno

El día que llegué a Venezuela, día el cual no recuerdo.

Dos

La tarde que llegué a Cúa, la cual tampoco recuerdo pero que siento que fue el inicio de una vida de alegrías.

Tres

La primera vez que me monté en un avión. Fue un vuelo directo Caracas- Bogotá en la aerolínea Avianca. Una hora y diez minutos volando. El momento soñado por muchos niños.

Cuatro

La primera vez que pisé Bogotá. El frío me arropó y una aeromosa cachaca me dijo buenos días con acento colombiano. Nunca había visto tanto verde en ninguna ciudad.

Cinco

La primera vez que tomé gaseosa sabor a manzana y el color de la bebida era roja. Los refrescos venezolanos son mucho mejores, no hay duda.

Seis

La primera vez que fui al estadio de fútbol. Tenía doce años, mi papá me llevó. Fue en Bogotá; fuimos al Nemesio Camacho “El Campín”. Ese día jugó Santa Fe contra el Cortuluá. Santa Fe comenzó ganando y el Cortuluá empató en el segundo tiempo, quedó 1 a 1. Santa Fe no clasificaría ese año a los octogonales. Esa tarde el narrador del estadio diría los resultados de la fecha del fútbol colombiano y el Júnior había perdido en Barranquilla 3 a 1. Ese año el Junior tampoco clasificaría a los octogonales, tenía un equipo de mierda que le decían, burlonamente, “El kinder garden”.

Siete.

La primera vez que fui al colegio de los jesuitas Agustiniano Ciudad Salitre. Quedaba por la carrera 70. Allí aprendí a odiar las matemáticas.

Ocho

Las elecciones presidenciales donde salió electo Chávez. Comenzaba una catástrofe, pero sólo pocos venezolanos lo sabían.

Nueve

El primer discurso que vi de Chávez por la televisión. Él tomaba café y lo absorbía, y luego de dejar la taza en la mesa se limpiaba la boca con la manga de la camisa. A mí me pareció gracioso ver a un presidente hacer eso, ¡y enfrente de la televisión y el mundo! Era muy niño, no sabía lo que pensaba.

Diez

El golpe de Estado de 2002. La gente salía a la calle a mares y los militares imbéciles no supieron ni hacer bien un golpe de Estado, lo que supuestamente es lo mejor que deberían hacer.  Soy un demócrata, mejor que haya sido así.

Once

Los militares no sirven para nada. Son la plaga más grande de este país y sólo sirven para matraquear a la gente en los peajes y en las carreteras y fraguar golpes de Estado. Esos pobres seres no defienden la soberanía ni de su entrepierna ¿Cómo pedirles que hagan algo productivo por el país?

Doce

Mi vuelta a Caracas en pleno paro petrolero. No es tan bonita como Bogotá, ni de cerca, pero forma parte importante de mi vida.

Trece

La primera vez que leí a Vargas Llosa, ese día cambió mi vida ¡Larga vida al intelecto y a la persona de este monstruo de la literatura!

Catorce

El día que leí La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón. Después de leer un libro como ese es inevitable enamorarse de la literatura.

Quince

La segunda vez que fui al estadio de fútbol. Fue en el Brígido Iriarte. Jugó Deportes Tolima y Mineros de Guayana por la Copa Suramericana. El partido quedó dos a dos y el Tolima pasó a la siguiente ronda por goles de visitante. Ese día jugó  el inacabable “El lagarto” Juancho García, el longevo goleador de nuestro fútbol nacional. La última vez que supe de él tenía 222 goles como profesional y estaba entre los 40 jugadores que más goles han marcado en el fútbol mundial. Tenía cerca de 40 años ¿Se habrá retirado ya de las canchas?

Dieciséis

Las elecciones presidenciales de 2006. Chávez aplastó a Manuel Rosales y, aunque no soy politólogo, siempre supe que Chávez iba a ganar. Fueron seis años más de catástrofe. No me pregunten cuál es el presentimiento que tengo para las elecciones del año que viene; ni yo mismo lo sé.

