Hört der Regen auf Strasse zu füllen

Archivo para febrero, 2011

Mi lista negra

En mi lista negra hay de todo: desde políticos corruptos, militares golpistas, dirigentes ineptos, revolucionarios de pacotilla, inescrupulosos que se hacen llamar políticos y no son más que unos canallas, reguetoneros que se lucran con una “música” que humilla y degrada a la mujer; hasta, quién sabe, mi vecino, que me tortura con sus fiestas interminables y al día siguiente me saluda en la calle como si nada.

El primero en mi lista negra, obviamente, tiene que ser el bandido de Chávez. Ese militar que una vez intentó llegar al poder por la fuerza, y que por su culpa decenas de venezolanos perdieron la vida ese fatídico 4 de febrero. Estoy hablando de ese mismo ser cantinflesco, irracional, dicharachero, vulgar, felón, inescrupuloso, fantasioso y rufián que lleva más de doce años en el poder- obviando la cosa más importante en una democracia: La alternabilidad- y sale casi todos los días por la televisión rasgándose las vestiduras intentando aparentar ser el demócrata que nunca será.

El segundo en mi lista negra tiene que ser el ministro de infraestructura de nuestro país. Si les soy sincero, no recuerdo su nombre, pero es aquel hombre de rulos que sale por el canal ocho con ínfulas de erudito y quizás ese tipo no sabe, ni siquiera, lo que sabe cualquier ciudadano de a pie. Ustedes se preguntarán por qué este hombre sale en mi lista negra, si siendo sinceros, los ministros del oficialismo son de dudosa capacidad política y administrativa en general. Pues bien, este muchacho sale en mi lista negra porque su cinismo no tiene límites. El otro día salió por el canal ocho diciendo “los avances” que con el proceso “revolucionario” del presidente Chávez estaban logrando en el Metro de Caracas.

Habló de muchas cosas, que el Metro tenía la capacidad de transportar no sé cuántos miles de pasajeros al día, que habían arreglado no sé cuántas escaleras eléctricas y que se le había hecho mantenimiento a las vías férreas del tren. Mi pregunta señor ministro es la siguiente: ¿En qué país vive usted? ¿Está usted consciente de lo que dice cuando sale por televisión? Yo, por desgracia, nunca he salido en los medios, pero con propiedad le puedo hablar de las muchas escaleras eléctricas que no están funcionando en varias estaciones, de los muchos vagones sin aire acondicionado y del retraso que presenta el servicio diariamente, el cual se calcula en más de una hora diaria ¿ De quién es la culpa de esto? ¿De los espías de la CIA? ¿De los adecos? o quizás ¿De la ineptitud de su ministerio? Señor ministro, como se nota que usted anda en buenos carros, ¡Pagados por el pueblo!, y no utiliza nunca este servicio público, del cual usted habla maravillas.

El tercero en mi lista negra tiene que ser el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, Rafael Esquivel.Ese gordito de barba que debe saber de fútbol lo mismo que sé yo de física cuántica. Muchos de los equipos de la primera división de nuestro país no les pagan a los jugadores por problemas financieros y él se hace de la vista gorda. Muchos estadios de primera división, como por ejemplo el Misael Delgado de Valencia, el Olímpico de la UCV o el Brígido Iriarte, están con un engramado paupérrimo, inviable para poder jugar al fútbol, y muchísimo menos para ofrecer un buen espectáculo a los aficionados; y qué dice el manda más de nuestro fútbol: nada.

Muy a mi pesar, ya ha quedado demostrado que nuestra liga no soporta dieciocho equipos en primera división, porque muchos de éstos se les hace inviable pagar el transporte a las diferentes ciudades del país donde se llevan a cabo los juegos, y tampoco para darle hospedaje de calidad y seguridad a los jugadores; y qué dice Esquivel: Nada; se niega a volver al formato anterior de diez equipos. Los hinchas del Caracas Fútbol Club cuelgan trapos en el estadio reclamándole y haciéndole saber a la federación que no está de acuerdo con su gestión; y qué hace el tolerante de Esquivel: castiga al Caracas Fútbol club por los mensajes “lascivos” de sus hinchas, y aparte de multar al equipo, le hace jugar varios partidos a puerta cerrada. ¿A quién le rinde cuentas este “simpático” personaje? Nadie lo sabe.

El cuarto en mi lista negra tiene que ser nuestro amigo Berlusconi. Este llamativo personaje que ahora se encuentra metido en un rollo legal inmenso porque todo parece indicar que mantuvo relaciones sexuales con una menor hace pocos meses. La historia no termina allí, esta chica de origen tunecino parece ser que forma parte del harén exclusivo de nuestro compañero Berlusconi; y para mantenerla contenta, ya le ha girado unas cuantas sumas de dinero a esta chica, nada desdeñables, para mantenerla contenta. Toda una conducta apropiada para un “político” de un país tan serio como Italia ¿no?

Pero esto no es todo, este hombre es acusado de tener nexos con la mafia calabresa, además de aprobar una ley donde ni el presidente ni el primer ministro, osea él, pudieran ser juzgados por delitos que no tengan nada que ver con su rol político, teniendo así vía libre para hacer sus fechorías. Este es el típico caso de un hombre que se ha valido de la antipolítica para ejercer cargos públicos y detentar el poder. ¿Qué los políticos son “feos” y “corruptos”? Pues aquí tienen a Berlusconi, no es un político y ejerce un cargo público que le sirve para hacer lo que le da la gana. Ahora díganme ustedes si los políticos de verdad son tan “feos”. No lo creo.

El quinto en mi lista negra tiene que ser Muamar Gadafi. Este déspota miserable lleva en el poder más de cuarenta años, donde se ha enriquecido por las inmensas reservas de petróleo que tiene su país. Ha llevado casi a la miseria absoluta al pueblo libanés mientras él disfruta de su vida de rey financiada por los precios del crudo. Como nada es para siempre, excepto la muerte, el efecto dominó que ahora reina en áfrica ha hecho que el pueblo de Libia salga a la calle a exigirle al presidente que renuncie a su cargo y le abra las puertas a la democracia. Pues bien, el mesías de Gadafi no sólo se niega rotundamente a salir de la presidencia, sino que le ha dicho a sus militares y adeptos que tienen que salir a la calle a “acabar con esas ratas” que intentan usurparle el poder.

