Hört der Regen auf Strasse zu füllen

Archivo para marzo, 2011

La dictadura en ayuno

El destino es mañoso, caprichoso, pretensioso, azaroso y desleal, pero a veces se dan ciertas coincidencias que me hacen pensar que son causadas por él mismo para recordarnos de que existe y que no debemos tomar a la ligera su presencia en este andar canallesco, indefinido e impredecible que es la vida.

Hoy salí de mi casa como siempre y no pude llegar a la estación del ferrocarril en el transporte público, sino caminando ¿El porqué? Porque el gremio de transportistas tapó las calles con sus autobuses y le reclamaban al Alcalde que le exigiera a Fontur que les pagara lo que le debían de los tickets preferenciales estudiantiles, y que la Policía Municipal tomara cartas en el asunto ante la problemática de los robos que sufren los conductores casi a diario ¡Menos mal que en este país todo está bien! ¿No es así, señor Chávez?

Yendo en contra del clima habitual de los últimos días, Caracas me recibió hoy con un sol incandescente, que golpeaba sin resistencia alguna la superficie de la ciudad. Con libreta, lapicero y cámara en mano, me dirigí a la Avenida Francisco de Miranda para cubrir ese acto heroico y homérico que varios estudiantes están haciendo al declararse en huelga de hambre voluntaria por la falta de respuestas del gobierno hacia las exigencias por las que ellos luchan ¿Cuáles son esas peticiones? Salarios justos para los profesores y personal obrero de las universidades, que el gobierno haga llegar los recursos a las instituciones educativas sin tener preferencias políticas por aquellas que están con su régimen, que deje de menospreciar a las casas de estudios que son adversas a sus ideas y que deje de irrespetar a los estudiantes.

Bajo unas lonas de plástico, que se sujetan a unas varillas de aluminio, yacen nuestros héroes. Recostados en unas colchonetas inflables y arropados con sábanas gruesas para resguardarse cuando el frío nocturno de nuestra capital los aqueja, están aquellos jóvenes valientes y de inconmensurable valor, que arriesgan sus vidas bajo la premisa de regalarles una mejor patria a los venezolanos.

Rodeados de cámaras, micrófonos y periodistas, logré acercarme y conseguí que Grey Hernández me regalara un poco de su tiempo. Fue amable conmigo y respondió sin peros a mis inquietudes ¡Qué hermosa es la libertad de expresión! Entre las muchas cosas que nos dijo, este estudiante aguerrido nos comentó que llevaba dieciséis días sin ingerir otra cosa que no fuera agua y que lo más gratificante de todo ese sacrificio es que había seguido fielmente sus ideales, y que estaba dispuesto a morir por ellos. Con entereza y una determinación envidiable, nos comunicó que seguiría allí hasta lo último y que el futuro de su hija de seis años era más importante que su propia vida. “Tengo una hija de seis años y sé que ella vale este esfuerzo; igual no pierdo la esperanza de que este gobierno recapacite y le dé a Venezuela las universidades que se merece”, espetó.

Cuán emocionado y feliz me sentí al saber que en este país, donde la putrefacción estatal lo contamina todo y el pensar diferente es un delito, halla jóvenes con unas convicciones tan arraigadas y con el valor de plantarle cara al Estado y decir: “No estoy de acuerdo con lo que haces”, esto algo digno y merecedor del respeto de todos los venezolanos.

A pesar de la campaña cochina y arrastrada del chavismo para restarle importancia a esta huelga y clasificarlos como “Como cachitos”, o de relacionar esta causa justa y patriótica con la Ultraderecha venezolana o tildarlos de alborotadores pagados por la CIA, éstas no son más que patadas de ahogado por parte de un gobierno que se inventa unas artimañas inverosímiles para deslegitimar un derecho vital en la democracia como lo es el protestar.

A este parapeto que se hace llamar gobierno- y se parece más a un programa retransmitido de la Laura Bozzo, por lo bochornoso que es- cada vez más se le cae esa fachada democrática que intenta aparentar y se comienzan a notar las garras del despotismo y la dictadura.

