Hört der Regen auf Strasse zu füllen

Archivo para mayo, 2011

Cielo despejado

Uno:

De la primera mujer que me enamoré fue sin lugar a dudas de Pamela Anderson. Yo era apenas un niño de ocho años y la veía todas las tardes por la televisión. Ella andaba con un traje de baño muy ajustado, que le quedaba muy bien, mientras corría con un salvavidas en la mano en alguna playa de Florida o de California. La veía a través de la pantalla con su andar seguro y con una mirada sensual encantadora. A veces soñaba que me estaba ahogando y que ella llegaba y me salvaba dándome respiración boca a boca.

Tengo que decir que en aquellos años, cuando apenas comenzaba a vivir, la veía con mucha inocencia y con algo de interés. Ahora la observo con muchas menos inocencia y con un exponencial interés: El tiempo pasa y uno comienza a ver las cosas de una manera muy diferente. Recuerdo con mucha melancolía y tristeza aquellas tardes enfrente de la tele a la espera de que ella apareciera e iluminara mi vida con su sonrisa.

Ya han pasado muchos años desde esos momentos en que aquella pantalla me obnubilaba; ahora, de vez en cuando la veo por TV y la miro con lujuria y fascinación (La inocencia se quedó en aquellos años ya lejanos), aunque debo aceptar que la Pamela de cuando era niño me gustaba mucho más que la de ahora. La vi por última vez hace unos meses en un canal que no recuerdo. Su cuerpo seguía siendo espectacular aunque ya lleno de plástico y de retoques quirúrgicos que lo afeaban un poco y lo hacían ver falso.

Incluso así, no hay plástico ni frivolidad posible que me puedan alejar de aquellas tardes de mi infancia al lado de aquella mujer despampanante. Aunque el tiempo pasa y ya nada es lo mismo, aún la recuerdo y creo que la sigo amando en secreto.

Dos:

En el comienzo de mi adolescencia creo que amé a Shakira. Su larga cabellera color rojo (siempre he amado a las pelirrojas), sus camisas hermosas, sus pantalones ajustados de cuero sintético negro, su sonrisa encantadora, su caminar tímido pero seguro y su pinta de bohemia con guitarra en mano eran una explosión de sensualidad (Cuando la vi mover las caderas sentí por primera vez que había tocado el cielo con las manos).

Escuchaba sus canciones por la radio y las tarareaba con inseguridad pero con alegría. Varias veces la vi en la televisión mientras algún periodista le hacía preguntas corrientes e intentaba disimular la excitación que le producía estar al frente de esa mujer que tenía el talento de mover su cuerpo de manera tan sensual. Muchas veces vi en la mirada de esos entrevistadores unos deseos ardientes de quitarle la ropa a esa pelirroja encantadora; la verdad, sólo muy pocos lo disimulaban de buena manera.

Me aparté de la vida de Shakira un tiempo- crecí y el fútbol entró a mi vida- y cuando la volví a ver ya no tenía el pelo rojo, tampoco tenía su guitarra en la mano y aquella mirada inocente y desinteresada se había borrado de su rostro. La vi más falsa, más pretensiosa y mucho menos encantadora. La miraba atónito y perplejo por semejante cambio; al rato el entrevistador le dijo que se parara para que le cantara algo a la audiencia y casi me voy para atrás cuando la escuché. Casi no se le entendía las letras de sus canciones y su música se había agringado y convertido en mera intrascendencia comercial: Cantaba como una estrella de Pop estadounidense. Mucho tiempo no me costó darme cuenta que aquella pelirroja tímida y seductora había perdido sus raíces y se había transformado en Marketing y en unas buenas caderas. La verdad, me decepcioné mucho de ella.

Por su perfidia para con sus raíces debo decir que a ella sí no la sigo amando, pero ahora que he crecido me he dado cuenta que las miradas “curiosas” de los entrevistadores estaban más que justificadas: creo que incluso los envidio.