Si habla así de sus compatriotas ni me quiero imaginar cómo hablará de sus enemigos. Lo más deprimente de todo es que sólo Nicaragua, Cuba y Venezuela hayan sido los únicos países que estén a favor de la continuidad del dictador en el poder. Con esta clase de personas es que nuestro presidente hace negocios ¡Qué vergüenza!

El sexto en mi lista, se merecería ser el primero, es el dictador caribeño de Fidel Castro. Este hombre tiene la cifra record de estar en el poder más de medio siglo. Llegó a la presidencia de una manera heroica y prometiendole al pueblo cubano que el despotismo jamás reinaría en la isla. Como ustedes ya lo saben, semejante promesa digna y magistral se quedó allí: en una promesa.

Este “revolucionario” ya bastante longevo, lleva arrebatándole las libertades y los derechos a su pueblo más de cincuenta años y lo ha sumergido en la pobreza, en el retraso, en la miseria y en la ignorancia total. ¿Qué peculiar no? Como Cuba, que es un país que no posee analfabetismo, su pueblo pueda ser tan ignorante de todo lo que le sucede y víctima de la manipulación de las restricciones ideológicas de las que el régimen hace gala; peculiaridades de la vida, supongo.

El séptimo en mi lista negra es otro de nuestros grandes amigos: Diosdado Cabello. ¿Qué decir de este sujeto? Este hombre dice ser un político y forma parte de los “consentidos” del presidente Chávez. Todos los años lo vemos enchufado en un puesto diferente en el gobierno y nadie sabe cómo llegó allí. Hizo gala de su ineptitud cuando fue gobernador de Miranda y sucumbió a este Estado en un abandono realmente lamentable. Es el vivo ejemplo de cómo funcionan las cosas en este país: Chávez ordena y los demás obedecen ¿Y los poderes públicos? Bien gracias.

El octavo en mi lista es el “comediante” del oficialismo Mario Silva. La verdad, es que ningún venezolano sabe quién le dijo a este señor que era un buen comunicador. Su programa de televisión, La Hojilla, es un mar de resentimientos, rencores, odios, venganza y posee una cantidad de comentarios racionales inexistente. Se burla de los partidos políticos, de los padres de la democracia de nuestro país, alaba a las dictaduras de izquierda del mundo y habla pestes de la oposición, descartando a la misma de formar parte del pueblo, esa palabra que tanto utiliza su comandante y por la cual dice que hace todas sus acciones. Él dice que su programa es humorístico, pero la verdad, la sensación que da es que si esas son las personas que manejan el país, arropémonos hasta la cabeza y esperemos el fin del mundo.

El noveno en mi lista negra son aquellos seres raros que se cuelgan collares extravagantes en el cuello, se ponen correas con hebillas escandalosamente impresentables, utilizan camisas gigantescas con pantalones que se les caen hasta las rodillas y se dicen llamar músicos: Los reguetoneros. Estos entes que dicen hacer música están en mi lista negra porque no logro concebir que puedan ser tan famosos con ese estruendo que cantan y con esas letras tan denigrantes hacia la mujer. Que lamentable que unos babosos con suerte se expresen así de las damas, como simples objetos sexuales, y que no contentos con eso, no sólo se enriquezcan haciéndolo sino que a millones de ellas les encante que lo hagan ¿Qué está pasando con ustedes, chicas? Siéntense y piénsenlo bien.

Por último, y no por eso menos relevantes, están aquellos seres que por suerte Dios ya ha hecho acto de justicia y se encuentran ahora quién sabe dónde, pero muy lejos de este mundo, donde hicieron mucho daño.

Para comenzar, está nuestro “tío” Stalin, que cuenta con la escalofriante cifra de haber matado a más de treinta y dos millones de rusos cuando llegó al poder y comenzó a instalar el modelo comunista en su país, que por cierto hundió en la miseria a miles de personas más. Luego se encuentra el famoso Hitler, que asesinó a más de seis millones de judíos; muchas de estas muertes se realizaron en unas máquinas diseñadas por sus ingenieros para este acto innoble y miserable. Lo que la mente humana puede llegar a diseñar. A continuación, nos encontramos con el tirano de más renombre, quizás, en nuestra historia: Marco Pérez Jiménez. Este militar que estuvo desde 1952 hasta 1958 en el poder y formó parte de la junta de gobierno golpista de 1948. Creó la famosa Seguridad Nacional, que era la encargada de torturar y mandar a los presos políticos a Guasina para hacer trabajos forzados. Todo un déspota de primer nivel; y después preguntar que por qué un militar no puede ser presidente.

Aquí viene, el que creo yo, el ser más repulsivo, inhumano y miserable de por lo menos el siglo XX: Mao tse Tung. Este sujeto cuenta con la repugnante suma de haber matado de hambre a más de cincuenta millones de chinos. Sí, está leyendo usted bien, ¡Cincuenta millones de chinos! Sus políticas económicas fracasaron en un principio y sumergieron a China en unas hambrunas tan brutales que acabaron con la vida de millones de personas. Luego esas medidas cambiaron y ya los chinos no morían de hambre pero vivían en una dictadura desgarradora, que aún hoy sigue en pie.

Ésta es mi lista negra, la lista que sé que puede hacer de este mundo un lugar mejor si algún día todos estos personajes dejasen de existir. Soñar no cuesta nada, y por lo menos yo, no lo dejaré de hacer jamás,y más si es por el bien de la humanidad.

Pronto nos veremos…

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Fomentando la intolerancia

No sé cuándo será el día en que este gobierno nos deje de sorprender. En algunos casos parecen irreales todas las cosas que se le ocurre para robar portadas en los periódicos y ser los más mencionados en los medios de comunicación. Si no es el dueño del circo el que sale hablando cualquier desfachatez, son sus gobernadores; sino son sus gobernadores, son sus alcaldes; sino son sus alcaldes, son sus diputados; sino no son sus diputados, son los integrantes del PSUV y si no son los del PSUV, ya aparece cualquiera por ahí con una camisa roja gritando cualquier absurdo.