Como les duele a los gobiernos autócratas aceptar las protestas y ceder a las peticiones de su pueblo; mientras aquellos valientes yacían recostados en sus colchonetas a la espera de alguna resolución por parte del Estado, Chávez estaba en cadena nacional hablando de los “logros” que su ROBOlución ha logrado en materia de educación. De refilón, nombró a los huelguistas y soltó unas cuantas cifras de cualquier cosa que no venían al caso, y azuzó a la Ministra de Educación para que hiciera “algo”. De resto, más de lo mismo, no se comprometió a nada y sigue viendo los toros detrás de la barrera.

Cuando me despedí del huelguista, le di la mano y le dije que tenía los huevos del tamaño del cielo, y que estuviera tranquilo porque el pueblo no se olvidaría jamás de esto que estaban haciendo los estudiantes. Aún sin ninguna respuesta de la ministra o del señor Chávez, esbocé una sonrisa por la satisfacción de saber que siempre hay gente que lucha por lo que cree, y que aunque el gobierno la prohíba o no le guste, la democracia está adentro de todos nosotros y ni el peor de los despotismos la podrá arrancar de nuestras entrañas.

Pronto nos veremos…

Lo pasado siempre fue mejor

El tiempo pasa y pasa y pasa y sigue en su tozudez de dejar guardado en la memoria de las personas su efímera presencia. Pero a veces ni eso nos deja; la memoria es una masa tan moldeable que frecuentemente, y hasta sin darnos cuenta, nuestros deseos se inmiscuyen en ella y deja de ser un recuerdo veraz para convertirse en una mazmorra de caprichos y realidades, que con el pasar de los días nos hace ver que es cada vez más complicado dilucidar lo que de verdad pasó en ese supuesto momento del pasado.

Pero hay otras veces en que esto no sucede tan “inconscientemente” y nos imaginamos ese hecho idílico que nunca sucedió, pero que adrede lo involucramos con la realidad para fantasear esa verdad que no se llegó a concretar, pero de la que tanto necesitamos creer. Aquella felonía para con la realidad es un ardid del cual muchos se valen para hacer menos miserables sus vidas, y darse ese placer de soñar con lo que pudo ser pero que no fue jamás.

En mi caso, por suerte, creo que no son muchos los recuerdos que se han visto “invadidos” por aquellos sueños quiméricos que todos poseemos, y que quizás en algún momento quisimos que fueran realidad, incluso tratando de engañarnos a nosotros mismos. Por ello, creo tener la facultad de recordar la mayoría de los episodios de mi vida sin ser un facineroso con mis realidades pasadas.

Estoy a las puertas de mi cumpleaños, y hace ya bastante tiempo que esa fecha no es un simple motivo de algarabía para mí-como cuando uno es niño- sino que se ha convertido en una fecha para reflexionar y pensar.

Quizás el paso ineluctable del tiempo siempre nos deja una enseñanza mucho más importante que una simple torta, unos cuantos regalos o una borrachera memorable: La vida se te está escurriendo de las manos y no hay forma de evitar que eso suceda.

Debido a esto fue que me puse a recordar muchas cosas que creí olvidadas. Se me vino a la mente esos momentos maravillosos en que sólo tenías que pedir algo para que te lo dieran; recordé cuando lo único importante en tu vida era correr detrás de un balón o quedarte hasta las cinco de la mañana pegado a tu televisor jugando al Play Station; recordé lo fácil que era que te comieras los dulces de la despensa y que tus padres te perdonaran sin mayores represalias, recordé aquellos días en que te podías pasar un día entero viendo la Uefa Champions League y la Copa Libertadores sin la preocupación de que tenías que leer mil y una guías para el parcial próximo, recuerdo aquellos momentos en que la felicidad era simplemente meterse a la piscina el día entero y salir a la noche con tu piel hecha una uva pasa, recuerdo cuando ser feliz no era sinónimo de dinero sino de meter la mano en una bolsa de Doritos o de Cheetos y comer todos los que pudieras.