Tres:

A ella la conocí en el colegio. Teníamos quince años y estudiábamos juntos. Me gustaba mucho y se lo hacía saber de todas las maneras posibles. Un día la invité a ver un partido de fútbol y aquel día marqué un golazo de tiro libre indescriptible, fui y se lo dediqué: Recuerdo con rabia su sonrisa. Mi amor por ella era inmenso y ciego- como todos los amores. Se le hizo fácil aprovecharse de él y manipular las cosas a su antojo y sacar provecho de ello. Un día me miró a los ojos y me hizo una promesa que no vale la pena recordar. No pasó mucho tiempo para que ella no la cumpliera y fuera incapaz de darme la cara y pedir disculpas. Hace ya mucho de eso pero mi rencor sigue en aumento y mi desprecio por ella es incuantificable. La odié por su mentira, la odié por su insensibilidad y aún la sigo odiando con un ahínco que nunca creí que podía sentir.

Cuatro:

Ella me miraba pero yo me hacía el desentendido. Era bella: ojos claros, mirada serena, de risa fácil, delgada, habladora y bien vestida. La rechacé cortésmente en un principio, pero luego de un tiempo me di cuenta que su cariño era verdadero y de valor. Una tarde la invité a salir y hablamos cientos de cosas. Le tomé la mano y en un ataque de rebeldía la besé. No salió bien, la besé de una forma indigna, impresentable y chapucera: por suerte sonrió y no dijo nada. Estuvimos saliendo unos tres meses y la traté con amor y dulzura. Nos prometimos futuros y nos jurábamos que nos queríamos. Una noche estábamos en una fiesta y me rechazó: supe que algo estaba mal.

No me habló más, dejó de escribirme y sus promesas quedaron en el aire. Un día nos vimos y me dijo que no podía seguir, que no podía perdonarme la indiferencia con la que la castigué antes de que saliéramos. Me pareció un argumento insustentable y carente de razón; decidí creerle o hacerme el que le creía. Hace mucho que no sé nada de ella, y la verdad es que no me interesa averiguar. No lo sé, espero que siga viva…

Cinco:

Yo estaba a un par de años de graduarme del colegio. Ella estudiaba dos años menos que yo y éramos vecinos. Yo la veía con picardía y ella me sonreía con interés y dulzura. Una noche estábamos en la casa de una vecina y sin mediar palabra la besé decidida y firmemente. Cuando esperaba una cachetada inminente, ella me tomó y correspondió mi beso: Me sorprendí. Me parecía bella pero nunca pude tenerle el cariño suficiente para quererla como ella se merecía. Fui un miserable y la utilicé. Nos veíamos de vez en cuando y le decía cosas al oído que yo sabía que eran mentira. Un día se aburrió de mis promesas y me dejó; la busqué y la reconquisté con más mentiras. No pasó mucho tiempo para que se aburriera nuevamente de mis desplantes y se fuera: lo acepté. A veces nos vemos y le pico el ojo, ella se ríe y sé que algo hay todavía. No he dicho ni hecho nada para que vuelva a pasar algo entre nosotros, no me he vuelto a sentir lo suficientemente canalla para volver a mentirle.

Seis:
Era loca, desinhibida, habladora, mal vestida y encantadora. Nunca la invité al cine, nunca le invité un helado y nunca nos vimos en otro sitio que no fuera el colegio. Nos presentaron, nos hicimos amigos y cuando vinimos a ver nos estábamos besando. Nunca la tomé en serio. Era buena gente y me quería de verdad. Yo no la quise en un principio, me tomé las cosas a la ligera y ella se dio cuenta y me desechó. La extrañé al instante y me arrepentí de mi actitud miserable. La busqué y le dije que lo sentía, que me diera una oportunidad; me dijo que ella no se tomaba en serio a hombres como yo: me dolió pero lo acepté. La seguí buscando tímidamente y nada pude cambiar. Pude decirle mentiras para reconquistarla, pero ella estaba muy decidida; creo que igualmente no hubiese servido de nada. La verdad, después de todo, no se me da bien y no me gusta mentir.

Siete:

La conocí en una fiesta. Vestía de negro y llevaba el pelo suelto. Era morena, flaca, linda, de caminar tímido y de risa coqueta. Nos presentamos, a ella le habían hablado de mí y a mí me habían hablado de ella. La música sonaba a todo volumen y la gente bailaba en la pista; ella y yo discutíamos frivolidades y nos reíamos de las tonterías del otro. La vi con intenciones de salir a bailar y su mirada me azuzaba a que la invitara a ir a la pista de baile. Un merengue de Juan Luis guerra sonaba estruendosamente pero yo sabía que era un bailador impresentable y que se podía acabar el mundo pero yo no me iba a mover de mi silla. Al final, no sé si ella bailó o no pero sí que se rio mucho conmigo aquella noche.