Este martes el gobernador de Miranda, Enrique Capriles Radonsky, hizo acto de presencia en la localidad de Charallave para cumplir con su promesa de hacer entrega de más de novecientos lentes a estudiantes con problemas de vista en siete instituciones educativas de la zona. Todo esto forma parte del Plan Visión Miranda, donde Radonsky intentará beneficiar a más de nueve mil niños de este estado antes que termine el año. Hasta ahora los esfuerzos han dado fruto y alrededor de ciento cincuenta mil venezolanos han salido privilegiados con dicho plan.

Mientras el acto transcurría en el colegio Carmen Ruiz, un grupo de adeptos al gobierno, vestidos con camisas rojas alusivas al régimen, intentaron entrar a la escuela por la fuerza para boicotear la ceremonia. Como era de esperar, se les prohibió la entrada y estos “ciudadanos” decidieron tomar palos y piedras para golpear a las personas y destruir las instalaciones.

No les importó que hubiera decenas de niños con sus madres, o que en dicho acto se le estaba prestando ayuda a los estudiantes, donde mucho de ellos estaban recibiendo atención médica para solucionar sus problemas de visión; no, comportándose como fascistas en la época de Mussolini o como los Camisas Pardas hitlerianos, hicieron uso de la fuerza y destruyeron varios parabrisas de los vehículos aledaños, lanzaron piedras y botellas dentro de la institución e intentaron golpear a decenas de personas.

Como es de esperarse, el alcalde de Charallave, José Ramírez, es un confeso seguidor del “Proyecto Socialista” que se está llevando a cabo en nuestro país y un fanático del jefe de Estado. Después que la ceremonia culminase, Pedro Pablo Vegas, comisionado del despacho del gobernador, declaró a los medios de comunicación que estaba firmemente convencido que aquellas personas que intentaron sabotear el acto estaban respaldadas por el alcalde Ramírez, que consta con la fama de ser un hombre bastante radical en su postura política, entre otras cosas.

No parecería raro que la mano de Ramírez estuviese metida en todo este embrollo, si tenemos en cuenta sus dudosas capacidades políticas y administrativas. Más de una vez los habitantes de Charallave lo han visto bastante pasado de tragos y gritando improperios en la calle, así como haciendo mal uso de los vehículos de la alcaldía ¿Nos sorprende esta situación? No lo creo.

Lo más asombroso de todo este hecho es que ningún representante del gobierno haya salido públicamente a desaprobar o reprochar semejante acto delincuencial por parte de sus seguidores. Se ha hecho caso omiso a una situación que pudo haber cobrado la vida o herido a decenas de personas, que en el momento del acto se encontraba dentro del colegio.

Todo parece indicar que en este país la ley se aplica de forma muy selectiva, dependiendo del color de la franela que tengas puesta o del partido político al que perteneces. Lo mismo sucedió cuando Iris Varela se le ocurrió la brillante idea de apedrear las instalaciones del canal Globovisión. El presidente Chávez salió por televisión reprochando el acto de una manera bastante blandengue y la justicia venezolana le hizo pagar a la diputada por este hecho con una condena bastante irrisoria.

Éste es nuestro poder judicial, un arma más manipulada al antojo del jefe de Estado donde el único condenable es el opositor, donde el que va preso es el que elije el presidente, donde las leyes se cambian a capricho y donde la inocencia del culpable puede ser demostrada por sus opiniones políticas.

Si todo esto se les parece a la dictadura castrista, a la España de Franco o a la Alemania Comunista, es pura coincidencia ¡Se los juro!

Pronto nos veremos…

Nada es gratis en la vida

Ese día tu vida cambió. Ahora tenías que viajar diariamente hasta llegar a ese lugar, que desde el primer día que fuiste te cautivó. Ya las cosas no iban a ser tan fáciles, ahora llegarías cansado a tu casa por el viaje, ya no jugarías fútbol todos los días (eso fue lo más difícil de asimilar), ya no verías a tus amigos tan seguido y no ibas a poder ver los partidos de la Copa Libertadores, ni tampoco de la Champions los días de semana. Todo en esta vida son sacrificios ¿no?

Antes de ir el primer día tuviste que comprarte ropa nueva porque tu armario constaba apenas de unas cuantas camisas y un par de pantalones; y no porque tus padres no te compraran ropa, sino porque jamás te interesó tener puesta otra camisa que no fuera la de tu equipo favorito. Pero cuando entraste a la universidad, te diste cuenta que había cada loco con cada trapo encima, y descubriste qué a nadie allí le importaba cómo ibas vestido.

Pero esa no fue la única impresión que te dio el primer día de universidad. Andando por la feria, viste a aquella mujer hermosa de tez blanca y ojos claros, que tenía puesto unos lentes que le daban un aire de intelectual espectacular. La viste de manera fugaz, y no porque ibas tarde al salón de clase, sino porque no tenía sentido ver demás a aquella mujer que era totalmente inalcanzable para ti; además, me imaginé que querías sentarte de primero en el salón, estabas entrando a la universidad y querías prestarle mucha atención a las clases y mejorar ese promedio chapucero con el que te graduaste de bachiller.

De hecho, no sólo te sentaste adelante, sino que eras el primero siempre en intervenir en toda cosa que preguntaban, aunque más de una vez dijiste cualquier barbaridad y el profesor tenía que salir a corregir semejantes ideas irraciones y carentes de verdad. Pero eso no fue lo importante, lo verdaderamente significativo fue tu cara cuando viste entrar al salón a esa misma chica que viste en la feria; no lo podías creer, estudiaba contigo y era igual de nueva que tú en este mundo universitario desconocido para ti.

La viste entrar y sentarse en la parte de atrás del salón. Cruzó las piernas y hacía gestos con su cara que hacían notar cierta irreverencia y superioridad de su parte hacia los demás. Eso te incomodó, te daba una mala impresión; supusiste que era la típica niña de mami y papi que conocía el mundo y se creía mejor que nadie. Pero su belleza era indudable. Su cara y su cuerpo resaltaban de tal manera por sobre las demás, que no había duda que esa irreverencia que expresaban sus gestos era gracias a la seguridad que le daba su cuerpo sublime. Ella sabía que la miraban y eso la enorgullecía.