También recuerdo que tu preocupación más grande era salir bien en el colegio y esperar con ansias el próximo FIFA para instalarlo en la computadora y amanecer jugando hasta que los ojos se te cerraran solos; la política no era importante porque el presidente no era un militar golpista, un inepto, un corrupto y de capacidades administrativas más que discutibles; tu mayor frustración era que tu equipo de fútbol no ganara un partido o que no te hubiesen regalado lo que querías en navidad; uno de tus mayores anhelos era llenar por completo el álbum de Panini del próximo mundial y evitar que te robaran las barajitas cuando las estabas cambiando; el amor era felicidad- como diría el vocalista de El Canto del Loco- y perdonar era algo banal y fácil; el dinero llegaba solo a tus bolsillos, y a veces ni te dabas cuenta de dónde provenía; la salud no era un problema y te sentías tan invencible que pensaban que la muerte era un simple rollo hollywoodense; creías que tus papás iban a estar allí para siempre y que desaparecieran era algo tan remoto que ni valía la pena pensar en eso; tus peleas con tus padres era porque no te habían comprado las baterías para el carro a control remoto o porque no te regalaron una Nucita, y tus rabias más grandes eran cuando te obligaban a comer algo que no te gustaba.

Así la vida era mucho más fácil, y aunque apenas voy a cumplir veinte años, siento que el tiempo me respira en la nuca y que no dejará de hacerlo jamás. Todavía soy joven, lo sé, pero también sé que ya no tengo ni diez, ni doce ni quince años y que este transitar por la vida es tan pantanoso, traicionero, canallesco y sorpresivo que la intriga sobre si llegaré a buen puerto sigue latente en mi cabeza y mi corazón día tras día.

El ciclo de la vida es así- por desgracia-, hay que crecer y envejecer para darle paso a las nuevas cosas y a las nuevas generaciones para que ellas se hagan cargo y se aferren a esa vida que a nosotros se nos escapa un poquito en cada segundo.

La pregunta que próximamente se me hará es cuántos años tengo y sé que tendré que responder que tengo veinte, aunque la verdad es que espero tener por lo menos setenta más; y si les soy sincero, creo que estoy comenzando a extrañar irremediablemente mi niñez.

Pronto nos veremos…

Calidad vs Táctica

Hoy se enfrentaron en el Camp Nou el Barcelona y el Arsenal inglés; diferentes ligas, diferentes entrenadores, pero una manera de jugar medianamente parecida; obviamente, teniendo en cuenta los diferentes jugadores de los que cuenta cada plantilla. El Barca había hecho un excelente trabajo en Inglaterra en el partido de ida hasta que se durmió en los laureles, faltando poco más de diez minutos para que el encuentro acabase, y el Arsenal espabiló del tibio juego que había desarrollado en los ochenta minutos anteriores y vacunó al equipo culé con dos golazos de contra cuando ya el encuentro expiraba.

Como la lógica marcaba, el partido de hoy fue muy diferente. El equipo español se hizo con la pelota desde el primer minuto e intentó ir al frente para remontar el marcador. El Arsenal sorprendió con un planteo táctico exquisito, y no por eso bastante arriesgado. Su juego se basó en la defensa pero sin renunciar al contragolpe. Nasri jugó un partidazo e intentó por todos los medios vulnerar a una defensa improvisada por parte de Guardiola, debido a las lesiones de Piqué y Puyol.

El francés lo intentó y en varias oportunidades logró generar un par de jugadas prometedoras, pero se encontraba muy solo arriba y la baja de forma de Cesc no ayudaba a la ofensiva. El equipo inglés salió a jugar a su manera y no apeló jamás al balonazo, jugando siempre desde su área; una apuesta bastante peligrosa teniendo en cuenta que se enfrentaban a Messi y compañía. Supuse que Wenger, entrenador del Arsenal, sabía lo que hacía, pero se equivocó. A un equipo como el Barca no se le puede andar con medias tintas a la hora de jugar muy cerca el balón de tu área; de hecho, el primer gol culé vino de un taco innecesario por parte de Fábregas que el medio campo barcelonista adivinó y robó la pelota, que fue filtrada a Messi, y como es de suponer, el argentino no falla oportunidades, y menos en esta circunstancias: Uno a cero a favor del Barca.