Diecisiete

La primera vez que voté. Fue el año pasado para las elecciones parlamentarias. Voté por Acción Democrática; no soy adeco, pero en ese entonces terminé de leer el libro de Manuel Caballero llamado Rómulo Betancourt, político de nación. Después de leer ese libro y ver los esfuerzos incuantificables, del para mí padre de la democracia de este país, por agradecimiento a toda su lucha en contra de la tiranía militarista, y luego en contra del comunismo en la época de la Lucha Armada, sentí la obligación de votar por el partido que él fundó.

Dieciocho

Los amigos que perdí, que no son pocos.

Diecinueve

Los amigos que gané, que no son muchos.

Veinte

De las personas que me decepcioné, que son bastantes.

Veintiuno

El día que fui a la universidad. Sabía que quería ser comunicador. No había entrado ni a una sola clase y me sentía más periodista que cualquiera de esos famosos que trabajan en CNN.

Veintidós

El día que comencé a soñar con escribir, no creo que lo logre pero la irracionalidad humana es una característica que se nos da bien a todos los seres humanos.

Veintitrés

El día que creé este blog. Antes me leían diez personas y ahora por cada artículo me leen 40. No es gran cosa, pero es un comienzo.

Veinticuatro

Mi odio al comunismo y al socialismo; mi poca fe en la Socialdemocracia y mi apego a las ideas liberales, capitalistas y democráticas. Sé que ese es el camino y no hay argumento que me convenza de lo contrario.

Estas son mis memorias, justo ahora que se me dio por recordar.

Pronto nos veremos…

Allí en el mar

Allí donde los miedos y las preocupaciones se toman un descanso

Siempre es más fácil vivir en la ficción que en la realidad. Para vivir en la ficción sólo se necesita imaginación y tiempo, mientras que en la vida real hay que salir a luchar por un futuro que siempre será esquivo, implacable y que muy probablemente nunca conseguirás, o no se parecerá a lo que esperabas.

Como la imaginación siempre te ofrece una mejor alternativa- excepto cuando despiertas y te das cuenta de que nada es cierto y que tú consuelo será saber que hay alguien más jodido que tú-  tomé el carro de mi papá y me vine a la playa con mi mamá y mi hermana a disfrutar de tres días de relajación y exento de compromisos, para así acercarme un poco a la vida que muchos soñamos y que pocos viviremos.

Hacía unos días una pequeña piedra en la autopista había volado al parabrisas del carro , impulsada por la rueda del automóvil de adelante, y esto provocó una pequeña fisura en el vidrio. Mi papá quedó en ir al seguro y acomodar el daño, pero los compromisos pendientes no le dejaron visitar al perito y solucionar el problema. Es por esto que mientras manejaba a la casa de la playa, y me disponía a vivir mis tres días de flojera y libres de cualquier menester, un guardia nacional fofo, rollizo, con acné en el rostro y una cara de ser el hijo bobo de la familia nos hizo parar a un costado de la autopista y pedirnos los papeles pertinentes.

Mientras buscaba en mi cartera y debajo del asiento los documentos,  tuve el presentimiento de que ese inepto asalariado del Estado tenía un plan entre manos. Cuando le entregué todo y verificó que mi permiso de conducir estaba en regla me expresó que había un problema innegable e “ineluctable” que impedía que siguiera mi camino.

Cuando lo escuché decir esa palabra, en ese tono de erudito barato y lector de revistas de poca monta, me di cuenta de que esto no era un chequeo de rutina el que estaba haciendo. Me dijo que el vidrio del frente estaba roto, lo que equivalía a una multa de 750bs y que debía llamar a una grúa para que recogiese el vehículo porque transitar así era ilegal. A mí me pareció aún más ilegal que tener 10cm de vidrio roto, ver uniformado a un sujeto con una cara de imbécil inmejorable y con una postura encorvada tan impresentable obligándome a cumplir unas normas y unas leyes que ni él cumplía ni hacía cumplir a nadie, excepto cuando necesita efectivo para tomarse unas cervezas con sus compinches y el sueldo miserable que le pagan no le es suficiente.