Los días transcurrieron de esa manera, mientras te hablaban de Picasso, de las falacias, del imperio romano, de los métodos de análisis cualitativo y de las formas de comunicación, ella seguía sentada allá detrás, y tú, sin siquiera darte cuenta, ya no te colocabas tan adelante, sino que poco a poco te ponías más cerca de esa chica. Obviamente, ella, casi con total seguridad, apenas sabía que existías. Su aire de grandeza casi que la obligaba a no mirar a los lados para no correr el riesgo de ver algo que no le gustase, o ésa era la impresión que ella te daba. De igual manera tú seguías allí, con esas maniobras absurdas y casi infantiles para que te viera y quizás pudiesen cruzar un par de miradas y así poder saber cómo reaccionaba.

El primer mes fue en vano, y ya cuando tus artimañas estúpidas no daban resultados y te sentías un fracasado, llegó el día. El profesor estaba explicando el decaimiento del imperio romano, cuando a ella se le cayó el lápiz y ese palito de madera rodó victorioso a tu dirección hasta que chocó contra tu pupitre. Tú te diste cuenta de ello por el sonido que el lápiz produjo cuando cayó al suelo. Lo agarraste y se lo devolviste. Te sonrió y te dio las gracias con una voz melodiosa que sólo una mujer de belleza tal podía tener.

Esa pequeña interacción no significaba mucho en realidad, y tú lo sabías; pero ya era algo, y algo es mejor que nada. La verdadera sorpresa surgió cuando al terminar la clase, te tomó del hombro y te preguntó que si te ibas en Metro, le contestaste que sí y ella te dijo si se podían ir juntos, que le daba flojera irse sola siempre. Por supuesto que aceptaste. En el trayecto hablaron de todo y de nada, y aparte de descubrir que aquella niña no tenía tanto dinero como su ropa de marca aparentaba, supiste que le gustaba escuchar Jazz y que no le gustaba el Reggaetón ¡Dios bendiga los gustos musicales de esta mujer!- pensaste ese día.

Desde ese momento, se saludaron siempre y comenzó a surgir una relación extraña entre los dos. Eran amigos pero el trato que ella te daba a ti era poco convencional. Estaba entre ese limbo de la amistad y del algo más. Al comienzo creíste que eran cosas tuyas, pero cuando los mensajes de texto se hicieron más frecuentes y el tiempo que compartían era mayor, te diste cuenta que allí pasaba algo.

A pesar de lo bien que la pasabas con ella, no te podías sacar de la cabeza esa sensación de que aquella mujer no era del todo sincera contigo. Tenías siempre el presentimiento que había un mensaje connotativo, oculto, furtivo en cada cosa que te escribía y te decía. También pensaste que eran cosas tuyas, y que todo eso era una paranoia inventada por tu incredulidad ante todo lo que estaba sucediendo. Luego, muy tarde, supiste que no era así.

Académicamente, ella se hizo cada vez más dependiente de ti, y tú lo sabías, pero lo ignoraste. Lo ignoraste porque desde ese día en que te besó por sorpresa mientras almorzaban juntos, se avivó un ti una esperanza, sin base alguna, de que allí estaba surgiendo algo entre los dos que podía terminar en algo importante.

Ésa era la manera como ella te pagaba tus incondicionales explicaciones antes de los parciales, de tus innumerables favores y de los múltiples trabajos en que salía su nombre impreso en la portada sin que siquiera supiese de que se trataba lo que aparecía en esas hojas.

Así transcurrieron un par de semestres, quizás un poquito más, en donde los dos- o en realidad tú- te encontrabas sumergido en esa relación ambigua, traicionera, poco confiable, cantinflesca y cínica, donde un día había besos y caricias y al día siguiente había lejanía y respeto, cual simples compañeros de clase.

Aceptaste las reglas del juego sabiendo que lo más probable era que nada bueno pasase; me imagino que te dejaste encantar por ese tesoro que nunca pensaste que pudiese estar en tus manos, y que de la nada tenías el privilegio de disfrutar de manera efímera, pero con cierta regularidad embriagadora. Estando en esa situación fue que lograste comprobar, por experiencia propia, aquellas palabras sabias de aquel profesor: “Los seres humanos somos totalmente pasionales con fugaces momentos de racionalidad”. Después de todo, eso te quedó bastante claro.

Un día se despidieron como siempre de la universidad, todo parecía normal. Al día siguiente no te respondió los mensajes, ni tampoco al siguiente, ni al siguiente; entonces decidiste buscarle alguna explicación “razonable”- más bien engañarte- ante aquella desaparición repentina de su parte. Llegó el lunes y se encontraron de casualidad por los pasillos: los dos iban al salón. Te saludó con desdén o por la simple inercia del encuentro no buscado, y apenas lo hizo, se fue. Supiste en ese momento que algo estaba mal, y que lo peor de todo es que no había nada por hacer ¿O quizás seguías esperanzado de que fuese algo temporal? En ese momento, no lo sabías.

Fuiste al salón y ella estaba allí, pero viste que leyó algo en su Blackberry y salió de inmediato. No le diste demasiada importancia. En aquella clase, la profesora tenía que entregar los exámenes que habían hecho hacía una semana; dijo que se le habían quedado en el carro y te pidió a ti que los fueses a buscar. La profesora te caía muy bien y lo hiciste con todo el gusto.

Después de darte las explicaciones necesarias para que pudieses ubicar su carro y el sitio específico donde estaba estacionado, lograste llegar sin mucho trajín. Era un carro pequeño, bastante sucio y con indicios claros de que necesitaba un buen servicio de mantenimiento porque sino en cualquier momento dejaría a tu profesora andando en Metro.

Tomaste los parciales y decidiste recortar camino pasando por todo el medio del estacionamiento en vez de bordearlo. Cuando estabas a punto de llegar al ascensor, la viste. Tenía que ser ella. Esos lentes, esos ojos y esa tez blanca hermosísima eran pruebas más que fidedignas de que tenía que ser ella. Te acercaste un poco y comprobaste que sí, no te habías equivocado; pero no estaba sola. Había un muchacho alto recostado a una camioneta que hablaba con ella de manera jocosa y pícara. Pocos segundos después, se besaron intensamente por unos cuantos segundos, que a ti te parecieron horas.

Mientras que veías la escena, pudiste detallar a aquel muchacho. Era bastante más alto que ella, nariz prominente, ojos oscuros y bastante delgado. Estaba muy bien vestido y se notaba que tenía más dinero que toda la familia del príncipe de España junta. Poco después, ella se despidió de él y caminó en dirección al ascensor. El muchacho prendió su camioneta de incalculable valor monetario, la misma donde hacía poco estaba recostado, y se fue en dirección a algún lugar.