Me sorprendió que el equipo inglés haya ido a jugar a lo suyo en el Camp Nou. Si bien llegó pocas veces al arco rival, que haya ido a plantarle cara al Barca, que haya salido jugando siempre desde su área, que hayan descartado por completo jugar al pelotazo y que no se hubiesen agazapado en su arco cuando el resultado les era favorable, es algo digno de recalcar. De igual forma como lo subrayo, creo que le faltó un poco más de mesura a Wenger; a un equipo como el Barca no se le puede ir a jugar de tú a tú, y menos en su campo, cuando el resultado te es favorable. Está más que claro que el equipo de Barcelona posee la mejor plantilla y desarrolla el fútbol más espectacular del mundo, por lo que es poco probable que puedas salir airoso cuando este equipo va perdiendo y se viene encima de tu arco, y le pretendes jugar de igual a igual: eso es una locura.

Ahora bien, sin poner en tela de juicio la calidad y el potencial del equipo culé, se debe hacer un paréntesis en la expulsión de Van Persie; fue a todas luces una decisión legítima, pero no por eso deja de ser polémica e injusta. En el fútbol de hoy se ven miles de casos donde un jugador amonestado sigue una jugada, a pesar del pitido del árbitro invalidando a la misma, y en la mayoría de los casos el asunto no pasa a ser más que una reprimenda verbal por parte del principal.

Si bien la reglas dicen que en caso que esto suceda el jugador debe ser amonestado, lo cual hizo el árbitro y provocó la expulsión de Van Persie, dejando al Arsenal con diez, parece injusto y poco serio que esta regla sea ejecutada por la “apreciación” del juez principal y de una manera aleatoria o selectiva, en tal caso, dependiendo de las circunstancias y de los partidos, y no puede ser así.

¿Por qué al Arsenal y a Van Persie sí se le aplica la regla y a muchos otros futbolistas no? ¿Desde cuándo la justicia es “selectiva” con sus víctimas? Sin ánimo de ofender, les guste o no, el principal le ha echado una mano al equipo del Barcelona el día de hoy dejando a su rival con diez. La decisión está apegada a las leyes, pero es una disposición arbitraria por el simple hecho de ser “apreciativa” ¿Qué hubiese pasado si el Arsenal hubiese terminado con los once jugadores en la cancha? Eso ya es especular y no es la idea, pero el hecho está allí, y el error también.

En el segundo tiempo, en una de las muchas galopadas por parte de Nasri, el equipo inglés consiguió un córner que terminaría siendo gol tras un cabezazo en propia puerta por parte de Sergio Busquets. Este gol en vez de ser un baldazo de agua fría para el equipo español, lo que hizo fue incentivarlo aún más y por medio de una jugada colectiva de gran calibre entre Iniesta y Xavi, éste mandaría la pelota a las redes y estamparía el dos a uno. El equipo londinense no alcanzó siquiera en pensar en el alargue cuando ya Messi marcó el tercero por la vía del penal y allí se hundieron todos los sueños de los Gunners.

El Barca está en los cuartos de final tras un partido aguerrido y con mucha lucha por parte de los dos conjuntos. El equipo de Wenger murió como los caballeros ingleses: en la orilla y jugando a los suyo. No creo que sea un gran consuelo tras una eliminación, y más cuando siempre se busca ser el ganador, pero eso forma parte de la idiosincrasia del club y se respeta.

Ahora bien, el equipo culé sigue en su paso impoluto hacia el trofeo que lo consagre campeón de Europa, pero no sé por qué me parece que este Barcelona corre menos que el año pasado; ya no me sorprende tanto ni es tan aplastante como en campañas anteriores. Si bien, sigue jugando un fútbol de una espectacularidad indudable, hoy el Arsenal ha demostrado, tal como lo hizo el inter en año pasado, que éste no es un equipo invencible y que si se le hace un planteo táctico bien estudiado, el Barcelona puede hacer aguas.

Quizás esta forma “táctica” no es del todo espectacular ni mucho menos, pero enfrentarse a un equipo como este Barcelona es ir al choque entre un David y un Goliat, y si quieres ser el vencedor y no el vencido tendrás que jugar el partido desde el pizarrón del vestuario, porque si sales a darle cara, te irás a casa con el saco lleno.