Cuando estaba dispuesto a llamar a la grúa y dañar todos nuestros planes, mi mamá, en su verborragia efectiva, convenció al guardia de que solucionáramos las cosas de otra manera y pasáramos el incidente por alto. Obviamente, el sujeto aceptó y con toda la parsimonia del mundo nos exigió 400bs en un sobre- para que su jefe no sospechara, según nos dijo-  y al recibirlo nos sonrió con su cara redonda y fofa y nos dio las gracias por la contribución a la honrosa y “bizarra” Guardia Nacional Bolivariana. Al menos sabe cuál es el verdadero significado de la palabra “Bizarra”, pensé.

Mientras le exigía a mi madre una explicación del porqué de aquella actitud y aquella actuación tan en contra del deber ser y el cumplimiento de las leyes, pensé en varias cosas: ¿Quién es más corrupto? ¿Mi mamá por cuidar nuestra propiedad y evitar que el carro estuviese una noche en un patio de tránsito, donde lo más probable es que lo revisaran de pie a cabeza y buscaran algo que quitarle o robarnos alguna pertenencia olvidada en alguno de los asientos, o aquel guardia rollizo, y seguramente borrachín, que “matraquea” al que puede para tratar de sobrevivir con el sueldo miserable que le paga el Estado?  ¿Qué es peor? ¿El ciudadano que ve los entes del orden como unos usureros o las instituciones que no hacen cumplir las reglas y condenan a sus funcionarios a mendigar porque su salario no alcanza para vivir dignamente?

Llegué a la conclusión de que independientemente de lo correcto o lo incorrecto, el guardia borrachín y de poco compromiso con la ley hizo lo que tenía que hacer, al igual que mi madre, que cuidó el patrimonio familiar y evitó que cayera en las manos de aquellos guardias corruptos y mañosos . Tal vez Dios se equivoca y hacer lo correcto no siempre es lo que te dará una vida de alegría y satisfacciones; todo es cuestión de supervivencia. Quién sabe.

Cuando llegamos a la casa de la playa y comenzamos a bajar las maletas del carro, mi papá llamó y nos dijo que uno de sus principales clientes había recuperado a uno de sus hijos en las horas de la madrugada, porque hacía dos días unos hombres, dejados de la mano de Dios, lo secuestraron y lo mantuvieron dos días amenazado de muerte si su padre no les daba 250 millones de bolívares. El padre le pagó el rescate a aquellos facinerosos y escorias de la humanidad y ellos tuvieron  “la gentileza” de devolverle a su hijo sano y salvo. Al parecer le dieron de comer y lo trataron bien cosa que no mejora mucho la situación, igualmente.

Al día siguiente, el papá se dispuso a poner la denuncia en la policía; cuando apenas estaba haciendo los papeleos y los trámites pertinentes, los secuestradores lo llamaron y le dijeron que si no retiraba la denuncia su hijo amanecería muerto un día de estos. Obviamente, está más que claro que los secuestradores tienen contacto con la policía y los mismos “cuerpos de seguridad del país” colaboran con este tipo de antisociales a cambio de algún cheque con monto significativo que les haga vivir mejor de lo que puede vivir cualquier persona con un sueldo de policía.

A esto ha llegado nuestros cuerpos policiales: A trabajar con los delincuentes para protegerlos y hacer que hagan sus fechorías sin recibir ningún castigo y sumergir nuestro país en la más pura impunidad. ¿Cómo se respeta y se admira a nuestras instituciones y cuerpos policiales de esta manera? ¿Cómo confiamos y creemos que nos protegen si actúan en contra de su pueblo?

Sabiendo todo esto, me acerqué a la playa y vi como el sol se ponía mientras las olas se mecían una y otra vez hacía la orilla y el agua salada me besaba los pies. En ese momento, mientras observaba toda aquella belleza que nos ofrece nuestro país, sentí que, a pesar de todo, las cosas pueden mejorar para nosotros y que la vida es más hermosa cuando el sol se oculta delante de ti y el mar  se mece frente a tus ojos.