Tú caminaste hacia el ascensor, navegando en un mar de sentimientos encontrados, y ella estaba allí todavía, esperando. Pusiste tu cara más hipócrita y la saludaste: no se merecía siquiera tu rabia. Te saludó rápidamente y justo allí llegó el ascensor. Entraron. Mientras tú cargabas los parciales en tu mano derecha y ella se encontraba a tu lado esbozando una sonrisa de astucia, a causa de algo que leyó en su celular; comprobaste ese día, por experiencia propia, que nada es gratis en la vida, ni siquiera el amor.

Pronto nos veremos…

¡Triunfó la democracia!

No sé exactamente cuál sea la razón. Quizás sea por la lejanía geográfica, por las diferencias religiosas o por los prejuicios sociales que se han podido generar a lo largo del tiempo. Independientemente de cuál sea la causa, todo el mundo debe celebrar la victoria que el pueblo egipcio ha conseguido hace pocos días logrando que el tirano de Mubarak renunciara a la presidencia, y que se haya conseguido abrirles las puertas al consenso y a la democracia en este país africano.

Siempre hemos visto a los musulmanes como personas de otro mundo, con una religión tan extravagante, y en muchos casos machista y retrógrada, que hemos llegado a pensar muchas veces que esa manera de ver la vida, por medio de su religión, se reflejaba en sus gobiernos: que la dictadura tenía cabida en esa sociedad; pero este comienzo de año nos ha abierto los ojos y nos hace ver que nada de eso es cierto, que no es posible bajo ningún punto de vista que cualquier humano pueda aceptar pasivamente la imposición de un régimen autoritario.

En Egipto tuvo que pasar treinta años para que el sistema implosionara y el despotismo se viniera abajo; fue mucho tiempo, pero lo importante es que sucedió y que ahora este país puede soñar con instituciones serias, con partidos políticos y con la cosa más hermosa que posee cualquier país libre: La libertad de expresión. Los egipcios nos han demostrado nuevamente que es antropológicamente inviable que cualquier ser humano pueda vivir indefinidamente en un sistema que usurpa sus libertades, sus sueños, sus anhelos y que le impone una forma y un estilo de vida.

Mubarak lo intentó y su reinado de terror tuvo éxito durante treinta años; pero como la historia es sabia sucedió lo que siempre sucede, tarde o temprano: Los autócratas caen. Sucedió en la Unión Soviética, en la Alemania comunista, en gran medida en China y tarde o temprano pasará en la longeva dictadura caribeña de Cuba.

El pueblo egipcio me recuerda un poco a los desdichados habitantes de la ya por suerte extinta Unión Soviética. Mientras sus pobladores se morían de hambre, el gobierno comunista le pedía paciencia al pueblo mientras ellos se preocupaban por lanzar antes que los norteamericanos al primer el hombre al espacio; como se nota que tenían bastante claro las prioridades de la nación los soviéticos ¿no?.

Así sucedió en Egipto, mientras su pueblo le pedía a Mubarak derechos y reivindicaciones totalmente legítimas, él se escudaba diciendo que él era un presidente electo democráticamente y que tenía el aval de todo el pueblo egipcio. Mientras su gente le exigía mejoras políticas, él se preocupaba por seguir detentando el poder. Este hombre tenía también muy clara las prioridades de su país ¿no?.

La pregunta que nos hacemos todos es la siguiente: ¿Cómo Mubarak no iba a ganar las elecciones presidenciales si cuando los egipcios iban a votar había en la papeleta un solo candidato? Entonces al rato se daban los resultados y ¡Oh sorpresa! Volvía a ganar Mubarak ¡Vaya cinismo!

Quizás la parte triste de toda esta historia heroica, rebosante de valor, y me atrevería decir hasta idílica, es la actitud vergonzosa, humillante y poco humana que tomó nuestro mandatario ante los sucesos que se desarrollaban no sólo en Egipto sino en ya varios países africanos. Todos los venezolanos creímos que Chávez, un supuesto defensor de la voluntad del pueblo, saldría en los medios de comunicación dando su visto bueno a la revolución popular en contra del tirano. Pero en cambio, nos ofreció algo terrorífico: Silencio. En los primeros días de protesta nuestro presidente no decía nada, y ante la postura que tomaban los diferentes países a lo largo del mundo, no le quedó de otra que pronunciar unas frases tímidas, casi susurradas a favor de “La voluntad del pueblo africano”, situación que acorrala un poco más la supuesta convicción democrática de la que hace gala en sus discursos nuestro mandatario.

Ojalá que este efecto dominó que ha comenzado a nacer en África llegué a buen puerto, y que no sean sólo unos pocos países de este continente los que tengan el placer de vivir en libertad. Dios quiera que todos los pueblos del mundo puedan seguir el ejemplo egipcio y se rompan las cadenas, de una vez por todas, de la represión, de la humillación y del autoritarismo en el mundo.

Mis más sentidos halagos a todo el pueblo egipcio por dar este paso histórico, y hago un llamado al pueblo venezolano para no atontarnos y estar consientes que aquí en nuestro país también hay muchas causas por las que seguir luchando.

Pronto nos veremos…

PDVSA: ¿Un arma inagotable?

Siempre hemos asociado el color negro con la cosa más horrenda que le puede pasar a cualquier ser humano: la muerte. Pues bien, aunque parezca una simple coincidencia o un símil absurdo y carente de razón, parece casi cosa del destino que PDVSA siga en su agonía lenta y dolorosa, que casi con total seguridad la llevará a ese estado de coma que todos los venezolanos nos negamos a aceptar.

Es que no parece coincidencia que el futuro de la empresa más grande de nuestro país sea igual de negro al crudo que exporta diariamente. Cada vez es más grande nuestra dependencia a esta empresa mientras nuestra economía sigue en caída libre sin que el gobierno haga nada por cambiar las cosas. Las cooperativas de las que tanto habló el presidente, y que iban a ser la supuesta solución para diversificar nuestra economía, han fracasado estruendosamente y todos esos miles de millones fueron a parar a saco roto.