No fui capaz de pedirle su número, siempre he sido un cobarde y esa noche no fue la excepción. Un par de semanas después me escribió- una amiga le había dado mi número- y con cada mensaje que me mandaba sentía que ella se hacía más importante en mi vida. Pasó poco tiempo para que me dijera que yo le gustaba y yo no tuve reparo para decirle que sentía lo mismo. Me ilusioné y luego ella se arrepintió de aquellas palabras y me dijo que era mejor dejar las cosas así. Luego nos seguimos escribiendo y ella me insinuaba sentimientos de los que nunca estuvo segura. Un día, tiempo después, me dijo con seguridad que me quería. Eso me tomó por sorpresa y simplemente la rechacé con caballerosidad. La quise, y la sigo queriendo, pero el tiempo pasa y los sentimientos cambian.

Le disculpé con cariño sus idas y venidas: somos buenos amigos. No sé si hice lo mejor, pero estoy seguro que sí lo más correcto. Nos la llevamos bien y eso es lo importante.

Ocho:

Era mi vecina, vivía a unas cuantas casas de la mía y siempre me miraba cada vez que pasaba enfrente de su casa. Era menor que yo, un poco pasada de peso, poco agraciada y malhablada, aunque se vestía muy bien y ponía cara de traviesa cada vez que quería. Me buscó y me resistí en un principio, luego insistió y dejé que todo fluyera. Nos escribíamos de vez en cuando y nos decíamos cosas pasadas de tono y que iban en contra de la moral. Nos veíamos frecuentemente y nos dejábamos llevar por nuestras hormonas hasta donde la situación nos lo permitía. Me ofreció ciertos placeres desconocidos hasta entonces y yo creo que le correspondí de una manera digna y presentable.

Ya casi no nos vemos, a veces nuestros caminos se cruzan y nos saludamos con la indiferencia que se saludan los amantes en público. Hace rato ya que tampoco nos escribimos, pero las pocas veces que nos encontramos nos miramos con curiosidad. Creo que lo nuestro todavía anda por ahí, hasta donde sé tiene novio, pero no me importa mucho la verdad. Ella y yo sólo nos vemos cuando la soledad nos ataca, y no sé si por suerte o por desgracia, pero la soledad siempre será una amenaza constante en la vida de todos.

Nueve:

Se graduó conmigo en el colegio. A veces nos encontrábamos en el Metro y para matar el tiempo nos besábamos. Era un acto rutinario, premeditado y carente de sentimientos. Un día me acompaño al Centro Comercial a comprar unas cosas y sin anestesia me preguntó si estaba interesado en ella; sonreí y me negué a responder su pregunta. La verdad no le iba a gustar y yo me sentía a gusto con la manera como me pasaba el tiempo con ella en el Metro. Se dio cuenta que mis intenciones no eran diáfanas y huyó de mi vida. Le escribí pero no me contestó; la verdad es que no me importó mucho. En la actualidad somos amigos y ahora tiene un novio que le pidió matrimonio, me dijo que le dijo que no; por su bienestar espero que sea cierto porque no me gustaría verla sufrir.

Diez:

La conocí en el estadio viendo un partido del Caracas Fútbol Club. Me la presentaron unos amigos y me pareció linda. Estaban comenzando mis vacaciones de agosto y decidí jugármela a ver si ella se interesaba en mí. La traté bien y con mucho cariño. Pasado un tiempo le dije que me parecía muy linda y que me gustaría que tuviésemos algo. Me contestó que ella no tenía cabeza para esas cosas ahorita porque su ex le “había marcado la vida”. Al tiempo, mis vacaciones se terminaron, y junto con éstas mis intenciones de tener algo con ella.