Pronto nos veremos…

 

 

 

Cavilaciones cualesquiera

Tan abstracto y sin dirección como nuestra realidad, pero igual de fascinante

Uno

La crisis económica que está enfrentando el mundo no perdona. Hoy, pasando los canales en la televisión, enganché el discurso de Obama donde le explicaba al pueblo estadounidense cuál había sido la propuesta que le había hecho al Congreso para tratar de enfrentar la debacle económica y seguir manteniendo a Estados Unidos como una referencia económica a nivel mundial.

Mientras lo veía hablar con una seguridad envidiable y con su inglés impoluto, no pude más que sentir envidia ante aquel sujeto intelectual, que sin decir una mala palabra, le arrebataba aplausos y miradas de ilusión a los congregados allí presentes. ¿Cuándo tendremos un presidente así?- me pregunté.

Dos

Revisando las redes sociales en estos meses de vacaciones estudiantiles, me topé con que muchos de mis amigos se encuentran en diferentes partes del mundo disfrutando de unas vacaciones en Europa, en Miami o en algún paradisiaco lugar. También me encontré con algunas fotos de ellos en playas espectaculares de nuestro país y posando con unas sonrisas de esas que tienen la misma probabilidad de ser tan auténticas como impostadas.

Cuando veo aquellas fotos en las redes y comparo todo aquello con lo que han sido mis vacaciones,  llego a la irrefutable conclusión de que ninguno de ellos sabe la felicidad, la algarabía y el sosiego que se esconde detrás de un buen libro, una buena hamaca y una brisa fresca en un bello atardecer. Cada quien disfruta sus vacaciones como quiere, supongo.

Tres

Esta semana conocí a Germán Carrera Damas. Tuvo la gentileza de visitar a mis compañeros y a mí en una oficina de Plaza Venezuela. Un amigo izquierdoso y soñador me había avisado de aquella visita y no reparé en decirle que me guardara un puesto en aquella improvisada sala de conferencias.

Metimos unas doce sillas y nos pusimos alrededor de dos grandes mesas. Nos apretujamos como pudimos y le dimos, como era de esperar, la cabecera de una de las mesas a nuestro invitado. Llegó 40 minutos después de lo previsto, pero obviamente la culpa no fue de él sino de algunos retrasos normales de la logística del encuentro. Llegó a la oficina con paso lento pero seguro y con bastón en mano. Nos saludó como si fuésemos sus amigos de toda la vida y comenzó a contarnos anécdotas de la Venezuela de antaño y de lo importante que fue para nuestra nación el surgimiento efímero de la democracia en 1945.

Nos habló de la libertad y de su desencanto en la década del 50 hacia el comunismo. Nos expresó que la democracia estaba en gran medida en las manos de los jóvenes de este país y que ésta y la libertad son los bienes más preciados de toda sociedad. Como para nadie es un secreto que le tengo un asco visceral a la izquierda radical y socialistona, no pude reprimirme y le pregunté por qué se había desencantado del comunismo; nos soltó una frase tan lapidaria, y que me hizo quedar tan anonadado,  que no pronuncié palabra alguna en el resto del conversatorio: “Porque el comunismo es un sistema político que le exige la libertad a sus ciudadanos a cambio del bienestar. Lo que sucede es que el sistema te exige tu libertad desde ya y el te promete el bienestar para cuando él pueda”. Se me puso la piel de gallina cuando terminó esta frase. Más claro imposible ¿no?- alcancé a balbucear.

 Cuatro

Creo que esto lo hemos pensado todos alguna vez. Un día estaba en el Metro de Caracas yendo hacia Chacao. Estaba atestado de gente, como ya es costumbre, y el vagón no tenía aire acondicionado; por consiguiente aquel vagón parecía un horno y las gotas de sudor comenzaron a correr por la frente de los pasajeros, así como corre la delincuencia en este país sin que las autoridades hagan algo. En Sabana Grande se subió  un hombre de un aspecto realmente lamentable y se agarró como pudo de una de las barandas.