La situación es realmente preocupante. Hace quince años PDVSA producía diariamente tres millones doscientos mil barriles. En ese entonces, la empresa constaba con poco más de treinta mil empleados, número más que razonable para que la empresa fuese óptima en su rendimiento. En la actualidad, produce alrededor de dos millones setecientos mil barriles y sus empleados llegan a más de noventa mil; ahora la nómina es tan abultada como las deudas que acarrea la empresa.

Todo lo nombrado hasta ahora es un simple juego de niños, la cosa apenas comienza a tomar color. No se nos puede olvidar que antes de que Petróleos de Venezuela cayese en las manos de la revolucionaria y nacionalista “Quinta República”, la deuda que la empresa tenía no superaba los cuatro mil millones de dólares. Ahora, en pleno proceso rumbo al “Socialismo del siglo XXI” nos encontramos que la empresa de “Todos los venezolanos” debe la suma inverosímil de más treinta y seis mil millones de dólares, lo que da muestra de la excelente administración que ha hecho el actual gobierno de nuestros recursos petroleros.

Ahora bien, querido lector, si le parece una suma irreal o totalmente amarillista de mi parte, pues tengo la penosa obligación de informarle que a esos treinta y seis mil millones de dólares le debemos sumar siete mil millones más, consecuencia de la deuda que arrastra el gobierno con varias empresas por su política estatista, que no se va a convertir en otra cosa que no sea un capitalismo de Estado del más brutal y salvaje al mejor estilo de la China actual.

La cosa no termina allí. De los dos millones setecientos mil barriles que se producen diariamente, setecientos mil son para la gasolina y derivados que se consumen dentro de la nación. Doscientos cincuenta mil barriles más se embarcan y viajan hasta el otro lado del mundo hasta parar a China, donde forman parte de pago por un dinero que ese país nos prestó y que sólo el gobierno sabrá dónde llegó a parar. Otros ochenta mil se venden a diferentes países que lo pagan en “cómodas cuotas”; y, por último, noventa mil barriles llegan a isla de Cuba, donde forman parte de la ayuda del presidente para seguir financiando la miseria, el hambre, la corrupción y la desigualdad que genera la dictadura castrista en nombre de una revolución que casi ningún cubano llega a ver.

Es que todo parece tan absurdo y traído por los pelos que no es fácil digerir todo este panorama, que no deja de mostrarnos desgracias. Cuando el presidente Chávez llega al poder en 1999, su principal arma para ir en contra del pasado y convertirse en el mesías y el redentor venezolano, era que su lucha contra la corrupción iba a ser implacable y que los ineptos estarían fuera de su gobierno. Como es lógico y visible, la principal promesa de su plan de gobierno, si es que a la antipolítica se le puede llamar plan de gobierno, se quedó en eso, en una simple promesa.

La burocracia, eso que todos los partidarios de las ideas de izquierda odian, es lo que recorre sin ningún impedimento las oficinas de PDVSA. Ese clientelismo político de la “Cuarta República”, que tanto repudia el chavismo, es lo que reina en los ministerios y en todas las instituciones regidas por el Estado. En el pasado quedaran esos momentos donde los ministerios eran repartidos entre los diferentes partidos políticos y el gobierno creaba consenso para tomar decisiones tan serias como lo es el proceso de estatización tan peligroso que está llevando a cabo el presidente.

¿Hasta cuándo seguirá este derroche? ¿Hasta cuándo los venezolanos seguiremos creyendo que PDVSA es invencible? ¿Hasta cuándo nuestro PIB seguirá dependiendo única y exclusivamente del petróleo? No sé si nos tendrá que pasar lo mismo que a la Chile de Allende, donde su proceso de estatización llevó la inflación a más del 400% y los chilenos se volvieron locos y salieron a la calle a matarse los unos con los otros; o no sé si tendremos que vivir lo mismo que el Perú de Alán García, donde la nacionalización de las empresas produjo que la inflación llegase a más del 5000%, hundiendo a la economía de ese país en una crisis descomunal.

Por ahí dicen que nadie aprende de los errores ajenos, pero ¿Venezuela tendrá que afrontar una crisis tan grave como la de estos dos países para reaccionar del letargo en el que se encuentra sumergida? No lo sabemos, por ahora no se vislumbran tiempos de cambios, por lo menos hasta el 2012, cuando sean las próximas elecciones presidenciales. Mientras que éstas llegan, el grito seguirá siendo el mismo: ¡Qué siga la ROBOlución!

Pronto nos veremos…

Confidencias de un amigo

Lo vi todo desde un principio. Vi como tu madre, con mucho dolor, te traía al mundo; apenas te tuvo en sus brazos, te llamó por un nombre, el mismo que tienes ahora. Sé que ese nombre te encanta y que te sientes agradecido con tus padres habértelo puesto, a pesar de que tu papá, cuando te fue a registrar, se le olvidó en dónde iba la sílaba tónica, y bueno… ahora tu nombre no suena como tu mamá quiso, pero eso no fue de gran importancia nunca.

Vi como crecías y te hipnotizabas viendo la televisión. Como te la pasabas toda la tarde viendo las comiquitas y soñabas con ser El Zorro, e ir detrás de los malhechores para impartir justicia en este mundo de alimañas. Vi como desde muy niño pintabas todo de color rojo porque era tu color favorito, y el rojo era tan hermoso que para qué utilizar los demás colores. Vi como desde siempre te costaron las matemáticas y llorabas de frustración por no resolver la ecuación o los logaritmos que aquella profesora te mandaba de tarea. Vi como un día tu mamá te dijo que se iban de viaje por un mes a visitar a un familiar que adoran, y a los pocos días ella te dijo que ya no se devolvían, que se quedaban allí con él.

Estuve allí cuando a los nueve años te dio un dolor de oído tan atroz que sentías unas ganas animales de quererte arrancar las orejas. Estuve allí cuando en quinto grado se te acerco una niña, muy linda por cierto, para decirte que gustaba de ti, y tú, como el cobarde que siempre fuiste, le respondiste cualquier cosa y saliste corriendo. Estuve allí cuando estando en ese lugar que te parecía tan lejano y extraño, conociste a tu primer amor: El fútbol. Estuve allí el primer día de clases en ese colegio de ricachones en el cual tus padres te habían inscrito. Te obligaban a usar camisas mangas largas y lo que siempre has detestado: Una corbata. Estuve allí cuando entraste en ese colegio nuevo de cosas muy diferentes a las que estabas acostumbrado y comenzaste a llorar inconsolablemente mientras tu mamá en el otro lado del vidrio lloraba contigo.