Once:

La conocí en la universidad, aunque vivía cerca de mi casa. Yo estaba en tercer semestre y ella en primer año. Nos hicimos amigos y yo la ayudaba a ubicar los lugares en la universidad que ella desconocía. Poco después me comenzó a escribir frecuentemente y yo a ilusionarme con sus mensajes. Se hizo costumbre vernos en la universidad, almorzar y devolvernos a casa juntos. Ella tenía un novio al que casi no veía y al que no se sentía segura de querer. Me la jugué y me arriesgué a ver qué pasaba porque sentía que ella valía la pena y que la quería de verdad. Esto duró un par de meses hasta que un día me pasó por un lado y no me saludó: supe que había tomado una decisión. Esa misma noche me dijo que había hablado con su novio y que su relación “había mejorado”. Sentí que tomó la decisión fácil y creo que la odié un poco.

Ya casi no nos vemos, pero cada vez que nuestros destinos se cruzan nos saludamos con cariño. Sé que me mira de una manera peculiar y nostálgica, pero yo evito preguntárselo porque no sé si quiera saber la repuesta a esa pregunta.

Doce:

Yo la había visto en los pasillos. Era bella, de risa fácil, muy bien vestida, caminar seguro y despreocupado y muy dicharachera. Se reía de todo y eso me encantaba. Un día le pedí su número- no sé de dónde tuve el valor- e intercambiamos unos cuantos mensajes sobre cualquier cosa. Nos veíamos frecuentemente y charlábamos con una desenvoltura pasmante. Llegamos a tenernos mucha confianza y nos contábamos secretos familiares y personales con una facilidad asombrosa: confiábamos el uno en el otro.

Un día nos besamos y fue genial. Fue un momento sorpresivo y agradable. Nos besamos con ternura, paciencia- como conociéndonos- , con desenfado y de manera espontánea. Nos seguimos viendo unas cuantas semanas más después de eso, hasta que un día ella desapareció y cuando la volví a ver me dijo con mirada apenada, avergonzada y culpable que ella no quería seguir con esto. Me dio unas razones inverosímiles e irracionales, que por supuesto no me creí; pero hice todo mi esfuerzo para que ella creyera que sí lo había hecho. No la odié por su decisión, la odié por sus razones fantásticas y disparatadas sacadas de algún libro de fantasía, la odié por mentirosa, o en tal caso, por no haber sido del todo sincera conmigo.

Hasta el son de hoy desconozco las verdaderas razones de su decisión, y creo que quiero seguirlas ignorando. Ya no la odio, eso sólo fue al principio, pero sé que me mintió y eso no se olvida.

Trece:

La conocí en la universidad. Era bella, alegre, desinhibida, relajada y siempre estaba feliz. Le gustaba leer y nos la pasábamos hablando de fútbol, de música, de política y de muchos temas más que nos interesaban. Yo le leía poesía y le prestaba libros y ella me regalaba su sonrisa y sus cálidos besos. Verla reír me hacía feliz y pasar tiempo con ella era un placer que hasta ahora la RAE no ha inventado adjetivos para poder describir. Nos reíamos de todo y me hacía sentir querido. Hablábamos de literatura y de por qué el Comunismo era inviable y por qué los Izquierdista eran unos soñadores come flores que sólo vivían en los libros de Marx y no se daban cuenta que la vida real es muy distinta a lo que sale en los textos de Engels.

Nos dijimos muchas cosas, compartimos muchas más y nos prometimos otras tantas. Un día sin más me dijo que no estaba dispuesta a cumplir con lo que habíamos hablado y nos habíamos prometido y que hiciéramos borrón y cuenta nueva. Allí descubrí que a ella se la da bastante bien mentir y que a mí se me da bastante bien creer…

Pronto nos veremos…

Los secretos detrás de un precio

El mundo de la literatura puede llegar a ser un lugar lleno de desdichas, frustraciones y felones por doquier. Una vez compré un libro del ya muy reconocido y talentoso escritor estadounidense John Grisham, y en una de sus primeras páginas había una nota bastante personal donde él expresaba que la mayoría de las veces el verdadero problema del escritor no es escribir sino que la gente compre sus libros y los lea. Grisham relata que cuando terminó su primera novela fueron muchos más los escollos que sufrió cuando vio que su libro no se vendía a lo que en realidad le costó escribirla. Cuenta que tuvo que meter cientos de ejemplares de su primera obra en la maleta de su carro e ir de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo ofreciendo su libro en todas las bibliotecas públicas de Estados Unidos y ver con tristeza el desdén de cómo se las rechazaban por ser un autor poco conocido.