Sin más preámbulo, sacó de su bolsillo derecho un celular, buscó una canción en él y de aquel aparato comenzó a sonar, con una virulencia nunca antes escuchada, una canción asquerosa e impresentable, a la cual aquel sujeto le seguía el ritmo moviendo su cuello, casi imperceptiblemente, de un lado a otro.

Mi sufrimiento se acabó porque tres estaciones después me bajé de aquel horno andante,  y sólo llegaron un par de pregunta a mi mente ¿Cómo mierda llegaron los tukis a la humanidad? Y más importante aún ¿Cómo soportar aquella plaga que consume las calles de nuestro país? Creo que sólo los apóstoles creían fielmente en eso de la palabra “Tolerancia” porque el resto de la humanidad… – pensé.

Cinco

Hace un par de días estaba caminando por los pasillos casi desiertos de la Universidad Central de Venezuela, junto a un amigo que profesa un gran amor a la sociedad,  pero que defiende unas  ideas políticas un poco quiméricas y errantes. Me confesó que sueña con ser Presidente y que todas las metas que se ha propuesto  desde que tiene uso de razón han sido para lograr ese objetivo. Me lo dijo en serio y le creí.

Siento que es un hombre capaz a nivel intelectual y que su hambre por el saber es infinito. Le dije que lastimosamente le faltaba más liderazgo pero que eso se podía trabajar. Lo más difícil de todo no es eso, le comenté, sino que en los países latinoamericanos parece no haber espacio para los intelectuales,  porque la política en esta parte del mundo no es manejada por el que más sabe sino por el más carismático y por el que más azuza a las masas. En conclusión, le dije, somos pueblos muy primitivos políticamente hablando.

La ilusión en su rostro no se desvaneció ante mis argumentos y me dijo que pelearía para llevar su sueño a la realidad. Le dije que contaba conmigo en eso y que si quería mi voto tendría que dejarse de pendejadas socialistonas y ponerme de Vicepresidente de la Republica o al menos de Jefe de la Federación Venezolana de Fútbol y así ser yo el que lleve a La Vinotinto a un mundial.

Sonrió y me dijo que ya eso lo veríamos con el tiempo. No sé por qué, será por la típica suspicacia que tenemos  los latinos hacia los políticos, que se me vino a la mente dos grandes interrogantes: ¿Podré creer en la promesa titubeante de este político y futuro candidato a la presidencia? ¿Podré confiar en la palabra de un político, aunque sea mi amigo? Allí descubrí que mi carrera política, de la mano de mi amigo, estaba truncada ya mucho antes de haber comenzado; pero la esperanza es lo último que se pierde, pensé.

Pronto nos veremos…

La hipocrecia de la diplomacia

La relación entre los dos países ha mejorado desde la llegada de Santos

Mucho revuelo, e incluso indignación, causó a muchos venezolanos las últimas declaraciones que dio Juan Manuel Santos, Presidente de Colombia, luego que le asegurara a un medio argentino que Chávez era un factor de estabilidad tanto para la política interna como externa de nuestro país.

 Al parecer, esa fue la rabia inicial, todos creyeron que Santos parecía no estar enterado de los problemas que enfrenta Venezuela; desde el mal servicio de agua y luz, la cual sufre constantes cortos a lo largo de muchas partes de nuestro territorio nacional, así como una inflación que nos mete la mano a los bolsillos y que ronda el 25%, y ni hablar de la inseguridad que camina con descaro día tras día por las calles mientras que nuestros cuerpos de seguridad parecen no enterarse de nada.

 Para colmo de males, Santos también expresó hace un par de meses que la situación de la guerrilla con Venezuela ya estaba solucionada, que él había hablado con Chávez y había llegado a la conclusión de que Venezuela no funcionaba ya como refugio guerrillero, y que los campamentos encontrados en el gobierno de Uribe en suelo venezolano ya no existían. Luego vimos que los dos presidentes, enfrente de cientos de cámaras de televisión, se abrazaban y sonreían con cariño; a muchos nos pareció más bien el abrazo de judas, pero en la política esto es muy común.