Estuve a tu lado en ese glorioso momento cuando jugando una partida con unos desconocidos marcaste tu primer gol; insignificante para los demás, pero un hermoso momento para ti. Estuve a tu lado cuando tu papá te regaló, cuando cumpliste doce o trece años, tu primera camisa del Inter de Milán. Esa camisa azul y negra que no te quisiste quitar por una semana entera. Estuve a tu lado ese día cuando estabas jugando un partido de fútbol del torneo de tu cuadra e invitaste a esa chama que tanto te gustaba para que fuera a ver el juego.

Ese día ganó tu equipo y faltando cinco minutos para que se acabara el juego, anotaste un gol descomunal de tiro libre; la colocaste en el ángulo superior izquierdo del arquero, nada que hacer para él. Fuiste y se lo dedicaste a ella creyendo que el gol había sido sólo tuyo. Lo que nunca se te pasó por la mente es que gran parte de la responsabilidad de esa anotación fue mía, porque te di una ayudadita para que la pelota entrara y ella te pudiera ver marcar un gol.

Estuve allí contigo cuando tu equipo empató un partido importantísimo para para clasificar al Mundial. Celebraste tanto el gol que se te bajó la tensión y casi te desmayas. Tres minutos antes de que se acabara el juego, el otro equipo anotó el tres a dos y esa noche lloraste tanto, que sentiste que odiabas a Dios. Estuve allí cuando fuiste por primera vez al estadio. Te emocionaste tanto que no dejaste de gritar y putear toda la noche; duraste una semana afónico, pero no te importó.

Estuve allí cuando entraste a la universidad y todos los parciales los reprobabas. Luego, en un ataque de rebeldía intelectual, lograste recuperarte y pasar el semestre decorosamente. Estuve allí cuando aquel delincuente te intentó robar tu bolso y tú por el simple hecho de que no se llevara tus libros, te resististe al robo- como el valiente que quizás no eres- y te dieron un fuerte golpe en la cabeza, pero el bolso se quedó allí, contigo. Estuve allí esa navidad en que tus papás te regalaron esa computadora que tanto necesitabas y que es la misma con la que escribes esos mediocres artículos que casi nadie lee pero que tú seguirás escribiendo por pasión y terquedad, cosa que admiro.

Estuve junto a ti cuando leíste aquel libro descomunal, que su final te arrancó unas lágrimas, que gracias a Dios, nadie vio que hayan existido alguna vez. Estuve junto a ti cuando tu hígado colapsó y dio paso a una borrachera tan penosa, que todavía te acuerdas y te sientes avergonzado. Estuve junto a ti cuando estabas un poco ebrio y viste que uno de tus amigas le pedía un porro a un drogadicto que se encontraba allí con ustedes, saltaste de tu asiento y se lo quitaste de la boca y le dijiste que su vida no se la iba a cagar delante de ti.

Estuve a tu lado cuando estabas abrazando a aquella niña hermosa, que en un ataque de ímpetu y rebeldía, besaste de manera fugaz, furtiva y sin pensar en nada más. Estuve a tu lado cuando tu celular vibró la noche de ese mismo día y era ella preguntándote qué había significado ese beso. Recuerdo que sonreíste levemente satisfecho por tu hazaña de esa tarde. Estuve a tu lado cuando al día siguiente se encontraban los dos sentados en el teatro y la oscuridad de la sala fue la cómplice ideal para que sus labios se unieran nuevamente, de manera efímera, pero dejando un mensaje claro: Esto no es un simple error. Aquí está pasando algo.

Estuve a tu lado cuando ella recibió una noticia espléndida y de la emoción que sentía, te besó amorosamente en un pasillo donde había poca gente, en el cual era poco probable que el secreto que los dos guardaban pudiera ser puesto en peligro. Estuve a tu lado cuando aquellos vasos de Vodka provocaron que aquel secreto, que ella guardaba con más ahínco que tú, saliera a la luz pública; pero sin ocasionar consecuencias mayores, gracias a Dios. Ahora ya sé que el Vodka siempre te traerá buenos recuerdos. Estuve a tu lado cuando en aquel vagón de Metro le dijiste mirándola a los ojos lo que hacía ya bastante tiempo no decías y que ella te pedía que hicieras; y bueno, allí descubriste nuevamente el poder de convencimiento de las mujeres.

Estuve siempre allí, cuando andando a cien kilómetros por hora, el carro donde ibas se cambió de carril y el auto que iba delante de ustedes hizo lo mismo al mismo tiempo, y provocó que tu vehículo se golpeara con el de adelante. Para evitar un choque frontal, tiraron el carro a su izquierda y se llevaron tres postes publicitarios hasta golpear con un montículo a unos ochenta kilómetros por hora y salir volando. Dieron una vuelta en el aire y dos más sobre el suelo. Sé que mientras veías que el choque iba a ser inminente, tu corazón se paralizó por un segundo y sentiste que en tus apenas diecinueve años, jamás habías visto la muerte tan de cerca.

Mientras el carro giraba durante esos segundos que parecían horas, sé que apreciaste que tus sueños, tus anhelos y tus metas se iban a esfumar así como las burbujas se desaparecen del mar, tarde o temprano. En cada segundo que pasaste allí, tenías cada vez menos certeza que pudieras salir vivo. Tu mente se nubló y lo único que repetías era “No estoy muerto aún”. Después de salir del carro, también sé que la película de tu vida se reprodujo en tu mente y que sólo tenías ganas de llamar a una sola persona en este mundo. Estuve siempre allí, también cuando dos días antes de este accidente le comentabas a tus amigos que habías perdido la fe y que tu vida religiosa estaba en ese limbo que separa al ateo del creyente ¡Vaya ironía ¿no?!

Aquella voz de esa persona te calmó. Volviste a mirar el estado inverosímil en que había quedado la camioneta y miraste al cielo dándole gracias a Dios porque sabías que no había una respuesta humana para entender porque seguían aquí y no allá. Te puedo jurar que yo estaba allí dentro con todos ustedes, y que logré que la muerte no entrara; insistió mucho y golpeó largo rato la puerta, pero no le preste atención. Ahora, después de todo el susto, estás ahí, sobre ese sofá, durmiendo y tratando de descansar después de semejante sobresalto. Yo estoy a tu derecha, en la mesa, escribiendo en mi teclado invisible esta carta que voy a guardar en el disco duro de tu memoria. Sé que no me puedes ver, y es mejor así, pero ten la plena seguridad de que siempre seguiré aquí, contigo; por lo menos hasta que el dueño del equipo me lo permita.