Pronto nos veremos…

El relato de un culpable

Venezuela de los próximos años:

Mi vida se encuentra en una gran diatriba, ya no sé qué voy a hacer conmigo. Justo esta noche ha llegado a mi Hotmail un escrito al que le he tenido un pánico indescriptible desde hace muchos años, y que guardaba la esperanza de que nunca llegara, pero llegó. El correo es una amenaza ineludible, ineluctable, procaz, violenta, rencorosa, avinagrada y hasta un poco canallesca. El mensaje proviene de un grupo de adeptos radicales al autócrata de Chávez, que me han dejado claro que ya lo sabían todo y que me atuviese a las consecuencias.

¿Para qué les voy a mentir? No vale la pena ya. La verdad es que la algarabía que se ha producido en este grupo de radicales izquierdistas es que han podido descubrir mi verdadera identidad. Se han hecho con información secreta de la que ahora harán gala para destruirme y sepultar mi futuro.

Todo comenzó con una equivocación mía. En mi afán por seguir siendo un reaccionario en este país de revolucionarios, le pasé el link de este blog a un supuesto amigo que conocí hace poco y le dije que era un lugar clandestino, el cual utilizaba para dejar brotar mis verdaderos ideales políticos y escribir lo que me plazca, no como esos artículos que publico en El Correo del Orinoco o en el Diario Vea que van en contra de mis principios y se me parecen más a una mazmorra rancia o a un bodrio antes que a una opinión política sensata y veraz.

Fui lo muy poco racional como para creer en este “amigo” que me hablaba de neo liberalismo, de capitalismo, de partidos políticos, de independencia de los poderes públicos, del libre comercio, de la descentralización de la economía y de las teorías de Adam Smith. Todo ese verbo tan bien explicado por parte de este sujeto en un país ultraizquierdista como en el que vivo, me anonadó. No creí que en esta nación donde la educación era más una acción de ideologización que de aprendizaje pudiese existir alguien que me hablara tan bien de estos temas “Capitalistas” de los que yo sabía un poco por esos libros que leía furtivamente en mi casa por las noches, observando bien que nadie estuviese cerca para no ser descubierto y evitar el riesgo de ser encarcelado por ser un “Vende patria”.

Le di el link de mi blog furtivo esperanzado en sus buenas críticas y con la buena fe que de esa amistad pudiera surgir un pequeño grupo rebelde con ideas distintas a las que proclamaba el dictador de Chávez e ir en contra de su mandato. Por desgracia, un día entré a mi correo electrónico y leí ese mail del que les hable arriba. Decía que ya sabían lo de mis “Opiniones fascistas”, entre otras inverosímiles acusaciones, y que no intentará huir porque sería imposible; pocos después, entraron unos matones a mi casa y fui apresado por la “Policía Nacional”, lo que en realidad es una red de espionaje para controlar a los “reaccionarios”, y me acusaron de los delitos mayores: Espía imperialista y lacayo de la burguesía.

La verdad, no entendí muy bien los cargos, más que todo el segundo. El primero es algo comprensible, ya que todos los gobiernos dictatoriales de izquierda siempre buscan un enemigo en común y les echan la culpa de sus errores a los países grandes, osea al “imperialismo”. Lo que nunca llegué a entender es cómo se me iba a acusar de lacayo de la burguesía ¿De cuál burguesía? Si la única clase alta en este país son los altos funcionarios del PSUV y los hombres pertenecientes al gabinete chavista; de resto, todo el empresariado salió corriendo de este país cuando el presidente comenzó con sus expropiaciones a diestra y siniestra. Entonces ¿Se me acusa de servir a los burgueses de la “Revolución Bolivariana”? porque si no ¿De cuál otra burguesía hablamos? no lo logro entender.

Poco después, me fue a visitar el traidor que se hizo pasar por mi amigo. Me dijo que había leído todos mis artículos y que les habían parecido una verborragia asquerosa, sin fundamentos y me atacó diciendo que era un “Yankee frustrado”. Luego de eso, me comenzó a hablar de Marx, del decaimiento del Capitalismo, de la lucha de clases y de mil babosadas más, como intentando adoctrinarme en unas ideas que llevaba escuchando desde niño en el colegio y las cuales jamás compartí, pero que tuve que aceptar en silencio ante las posibles represalias que podía sufrir si decía que no estaba de acuerdo.