 Aunque muchos acusen a Santos de ser un “blandengue” con Chávez y de estarse comportando con él de una forma tan sumisa, y más si tenemos en cuenta los enfrentamientos anteriores entre Chávez y Uribe, no podemos ni debemos creer que ahora el Presidente de Colombia sea un aliado más del “proyecto político” de nuestro presidente, o algo parecido. Es más, Santos se está comportando de una manera muy astuta y él más que nadie sabe cuáles son los intereses que debe proteger.

 En contraparte de su antecesor, Santos no “ha pelado el cobre” ante las “ocurrencias” de Chávez, sino que ha tomado una postura de comprensión y entendimiento- que me parece falsa- porque sabe que cualquier roce o diferencia, con una persona tan volátil como nuestro presidente, le puede ocasionar a su país fuertes pérdidas económicas.

 Santos no sólo sabe y está bien enterado de lo que este país se está jugando en esta etapa de su historia, él más que nadie está consciente de las violaciones a los medios de comunicación, de la persecución a las empresas privadas y del deterioro de la calidad de vida que estamos enfrentando los venezolanos, pero así como sabe todo esto, también sabe que los intereses que él tiene que defender son los colombianos, y que mientras éstos no se vean afectados por la situación que vivimos, y los lazos económicos que comparten los dos países no sufran daño alguno, él no tiene ni debe dar, si quiera, su opinión al respecto; es más, muchas de las empresas venezolanas ya han buscado refugio en diferentes partes de Colombia y se han hecho un lugar en el mercado colombiano, ayudando de paso, a darle trabajo y seguridad laboral a los mismos colombianos.

 Aunque a muchos les dé rabia y vean a Santos como un personaje tibio y benevolente con Chávez, están en un gran error. A diferencia de Uribe, Santos no ha caído en provocaciones de ningún tipo y ha intentado sanar las relaciones entre los dos países para que la economía colombiana no sufra grandes daños. Santos protege los intereses de Colombia, y mientras que Chávez y Venezuela ayuden a esa causa, pues bienvenidos sean.

 El Presidente de Colombia sabe a donde va y tiene una ruta determinada, el nuestro… improvisa sobre la marcha y los resultados hace rato ya que los sufrimos con creces.

Pronto nos veremos…

La lucha por la democracia

El dictador delirante ya está fuera de su cargo

Ya todo parecer llegar a su fin. Esta novela que ha tenido como protagonista a Ghadaffi está en sus últimos capítulos, y no hay nada que el dictador pueda hacer. Las fuerzas de la OTAN y los rebeldes libios ya llegaron a Trípoli y buscan desesperadamente al tirano por todos los rincones. Hasta ahora no lo consiguen, pero es sólo cuestión dias…o quizás de horas.

 Ghadaffi, dictador al fin, hizo públicas unas declaraciones azuzando a sus seguidores a seguir luchando hasta la muerte por evitar que su reinado se venga abajo, lo que da a entender el poco sentido de realidad que posee el demagogo. Mientras pide que sus seguidores sigan en pie de lucha, él se encuentra “enconchado” en algún lugar de Trípoli, escondido como el cobarde que es, mientras que sus ciegos seguidores siguen muriendo por una causa perdida.

 Saber que el líder libio se encuentra escondido en algún rincón de la capital del país africano, mientras sus habitantes se matan los unos a los otros por su simple terquedad a aceptar que su tiempo ya se acabó y que la democracia se acerca ineluctablemente, me recuerda al golpe de Estado del 92. Mientras Chávez se escondía en un museo cercano a Miraflores, después de que la Guardia Nacional llegó al Palacio a salvaguardar la democracia y la voluntad popular, y asesinaban a aquellos niños de 18 y 19 años que engañados fueron a Caracas ese día por orden de Chávez, nuestro gran Presidente se escondía evitando el enfrentamiento armado: Ni una sola bala disparó ese día el Comandante Chávez. Al parecer, a la hora de la chiquita, a muchos dictadores se les da por esconderse.