Con mucho cariño, tu ángel guardián.

Pronto nos veremos…

Amores Fugaces

Su cuerpo yace sobre la cama. Su cabello largo y alborotado muestra claramente que las pasadas del peine sobre su cabeza antes de dormir no han servido de nada para tratar de hacer más viable esa cabellera insurrecta, que consigue en las horas de sueño su cómplice ideal para dejar de lado los formalismos y ser esos rulos rebeldes que el acondicionador no logran acallar.

Los primeros rayos del sol se cuelan por las rendijas de su ventana; las cortinas intentan en vano disminuir el reflejo, y de manera ineludible, la claridad golpea su rostro. A los pocos segundos, sus ojos se abren y su cara hace una mueca de disgusto espontáneo. Estira su brazo izquierdo y toma su celular, comprueba que son las siete y media; se le ha hecho tarde y ya no habrá tiempo para el desayuno.

Corre a la ducha y deja que el agua caiga sobre él. Se pasa rápidamente el jabón por todo su cuerpo y luego toma el champú y el acondicionar; lo frota con firmeza sobre su cuero cabelludo. Cierra la ducha y toma la toalla; se seca rápidamente con su mano izquierda mientras hace ademanes con la derecha para agarrar crema dental y cepillo para lavarse la boca. Se amarra la toalla a la cintura y abre la puerta del baño. Apenas sale, su pie izquierdo patina, pero logra agarrarse de la pared y evita la caída: se da cuenta que se le olvido secarse los pies y que si no hubiese sido por su rápida reacción, hubiese dejado estampada la cara en el suelo.

Llega a su habitación y toma del closet ropa interior, medias y la primera camisa que vio en los ganchos. Se viste y se pone el mismo Blue jean del día anterior, todavía lo bastante limpio para ser usado nuevamente. Se pone los zapatos y ajusta las trenzas. Camina a su biblioteca y toma la novela que está leyendo, Siempre fue invierno, de Piedad Bonnett; la mete en su bolso y comprueba si el Ipod se encuentra en el bolsillo pequeño: está allí.

Agarra el bolso, toma la cartera y su celular de la mesita de noche. Camina a la cocina y le da un beso a su mamá, mientras le dice que no desayunará porque se le hizo tarde. Sale de su casa y llega a la parada de los autobuses. Enseguida, pasa una camionetica y se sube a ella con dirección al terminal. Hace un calor insufrible; obviamente, él no es climatólogo pero si lo hubiesen puesto a adivinar, hubiese dicho que hacía unos treinta grados centígrados, por lo menos. El sudor se hace visible en su rostro, y aunque su camisa lo proteja, él sabe que hay unas cuantas gotas recorriendo su pecho y espalda.

Llega a la estación del ferrocarril y corre con la suerte que uno está llegando en ese mismo instante. Observa con felicidad la llegada del tren y piensa que sólo faltan unos pocos segundos para entrar en un vagón y que el aire acondicionado lo libere de ese calor sofocante. Cuando entra, descubre que no hay puestos disponibles, así que tendrá que viajar parado todo el trayecto. Como le molesta leer de pie, decide posponer su lectura y escuchar música. Saca el Ipod de su bolso y comienza a escuchar la canción de Alejandro Sanz llamada Pero esta tarde no te vas.

Mientras el Ferrocarril se movía rumbo a su destino final: Caracas, en su primera parada, entra en escena la protagonista de toda esta historia. Aquella mujer era un ángel caído del cielo, una luz que irradiaba alegría y belleza en ese vagón atestado de gente sucia y de jóvenes que escuchaban su música asquerosa a todo volumen por los parlantes de sus celulares. Color castaño claro era su cabello, su color de piel estaba en ese limbo entre el moreno claro y tez blanco: una cosa perfecta; su cara fina y delicada le daba un aire coqueto indescriptible y sus ojos marrones claros eran, definitivamente, una invitación al paraíso que promete la biblia, pero en la tierra.

Sin vergüenza alguna, Se le quedó viendo fijamente largo tiempo. Ella lo sabía, pero no volteaba para hacerse la interesante y tomar esa pose de distraída que tan bien le quedaba. Sólo en un par de ocasiones aquel ángel se atrevió a voltear y él supo que se cruzaron sus miradas. Obviamente, para ella fue meramente un accidente o algo inevitable, teniendo en cuenta la poca distancia que los separaba. Pero aquellos pocos segundos en que volteó y en ese fugaz momento en que sus miradas se cruzaron, pudo vislumbrar que esa camisa marrón claro con flores pequeñas por doquier, escondían, con calculada intención, un cuerpo perfecto y una belleza que se cubría celosamente.

Mientras el ferrocarril seguía su trayecto y tarareaba casi por inercia: Lo supe siempre eres fugaz, y aún así yo me arriesgué, lo haría otra vez- Parte de la canción de Alejandro Sanz- aquella muchacha generaba en él unos sentimientos tan difíciles de catalogar, que no por no poder ser catalogados no dejaban de ser absurdos. Decidió, simplemente, dejarse llevar por ellos. Fue incapaz de quitarle la vista de encima en los veinticinco minutos que estuvo delante de ella.

Al llegar el ferrocarril a la estación La Rinconada, las puertas del vagón se abrieron y ella salió rápidamente hacía las escaleras de salida, como si huyera de algo o de alguien- quizás de él-. Intentó salir también, pero la cantidad de gente era tal que no transcurrieron ni diez segundos cuando ya aquel ángel caído del cielo se había desaparecido de su vista. Su camisa marrón con florecitas no era visible entre tanta gente, y aquel cabello castaño claro se alejó de la misma forma efímera como entró a su vida.

Así sucedió, mientras ella corría hacia las escaleras, él se quedó allí, dentro de ese bululú de gente, con la desazón de saber que fue un cobarde por no haberse acercado mientras tuvo la posibilidad, y con la certeza de saber de que nunca jamás la volvería a ver.

Pronto nos veremos…