Pensar que de ese John Grisham que regalaba sus libros en las bibliotecas con la esperanza de que algún joven los leyera, al actual, que ha publicado más de veinte libros, y que no sólo los publica, sino que tenga fama mundial y que sus textos se hayan traducidos a varios idiomas, hay un trecho muy grande.

Caminando un día por los pasillos de la universidad vi colgado un letrero en la entrada de la librería que decía “Todo a 30”. Mi impulso de lector principiante me llevó a adentrarme en la librería y observar cuáles eran aquellos textos que con desdicha estaban en el catálogo de remate.

Apenas comencé a verlos descubrí enseguida, sin siquiera detenerme a ver quiénes eran los autores, que esta ruleta rusa que es la literatura no los había bendecido con el beneplácito de los “grandes y reconocidos lectores” y mucho menos con algún premio literario de renombre. ¿Por qué llegué a esa conclusión apenas verlos? Porque la capa de polvo que cubrían sus portadas daba a entender que aquellos textos la única vez que vieron la luz del sol, o si quiera la de un bombillo, fue cuando salieron de la imprenta; de resto, creo que estuvieron condenados a la oscuridad de algún estante lúgubre y casi escondido de aquella librería.

No sé por qué, quizás a causa de aquella quimera o utopía de que algún día pueda ser capaz de escribir unas cuantas líneas con sentido y que algún editor confíe en mí y las publique, me llevó a la decisión de que debía comprar un par de libros a ese precio exageradamente barato, teniendo en cuenta la economía devastada de nuestro país, y apoyar a aquellos escritores que algún día tuvieron mi edad y soñaron con escribir, y no sólo lo soñaron sino que tuvieron la osadía de hacer su sueño realidad, y darles la alegría, aunque nunca se enteren, de que hubo algunos que sí los leímos.

Para mi sorpresa, cuando comienzo a desempolvar las carátulas de aquellas novelas y ver sus autores, me doy de bruces con unas sorpresas mayúsculas. ¿Qué se supone que hace un libro de Mario Benedetti o de Jorge Luis Borges en la sección de remate? ¿Acaso el dueño de esa librería se volvió loco? ¿Cómo se puede explicar que Mario Benedetti esté en la sección de rebajas? Creí que todo era una confusión pero cuando vi que esos libros también tenían kilos y kilos de polvo encima llegué a la penosa conclusión de que nadie había tenido el suficiente sentido común para comprarlos y disfrutar de gran literatura. Justo allí comprendí que Eduardo Galeano tiene razón y que efectivamente El Mundo Está de Revés.

Con asombro e incredulidad tomé esos dos libros con la firme convicción de llevármelos a casa, cosa que obviamente hice. Luego de observar el resto de las pilas y pilas de libros empolvados, lo que al comienzo iba a ser una compra pequeña de dos o tres libros a lo sumo, se convirtió en la magnífica cantidad de dieciséis. Con lo caro que están los libros en este país ¿Iba a perder esta oportunidad?

Entre todo ese mercado literario, que dejó bastante mermada mi cuenta bancaria, incluí una novela de una escritora colombiana que en mi infinita ignorancia desconocía por completo. El título de la obra se llamaba Siempre Fue Invierno. No sé qué sucedió, pero cuando vi este libro hubo algo que me dijo que lo comprara, y así lo hice. La escritora de esta novela fabulosa, la cual recomiendo con firmeza, se llama Piedad Bonnet y es una escritora y poetisa colombiana, que desde mi humilde punto de vista, tiene un talento magnífico.

Disfrute esta novela desde su primera línea hasta su última palabra y no dudé en averiguar en internet un poco más de su autora. Con pasmosidad descubrí que la escritora es una mujer muy reconocida y que ha publicado unos cuantos libros de poesía que han recibido muy buenas críticas. Con gran entusiasmo busqué en varias librerías sus otras dos novelas y sus obras poéticas, pero fue imposible conseguir algo más de esta fantástica escritora dentro de nuestras fronteras. Incluso los libros salen perjudicados en esta ROBOlución que se empeña con destruir todo, incluso la literatura- pensé

En fin, la verdad es que me he llevado muy buenas sorpresas con estos libros empolvados y malqueridos por el mundo literario, que fueron a parar a un estante con un letrero que los calificaba con un precio tan irrisorio que casi los hacía ver inservibles. Por suerte, el dueño de la librería tuvo el buen tino de sacarlos su rincón lúgubre y ofrecerlos al mundo a un precio que ni remotamente se acerca a la calidad que poseen.