Cuando me llevaron al juicio- por lo menos corrí con la suerte de que me llevaran a juicio- sacaron provecho de los artículos que publicaba en este blog para tener pruebas más que fehacientes de mis nexos ideológicos con el imperio, con el capitalismo, con la Derecha y con la democracia. La cosa fue más o menos así: Primero me acusaron ser un opositor a la postura del presidente Chávez con respecto a la crisis de Medio Oriente.

Dijeron que en uno de mis escritos clasificaba a Ghadifi de dictador y déspota, y que criticaba que nuestro mandatario lo apoyara y quisiera que el dictador libio siguiera en el poder; no me quedó de otra, fui consecuente con mi pensamiento y me declaré culpable de este hecho.

Luego me culparon de que escribí una vez que el Comunismo me parecía una quimera, una utopía y que había clasificado a los comunistas de “come flores”; no me quedo de otra, fui consecuente con mis principios y me declaré culpable de este hecho.

Posteriormente, me imputaron de ser un hombre de Derecha. Que en varios artículos aludía positivamente al Capitalismo, que me declaraba un seguidor del Neo liberalismo y hablaba maravillas de la libre asociación; no me quedó de otra, fui consecuente con mis ideales y me declaré culpable de este hecho.

A continuación, se me acusó de ser un demócrata. Dijeron que varias veces había escrito artículos apoyando la alternabilidad en el poder, de basar el juego político en una base sólida de un multipartidismo, donde se fuese a elecciones cada cinco años y no pudiese seguir en la presidencia por más de dos mandatos el mismo sujeto; en fin, de todo eso se me acuso. No me quedó de otra, fui consecuente con mis palabras y me declaré culpable de este hecho.

Siguiendo con este río de acusaciones, se me atribuyó que en muchos de mis artículos defendía a ultranza la propiedad privada y hablaba pestes de la propiedad comunal. También que odiaba las expropiaciones y que no estaba de acuerdo con la doctrina económica de Chávez. Fue consecuente y me declaré irreversiblemente culpable.

Luego, el juez me acusó de ser un irremediable enemigo de los hermanos Castro; que varias veces los había catalogado de autócratas y rufianes, que llevaban más de cincuenta años robándole los sueños y los anhelos al pueblo cubano. Fue consecuente con mis ideales y me declaré culpable de este hecho.

Después de una lista interminable de imputaciones, de las cuales no mostré siquiera resquicio alguno de una posible inocencia remota, los hombres del jurado se pararon y dijeron que se irían a discutir el veredicto final. Cuando se estaban yendo, les pedí si era posible que se me facilitara una computadora para redactar una carta a mis seres queridos: accedieron. Me imagino que lo hicieron porque estaba más que claro que se me iba a declarar culpable y que ésta iba a ser mi, quizás, mi última voluntad.

Mientras ellos estaban reunidos, escribí este artículo. No sé por qué, me imagino que fue mi vena periodística la que me azuzó de hacerlo y también para que esta injusticia no quedara en el olvido y pudiera ser recordada por alguien. Comprobé si la laptop tenía acceso a internet: si tenía. Entré a mi blog y descubrí que aún no habían podido eliminarlo. Ni para esto son eficaces estos chavistas ineptos- pensé. Rápidamente publiqué mi artículo, con la esperanza de que alguno de mis pocos lectores lo leyera antes que el blog fuese, ahora sí, eliminado para siempre.

Cuando los hombres del jurado salieron y comenzaron a hablar, descubrí que en realidad los cargos que se me imputaban eran simplemente una pantomima para darle un sentido inverso a algo que está más que claro. El problema no es Estados Unidos, o el Capitalismo o la burguesía, el problema es ese miedo a que pienses diferente, a que halla o formules preguntas, a que digas que no estás de acuerdo, ¡A qué disientas!

Ese es el verdadero miedo de este y de todos los gobiernos autócratas, porque el día que disientas y preguntes por qué, será el día en que le des posibilidades a la democracia y le tires la puerta en las narices al totalitarismo y al despotismo.

Si mi culpabilidad sirve para marcar un precedente y hacer que la gente haga lo que fui capaz de hacer yo, pues me declaro eternamente culpable. ¿Voy a ir a la cárcel por eso? Entonces soy un afortunado.

Pronto nos veremos…