 En el pasado de los libios quedará ese discurso populista y antiimperialista que aguantaron durante más de 42 años, ahora se aferran a la ilusión de la democracia como se aferra a la vida un moribundo. Ya el miedo a las represalias no es un impedimento para expresar su sentir y su pensar y muchos pusieron y dieron la vida a cambio de la tan aclamada libertad. Una vez más queda demostrado que cuando el pueblo pierde el miedo no hay nada que lo detenga.

 Ahora se rumora que Ghadaffi planifica dejar el país y Venezuela y Cuba suenan como los principales países para darle hospedaje y asilo político. No sería de extrañar que nuestro Presidente, entre sus muchas otras imprudencias, como asegurar que la FARC no son terroristas o aseverar que el presidente de Irán es un demócrata, le preste asilo al tirano libio y tengamos que hacernos a la idea de que a nuestro ya golpeado país le tengamos que sumar la categoria de “Protectores de dictadores”; sería algo realmente lamentable.

 Por otra parte, aprovecho este artículo para dar a conocer mi apoyo ciego y rotundo a la intervención de la OTAN en Libia. Mucho se ha dicho en este caso: Que eso es un problema interno y que nadie debe involucrarse, que cada país debe solucionar sus problemas a su manera o que las grandes potencias han aprovechado esta ruptura política en Libia para hacerse con sus riquezas, cosa que no es para nada improbable.

 A pesar de lo mucho y de los muchos que han dicho algo parecido, entre esos nuestro Presidente, debo decir que si bien cada país es autónomo, cuando las vidas de los ciudadanos están en real peligro por alguna circunstancia, es el deber y la obligación de los países democráticos, comprometidos con la paz y la vida humana intervenir y evitar un derramamiento de sangre. La vida de los seres humanos está por encima de todo, incluso de una constitución o de la autonomía de una república.

 Si miramos la historia veremos que si ésta hubiese sido la premisa que hubiese imperado siempre en el mundo, se hubiesen podido evitar grandes daños a la humanidad. Si varios países de Europa no se hubiesen hecho de la vista gorda cuando Hitler llegó al poder en Alemania, y desconoció las leyes y el Tratado de Versalles, hubiésemos podido evitar el holocausto nazi y muy probablemente La Segunda Guerra Mundial. Asimismo, si los países del mundo no hubiesen cerrado los ojos cuando en la decada de los noventa del siglo pasado la tribú Hutus, en Ruanda, incentivados por su presidente, persiguieron y asesinaron sistemáticamente a la tribu tutsi hasta casi exterminarlos, seguramente se hubiesen salvado muchas vidas en aquel lamentable hecho.

 Aquel “desisteres” por parte del mundo en este caso en Ruanda dejó como saldo a más de un millón de Tutsis asesinados en menos de un mes.

 Ahora yo les pregunto ¿Está tan mal que la OTAN haya intervenido en Libia para salvaguardar las vidas de los ciudadanos y apoyar la democracia naciente en ese país? No lo creo. Por supuesto que los países intervinientes tienen intereses en esta nación, pero la política es así y como dicen los analistas: “Los países no tienen amigos o enemigos sino intereses o apatías”.

 Esto apenas está comenzado y la salida o eliminacion de Ghadaffi es sólo el principio; El tema libio es mucho más complejo, Libia tiene más de cien tribus de diferentes ideologías y apego a la religión musulmana, pero los países europeos están comprometidos a ayudar y a tratar de crear consenso entre los libios. El camino es largo, pero nadie dijo que iba ser fácil.

 Todo esto no hace más que afirmarnos que el único y verdadero sistema político capaz de proteger, salvaguardar y de ir de la mano con la sociedad, con sus defectos e injusticias, sigue y seguirá siendo la democracia.

 Enhorabuena al pueblo libio, y a luchar porque esta oleada rebelde siga llegando hasta al último país del Medio Oriente y se termine de abrir, de una vez por todas, la democracia en todo el continente africano.

¡Qué viva la democracia!

 Pronto nos veremos…