Sea cual sea el precio, siempre he dicho que cada escritor deja un pedacito de su alma en cada línea que escribe, y estas novelas no han sido la excepción. No se dejen engañar por el precio, hay muchos escritores talentosos rezagados detrás de un bajo precio y un rincón escondido de cualquier librería a la espera de que algún valiente los saque del desosiego y los lleve al reconocimiento literario. A veces hay que arriesgarse ¿O no?

Si no me creen, aquí les dejo un poema de Piedad Bonnett y juzguen ustedes mismos si el talento de esta mujer no vale más de 30 bolívares. He aquí una muestra.

Canción

Nunca fue tan hermosa la mentira
como en tu boca, en medio
de pequeñas verdades banales
que eran todo
tu mundo que yo amaba,
mentira desprendida
sin afanes, cayendo
como lluvia,
sobre la oscura tierra desolada.
Nunca tan dulce fue la mentirosa
palabra enamorada apenas dicha,
ni tan altos los sueños
ni tan fiero
el fuego esplendoroso que sembrara.
Nunca, tampoco,
tanto dolor se amotinó de golpe,
ni tan herida estuvo la esperanza.

Pronto nos veremos…

Zanetti multiplicado por mil

Por lo menos yo, no tenía si quiera una idea remota de qué era el futbol en aquel año. En 1992 hizo aparición en la tercera división del fútbol argentino-seguramente jugando en unas canchas que eran un invite a dejar los meniscos y los tobillos inservibles- un jugador que marcaría un antes y un después en la vida de cualquier adolescente afiebrado y apasionado de este deporte, un hombre que es un ejemplo a seguir para todos aquellos niños que corren detrás de un balón con el sueño de ser futbolistas, quimera que sólo muy pocos logran llevar a la realidad.

Talleres de Remedios de Escalada, equipo chico pero con una hinchada de gran corazón- como todo equipo de Argentina- fue el elegido para ver las primeras pinceladas de este mago de la media cancha. Garra, lucha, entrega, convicción, porte, estatura, agilidad y un corazón que no le cabe en el pecho, son sólo una de las muchas cualidades de las que hace gala todos los fines de semana este gran jugador de fútbol que no deja de sorprender ni al más despistado.

En 1993 dio su gran paso a la Primera División argentina. Banfield lo fichó y lo vio vestir su camiseta en 60 oportunidades; por supuesto, allí tampoco pasó desapercibido. El Inter mandó a varios ojeadores para que le pusieran el guante a Ariel “El Burrito” Ortega, pero justo en ese partido donde los representantes del equipo italiano estaban pensado el fichaje del armador argentino, vieron a un chico en la contención y no les tembló el pulso para acercarse a las oficinas de Banfield y cerrar el fichaje lo más pronto posible. ¿De quién estamos hablando? De quién más podría ser: Javier “II Tratore” Zanetti.

Llegó a la institución neroazzura en 1995. A pesar de varias ofertas y de intentos de fichajes serios, Zanetti siempre quiso quedarse en el Inter. Hoy, a más de quince años de su llegada, lo vemos vestido con los mismos colores, con las mismas ganas y con el mismo desempeño deportivo de siempre. A sus ya 37 años, el tiempo no parece pasar por él, y si me apuran un poco, me atrevería decir que queda mucho Javier Zanetti por delante.

Esta semana, en la semifinal de la Copa Italia, el capitán del equipo interista recibió un reconocimiento por haber cumplido mil partidos con el equipo de la capital de la moda. Sin lugar a dudas, todo reconocimiento o trofeo es poca cosa para un hombre que lo ha dado todo por esa institución y que ha sido capaz de cumplir con un desempeño inverosímil cada uno de los partidos que jugó con la escuadra neroazzura.

A pesar del rendimiento superlativo que ha tenido en su club, los seleccionadores argentinos, tanto Pekerman como Maradona, lo dejaron por fuera en las convocatorias para el mundial de Alemania 2006 y Suráfrica 2010.

Aunque los dos entrenadores expresaron su ausencia en las convocatorias finales por “decisiones tácticas” todo el mundo del fútbol sabe que lo dejaron afuera porque es un líder nato y su liderazgo es irreprochable e inmanejable para cualquier técnico del mundo. Por eso, por simple miedo a perder la autoridad en el camerino y el liderazgo en las decisiones, estos dos técnicos lo dejaron de lado, crucificando así una porción de las capacidades y las posibilidades argentinas de llegar lejos y trascender en el Mundial. Es imposible dejar a un jugador de la talla de Zanetti por fuera y no ver dentro de la cancha la ausencia de calidad que sólo un jugador como él es capaz de dar.

A pesar de esto, no hay forme de que nada ni nadie tache su hoja de vida y evite que pase a la historia como uno de los grandes de toda la historia de este deporte y como un ejemplo a seguir para toda esa juventud a lo largo del mundo que corre detrás de la pelotita con el sueño de ser el próximo Messi o el próximo Javier Zanetti.

Pupi, no hay palabras con las que expresar todo lo que le has dado al fútbol y todas las alegrías que le has brindado a los hinchas del Inter de Milán por tu entrega y tu lucha dentro del terreno de juego. Jamás olvidaremos tu liderazgo y la pasión con que disputas cada pelota y la prolijidad pasmosa con que la entregas a tus compañeros. Recordaremos por siempre ese momento sublime en las gradas del Santiago Bernabéu cuando levantaste la copa e hiciste campeón de Europa por tercera vez en la historia al Inter; por esto y mucho más, el fútbol te agradecerá por siempre todas las felicidades que nos has dado y los ejemplos positivos que has dejado plasmado en este deporte por tu comportamiento y vida ejemplar: Ni el Inter ni el fútbol te olvidarán jamás.

Ya son mil apariciones con la camisa del Inter, ya son mil las veces que la hinchada ha multiplicado su cariño por ti, ya son mil las veces que te hemos visto sobre el terreno de juego, ya son mil las veces que nos has sorprendido por tu orden y prolijidad, ya son mil las veces que han coreado tu nombre, ya son mil las veces que nos has sorprendido, ya son mil las veces que has dejado todo sobre la cancha y ya serán más de mil los lindos momentos con los que el mundo del fútbol te recordará eternamente Zanetti.

“tra i nerazzurri c’è, un giocatore che, dribbla come Pelè, vai Zanetti alè eh oh!!”

Y porque sean más de mil, ¡Qué Dios te bendiga!

Pronto nos veremos…

Desenlaces de temporadas

Ya estamos en el mes de mayo y los jugadores de las ligas europeas expulsan las últimas bocanadas de aire sobre el terreno de juego porque son pocas las jornadas que quedan y en muchos de los países ya todo está definido.

El día de ayer el Milan A.C se consagró campeón de la Serie A italiana después de que tuviese ese título por última vez en sus manos en el año 2004. Zlatan Ibrahimovic, Robinho, Cassano, Pato y Gatusso en la medular del campo fueron los artífices más destacados en esta temporada para que, a pesar de su irregularidad, el equipo rossonero pudiera conquistar el título.

Recuerdo que fui el primero en dudar de las posibilidades del Milan- y hasta cierto punto no me equivoqué. De nada sirvió el fichaje de Ibrahimovic para pelear la Liga de Campeones; el sueco tuvo un andar más que tibio en la competición europea y cayeron en octavos de final ante el sorpresivo Totenham. En la liga local ganaron unos cuantos partidos importantes- más que todo los clásicos contra el Inter- y esos fueron los juegos claves para sepultar las posibilidades de los de Leonardo. También supieron dejar atrás al Napoli cuando lo enfrentaron y ayer se vio el resultado de esas victorias.

Con todo y eso, la duda sobre qué hubiese pasado si el Inter no hubiese tenido ese arranque de temporada tan malo y que no hubiese sido aquejado por tantas lesiones claves dan paso a ciertas diatribas, ¿El Milan estuviese celebrando ahorita con un andar regular de su acérrimo rival? No lo creo. Recuerden ustedes que Benítez llegó al Inter y nunca logró armar el equipo, pidió unos fichajes que el presidente en su tozudez y terquedad se negó a darle y, para colmo de males, tuvo ciertos roces con varios jugadores que terminaron por dañar el camerino y que a la postre sería la causa final de la salida de Benítez.

Luego llegó Leonardo y las cosas mejoraron un poco, pero no lo suficiente para recuperar los puntos perdidos a causa del mal funcionamiento del equipo con el técnico español. Esta vez el mandamás del Inter hizo fichajes en el mercado de invierno por las lesiones de Samuel y Milito, pero no fueron suficientes. Por ahí dicen que lo que mal comienza mal termina: ese fue el caso de este Inter. El Milan tuvo suerte, pero logró hacer valer su superioridad cuando lo debió hacer y he aquí los resultados.

Por su parte, en Alemania los hinchas del Borussia Dortmund todavía celebran y se abrazan después que la semana pasada el equipo aurinegro lograse ganar la Bundesliga. En una temporada exquisita y con escasos reveses, el equipo de Dortmund ganó su séptima liga de la mano de piezas claves como Sahin- nuevo fichaje del Real Madrid- y del delantero argentino nacionalizado paraguayo Lucas Barrios.

Las cervezas recorren con más rapidez de lo habitual los bares de Dortmund por la algarabía de sus hinchas ante la victoria del club de sus amores; y aunque la Heiniken es una de las marcas seguras que recorren las mesas de los bares, tengo el presentimiento que con los goles de Lucas Barrios, que no fueron pocos, habrá uno que otro mate recorriendo los paladares de los alemanes y quizás uno que otro tango de fondo. Gracias a Dios, lo suramericano siempre está presente en las grandes conquistas, por muy lejanas que sean las tierras.

Por su parte, en Inglaterra matemáticamente nada está decidido aún, pero ya el Manchester tiene prácticamente la premier en el bolsillo. Le ganó dos tantos a uno al Chelsea, que era uno de sus perseguidores, y ya puede decir que la liga es suya con sólo empatar uno de los dos partidos que le restan a la liga. Bervatov, Nani, Giggs, Van der sar y Ronney tendrán un final de temporada muy ajetreado porque también tendrán que disputar la final de la Liga de Campeones contra el Barcelona el próximo 28 de mayo. Ya con la Premier casi asegurada, los de Ferguson tendrán como prioridad hallar la manera de plantarle cara y hacerle partido al favorito en las apuestas: El Barcelona.

La otra nota interesante que rescatar son las buenas apariciones que ha tenido Javier “Chicharito” Hernández con el Manchester United. Autor de ya varios goles, y muchos muy importantes, el mexicano le ha invertido picante y fondo de ranchera a la Premier y a la Liga de Campeones con sus goles y su entrega. Seguramente estos partidos que quedan estarán impregnados de mucho sabor y acento mexicano.

Por otra parte, en España ya todo parece dicho. El Barca tiene una ventaja de ocho puntos sobre su más cercano perseguidor- el Real Madrid- a tres fechas para que acabe el campeonato. Aunque la matemática dé esperanzas y la pelota sea redonda, no hay que ser crédulo: A este Barcelona no le gana nadie, por lo menos en la liga. Tengo que aceptar que le tengo una fe ciega a Ferguson, creo que puede hallar el equipo y las armas necesarias para ganarle a este Barcelona y consagrar a su amado Manchester United campeón de Europa.

La defensa del equipo inglés es muy sólida: Evra, Ferdinand y Vidic son unos jugadores solventes y les aseguro que Messi y compañía no la tendrán fácil. Quién sabe, muchas veces las encuestas se han caído y los más arriesgados son los que terminan acertando y llevándose el dinero a casa. El fútbol no es una ciencia y ya se ha demostrado que la confianza excesiva en este deporte muchas veces hace llevar malos chascos a los aficionados.

Manchester y Barcelona: Por la gloria europea ¿Quién se arriesga por el equipo inglés? Yo, particularmente, me anoto para formar parte de esos osados y valientes que apuestan por el equipo rojo ¿Quién sabe? Quizás me gane un dinero extra este mes. Ya veremos qué pasa el 28 de mayo.

Pronto nos veremos…